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Nos ponemos a hablar y acabamos divorciándonos

divorcio relación conyugal matrimonio separación

@Esteban Hernández - 30/07/2008

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Nos ponemos a hablar y acabamos divorciándonos
 

Como ratifican las estadísticas, el verano es la época del año más propicia para que los rencores conyugales afloren y para que los enconos hagan la vida familiar insoportable: un tercio de las demandas anuales de divorcio se presentan en septiembre. Según asegura José María Aguilar, autor de Tenemos que hablar. Cómo evitar los daños del divorcio (Ed. Taurus), la causa de esta mayor tensión en la pareja tiene que ver con que “vivimos es un mundo donde siempre se tiene prisa. A lo largo del año, muchas familias apenas tienen tiempo de verse, de compartir un espacio y de ejercer como pareja. El verano nos obliga a la convivencia, lo que en ocasiones genera enfrentamientos”.

Una vez que la decisión de separarse se plantea, es importante encararla con toda la sensatez posible. En primer lugar, porque como dice Aguilar, “es uno de los acontecimientos más estresantes en la vida humana”. En segundo lugar, porque “tenemos un sistema judicial que no favorece el buen entendimiento: es un sistema empresarial donde uno demanda y otro es demandado, donde dos bandos van a una guerra en la que, en función de las armas que puedan utilizar, saldrán mejor o peor parados de la confrontación. Si a eso se le suman “las emociones que provoca el divorcio, de fracaso, de pérdida, de odio, etcétera, son un caldo de cultivo ideal para que surja lo peor e cada uno”.

Y aunque la teoría, tanto social como judicial, asegura que la prioridad es encontrar la mejor solución posible para los niños, lo cierto es que no siempre es así. Y en muchas ocasiones son los padres los que provocan un periodo más traumático de lo debido. Los niños, asegura Aguilar, “se ven a menudo atrapados en un conflicto de lealtades. Incluso se plantean, de manera fantasiosa, cómo intervenir para que sus padres permanezcan juntos”. El problema, es que casi siempre “se les obliga a tomar partido, y si se ponen a favor de uno, automáticamente están contra el otro”.

Para evitar que los niños se responsabilicen en exceso y sufran más de la cuenta, los padres deben dejarles claro, según Aguilar, “que esa separación es un problema de adultos”. Además, resulta muy conveniente contárselo de manera conjunta, habiendo quedado de acuerdo en los términos “y sin transmitir mensajes de culpa o responsabilidad individuales”.

Además, los padres deben intentar evitar que los niños se enfrenten solos a aspectos de la vida que les sobrepasan. “Hay críos – asegura Aguilar, que a los ojos de los adultos parecen muy maduros para su edad. Pero esa madurez no es real sino impuesta: han desarrollado técnicas de supervivencia pero no se trata de algo que les haga ningún bien”. Del mismo modo, los padres también han de poner freno a aquellos niños que tratan de sacar ventaja de la nueva situación, por ejemplo saltándose con la ayuda de un progenitor los límites que el otro le impone. “Los divorciados con hijos deben entender que si verdaderamente quieren lo mejor para sus hijos, van a tener que seguir coordinando sus esfuerzos. Si uno castiga, el otro debe mantener el castigo el tiempo que el niño esté con él. La desautorización de un padre respecto a otro termina volviéndose contra el progenitor que ha utilizado esta estrategia y las consecuencias las paga siempre el menor”.

El divorcio, subraya Aguilar, “es una pérdida en todos los ámbitos: en el emocional, en el social y en el económico. Además, no sólo se separa la pareja, sino que se ven afectados los abuelos, los tíos, los amigos, etcétera”. Por eso, es una decisión que genera muchas dudas, sobre todo en el momento de iniciar el proceso judicial. Aguilar recomienda que “se elabore mucho una decisión tan importante para la vida. Pero pasado ese tiempo de reflexión, y especialmente cuando uno se comienza a imaginar solo, con un proyecto vital en el que no incluye al otro miembro de la pareja, ha llegado el tiempo de la ruptura”.

Entonces llegan otros problemas, lo que se derivan del proceso judicial. Porque el juzgado sigue utilizándose para resolver problemas emocionales, y “leyes y jueces favorecen que sea así. La inacción judicial, la demora en la respuesta o las respuestas melifluas, cuando no abiertamente cobardes, son parte del problema”. Además, está aumentando el número de profesionales poco preparados, desde abogados hasta jueces, que participan en el proceso. Asegura Aguilar que “la responsabilidad profesional se puede enseñar, pero existe gente que nunca va a aprenderla. El compromiso de los Colegios Profesionales aquí es muy importante pero, finalmente, es la decisión de cada uno lo que prevalece”.

Una jueza contra la regulación actual del divorcio

Tenemos que hablar está prologado por María Sanahuja, jueza decana de Barcelona, quien ha generado alguna polémica a causa de sus posturas respecto de la regulación legal que debería seguirse en los procesos de separación y de divorcio, y con quien Aguilar comparte una decidida defensa de la custodia compartida. Sin embargo, esa posición les ha hecho granjearse numerosos insultos, algo que para Aguilar, “dice mucho de la política y de la justicia actuales, de sus verdaderos deseos e intenciones, y de la incongruencia en la que incurren al decir una cosa y hacer otra. Y de su falta de discurso, de su falta de ganas de hacer mejor las cosas, de actualizarse, de querer verdaderamente resolver los problemas de nuestros días. No es más que un reflejo, otro más, de que la sociedad va por un lado y la Administración y los partidos políticos por otro”.

En ese prólogo, la jueza afirma que en el ámbito de las relaciones familiares se han impuesto unas prácticas policiales y judiciales que suponen un horror para las personas que las padecen. Algo en lo que coincide Aguilar, ya que Sanahuja se está refiriendo a “la escora de las últimas leyes en la dirección de querer entrometerse en todos los planos de la vida de los ciudadanos, siempre desde un punto de vista de castigo. En nuestra Administración de Justicia, especialmente en temas de familia, se encarcela y luego se pregunta. Basta con una manifestación de un ciudadano para que otro vaya, aunque sea por unas horas, al calabozo. Luego el estigma lo arrastrará durante todo el proceso de divorcio. Los Juzgados de Violencia son los juzgados de excepción de nuestra época, como lo fueron los de la Inquisición o los Juzgados de Orden Público en tiempos del Dictador. Son juzgados hechos para una parte de la población, con condenas específicas para ellos por haber nacido de una determinada manera, como antaño lo eran para los judíos, los homosexuales o los comunistas”.

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Opiniones de los lectores (3)

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3. JMVPDAMiércoles, 30/07/2008, 14:51 h.

Magnifico articulo, y elocuente el posicionamiento de la jueza Es loable ver que hay personas con criterio y que no se dejan llevar por la moda de la denuncia por maltrato psicologico, sin que esto quiera decir que no existan casos. Por favor, ya esta bien de que nos culpen sin causa. Vuelvo a repetir, magnifico articulo.

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2. descontentoMiércoles, 30/07/2008, 11:10 h.

me parece muy acertada la comparacion de los juzgados de la violencia de genero con la inquisicion y los juzgados de orden publico en tiempos de la dictadura.Nacer varon actualmente es un estigma.

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1. jarchaMiércoles, 30/07/2008, 10:44 h.

Que una mujer y jueza hable así es impresionante. Miles de mujeres y sus abogadosas respectivas, están utilizando la Ley de Violencia de Género de manera indiscriminada para sacar ventajas en los divorcios. Yo lo he vivido. Y te marca de manera increíble. Lo más impresionante fue el apoyo que recibí de la propia Guardia Civil. Conscientes de la situación, y contra el reglamento, jugandose el puesto, me dejaron libre esa misma noche. Pero no les ocurre a todos lo mismo La discriminación en casos de divorcio para el hombre es salvaje. Te quedas sin nada, sin hijos, sin casa, tienes que pagar hipotecas y luego vivir dónde puedas y cómo puedas. Y el integrismo feminista que que nos ahoga está tapando esta realidad

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