DOS PALABRAS
Si Rajoy hubiese ganado las elecciones... ¡El apocalipsis!
@Federico Quevedo - 19/07/2008
Lunes 14 de julio de 2008. El presidente del Gobierno, Mariano Rajoy, acudía a primera hora de la mañana a su despacho del Palacio de la Moncloa. Caminaba con gesto muy preocupado, y en su rostro se dibujaban las señales de una larga noche de insomnio. A las nueve de la mañana había convocado a sus principales colaboradores, a los dos vicepresidentes y a los ministros de Economía y Hacienda, Interior, Justicia y Defensa: Gabinete de Crisis. Las centrales sindicales habían convocado una jornada de huelga general sin que hubiese sido posible llegar a un acuerdo sobre servicios mínimos, por lo que se esperaba una huelga de las que pueden calificarse de ‘salvaje’. Durante la noche las fuerzas de seguridad tuvieron que emplearse a fondo en todo el territorio nacional, y aún así no fueron capaces de evitar cientos de actos de sabotaje, principalmente dirigidos a la red viaria y medios de transporte públicos. El metro de Madrid fue paralizado en varias líneas y prácticamente ningún autobús de la EMT circulaba por las calles de la capital.
Lo mismo ocurría en otras ciudades. Los sindicatos habían conseguido paralizar las emisiones de las principales cadenas de televisión, convirtiendo el zapeo en un pasar de imágenes en negro. A las puertas de la Moncloa, trabajadores embozados consiguieron interrumpir el tráfico en la A-6 quemando ruedas que despedían un repugnante humo negro maloliente, que lograba adentrarse por las rendijas del Palacio Presidencial. Las principales carreteras estaban cortadas en todo el país, y las ciudades amanecían desiertas de gente por la calle. El seguimiento a primera hora era casi total gracias a la labor de los ‘piquetes informativos’ que se pasaron la noche advirtiendo a comerciantes y otros negocios de las gravísimas consecuencias de una apertura. El líder de la oposición, José Luis Rodríguez Zapatero, respaldaba la convocatoria de la huelga en respuesta a las últimas medidas del Gobierno ‘popular’, y había anunciado su presencia en la manifestación convocada para las siete de la tarde en el Paseo de la Castellana, acompañado por los principales dirigentes de su partido y el líder de IU, Gaspar Llamazares. Como en sus mejores tiempos, ambos volvían a situarse tras una pancarta contra el PP.
La crisis económica, cuya existencia había negado Rodríguez Zapatero durante la campaña electoral, apareció en toda su crudeza tras la jornada electoral en la que el PSOE perdía el poder. A partir de ese momento, el discurso de Rodríguez dio un giro copernicano, y de no reconocer la crisis y echarle la culpa de algunas “dificultades económicas” a la crisis financiera importada de Estados Unidos –es decir, después de echarle la culpa a Bush-, pasó a responsabilizar al PP directamente de la mala situación que atraviesa la economía por las políticas antisociales del Gobierno de Aznar. Los cuatro años de poder socialista fueron inmediatamente borrados del imaginario colectivo. La derecha llevaba gobernando toda la vida de Dios en lo que a efectos de los males que aquejaban al país se refiere. Eso sí, para acusar al PP de nuevo de querer destruir el castillo de naipes de compromisos sociales del PSOE, para eso sí cabía el recuerdo de los cuatro años de Gobierno de Zapatero.
Nada más llegar al poder, el nuevo Gobierno se había puesto a trabajar en soluciones para la crisis. Lo primero que hizo el nuevo Ejecutivo de Rajoy fue anunciar una rebaja considerable en el impuesto de sociedades para las empresas, un aumento en las deducciones por plusvalías para las pymes y una reducción en las cotizaciones empresariales a la Seguridad Social, menos retenciones por IRPF y anuncio de una nueva bajada de la tarifa, así como un aumento de las desgravaciones por hijos y por compra de primera vivienda, venían a completar el paquete fiscal. A eso cabía añadir un anuncio de ajuste presupuestario dirigido a que el gasto no creciera, en el año en curso, más del 2%, lo que necesariamente implicaba retrasar algunas inversiones, sobre todo en infraestructuras. El Gobierno también había decidido congelar la subida de tarifas eléctricas y propuso un Plan de Reordenación del Sector que pasaba por una nueva apuesta por la energía nuclear.
Estas y otras medidas consiguieron que los mercados reaccionaran al alza y a corto plazo el Banco de España preveía una moderación en la caída de la actividad, aunque en el segundo trimestre del año la tasa intertrimestral de crecimiento se situaba en cero. La acción del Gobierno conseguía, también, que los mercados internacionales mejoraran la prima de riesgo-país y la UE daba el visto bueno al Plan de Medidas de Choque del Ejecutivo. Sin embargo, el PSOE y sus medios afines acometieron desde el primer momento una feroz campaña de desprestigio del Gobierno del PP asegurando que todas esas medidas irían en detrimento de los logros sociales conseguido por Rodríguez entre 2004 y 2008. Ya desde los primeros días en que los datos económicos confirmaban la crisis, los encuentros entre el líder de la oposición y el secretario general de UGT, Cándido Méndez, se traducían en brotes de conflictividad social que fueron in crescendo a medida que pasaban las semanas. Arrastrado por la inercia en la que se habían embarcado Rodríguez y Méndez, y atado por su propia continuidad pendiente del hilo de unas elecciones en diciembre, Fidalgo (CCOO) también se sumó a la estrategia de desgaste que confluiría en una huelga general.
La izquierda no podía permitir que la derecha se saliera con la suya y sacara al país de la crisis o, al menos, atemperara los efectos de la misma. Eso significaba, de nuevo, otro largo periodo sin tocar poder, y por eso había que recurrir a lo que mejor sabe hacer: conflictividad. La crisis permitía justificar un grado de conflicto, a veces de violencia, extremo, y en esas condiciones un Gobierno en minoría no resistiría mucho tiempo y Rajoy convocaría elecciones. Ese era el análisis que se hacían el equipo de estrategia de Rodríguez, con Pepiño Blanco a la cabeza. Eso es lo que hubieran hecho si, en efecto, el PP hubiese ganado las elecciones el 9 de marzo de 2008 y en lugar de ser Rodríguez el presidente del Gobierno, fuese Mariano Rajoy. Desde luego, lo que nunca hubiese hecho Rodríguez es tender la mano al PP y ofrecerle ayuda para salir de la crisis. Eso, jamás. No les quepa la menor duda.
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Opiniones de los lectores (65)
65.
50020/07/2008, 21:20 h.
Al Rokko "éste", mensaje 48
A mi lo que de verdad me fastidia es que no me toque el Gordo de la Primitiva. Lo cual, dicho sea de paso, debe ser culpa de Zaptero, naturalmente...
64.
liberto20/07/2008, 21:08 h.
Desde luego, sr. Quevedo, que después de la oposición pergeñada durante los primeros 4 años de ZP, que ud. acuse a la izquierda de tener la exclusividad de la conflictividad no tiene desperdicio. O sufre amnesia o trampea, aunque me inclino más por lo segundo. Claro, si Rajoy hubiera ganado las elecciones la izquierda, rabiosa como es de natural, hubiera preferido hundir España que darse por vencida. Ucronías aparte, ese cuadro que dibuja se parece más bien a sucesos realmente sucedidos, como la primera derrota de Rajoy. Al final resulta que son las ranas las que devoran culebras. Cosas veredes.
63.
stoker20/07/2008, 19:56 h.
Excelente artículo. Creo que no se ha equivocado en nada. Refleja perfectamente lo que hubiera pasado y el que no lo vea es porque está ciego.
62.
Cuquiña20/07/2008, 19:15 h.
Magnífica simulación de lo que hubiera ocurrido si el PP hubiese ganado las elecciones de Marzo, en vez de ver a Cándido Méndez convertido en un muñequito de peluche fotografiándose lleno de felicidad al lado del gran Condukator en compañía de otros, llenos de felicidad en Moncloa y todos los sindicatos callados ante la que se nos viene encima, estos mismos señores hubieran sacado la cara de El abominable hombre de las nieves, y habrían paralizado el país, quemado ruedas y hasta coches, diciéndo lo málísimo que era el PP culpable de todos los males de España y parte del extranjero. Me pregunto, de qué sirven, si solo saben defender a los trabajadores cuando el gobierno es del PP, cuando está la izquierda en el poder se lo tragan todo, y a recoger la cosecha. Son muchos los liberados que según dicen sus compañeros son unos aprovechados que no trabajan y no hacen nada. Habría que buscar otra forma de defensa de los trabajadores, y darles solamente lo que se recoja en la Renta poniéndoles una cruz en las declaraciones. El resto que vivan de sus cuotas. Son sectarios.
61.
Club Valientes20/07/2008, 19:05 h.
A los ricos les encantan los gobiernos de izquierda porque saben que más pronto que tarde vendrá la crisis y ésta durará. Los ricos prefieren las épocas de crisis porque es cuando más vale su dinero y, menos agobiados, pueden disfrutar de todo.
El rico desprecia encontrarse gente media baja en un restaurante, o porque vaya mucha gente a sus lugares preferidos tenga que andar reservando, o que más gente vulgar pueda pagarse coches y relojes que hacen que no destaquen tanto los suyos, etc...
Por fin esta crisis dará un barrido a la gente media y la volverá a poner en su sitio, en su mediocridad vulgar.
¡Si es que en tiempos del próspero liberalismo hasta el camarero montaba un nuevo chiringuito y le iba bien! Y se compraba un Rolex ¡insoportable!
Nada, nada, que no lo hay mejor que 8 ó 10 años de parón de izquierdas para poder disfrutar los ricoprogres de toda la vida.
Leo en los periódicos que cada vez más empresas y gente las pasan negras, ¡Bah! lo que pasa es que les va la marcha y no entienden la esencia del socialismo igualitario.
Un Chivas 21 chaval que ahora ya no se te acaba tan rápidamente.
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