TRIBUNA
El Dr. Montes y la credulidad nacional
José Luis González Quirós - 16/07/2008
Aunque no sea exactamente suya, muchos gustan de repetir una frase de Chesterton que afirma que cuando la gente deja de creer en Dios se pone inmediatamente a creer en cualquier tontería. Saquemos el argumento de su entorno metafísico y apliquémoslo a la capacidad de creer en los políticos. La cosa se podría formular del siguiente modo: “cuando la gente deja de fijarse en lo que hacen los políticos es capaz de creerse cualquier cosa que digan”. Me interesa este asunto porque no deja de asombrarme el casi infinito crédito que se concede a las afirmaciones de los políticos y lo escasamente que se analiza lo que de hecho hacen. Por esa razón aquí no importa que un político sea un mentiroso; más bien se piensa que alguien que consigue engañar a tanta gente es forzosamente un genio, y que el hecho de que haya tenido que mentir una vez no implica que mienta en las siguientes, lo que, pese a ser lógicamente impecable, no acaba de ser un razonamiento muy verosímil.
Ya decía Baroja que muchos creen en el socialismo como se cree en la Virgen del Pilar, y no deja de ser sorprendente la notoria continuidad histórica que existe en aquellas zonas que muestran un amplio frente de cerril oposición al liberalismo. En los mismos lugares en que hace 150 años se profesaba sañudamente la oposición al liberalismo de la época (siempre tan débil e inmaduro), se defienden ahora políticas tan avanzadas como la oposición al ferrocarril de alta velocidad o la negativa al trasvase de aguas.
Muchos españoles carecen de cualquier aprecio al sentido crítico, y rechazan preguntarse por las razones de que pasen las cosas que pasan. Les parece que todo cuanto ocurre tiene tanta relación con sus decisiones y sus ideas como, por ejemplo, el clima, aunque ahora, con lo del cambio climático, habría que poner otro ejemplo. A esto se le podría llamar estoicismo y sabiduría si nos dedicásemos a promover una imagen positiva de esos compatriotas, pero la verdad es que hay calificativos más precisos y menos generosos.
Pondré un ejemplo que me parece llamativo. El Dr. Montes acaba de lanzar desde la UIMP un manifiesto de apoyo a las sedaciones, con el argumento de que hay que evitar el sufrimiento de los que lo padecen. Este mismo doctor fue acusado de haber hecho sedaciones irregulares, capaces de enviar al otro barrio a pacientes que no le habían ni pedido ni autorizado ese piadoso favor, pero obtuvo del juez una sentencia en la que se afirmaba que no podía probarse que tales sedaciones fuesen la causa de los fallecimientos, no obstante lo cual las familias de los finados se quejaron del exceso de celo del Doctorcito con el sufrimiento ajeno.
Lo curioso del caso es que no se ponga de manifiesto la relación entre una y otra cosa. Tal vez se deba a la creencia de que el Dr. Montes se ha hecho partidario de despachar a los sufrientes en los ratos libres que le ha dejado su cese como anestesista diligente. Nadie cae en la cuenta de que acaso convenga considerar verosímil que exista una cierta relación entre las conductas que se achacaron al citado y las opiniones que ahora promueve. Los españoles somos muy sutiles y sabemos que no se puede relacionar nunca la conducta de nadie con sus ideas, porque el pensamiento es libre y además no delinque.
Con esta escisión entre las conductas y las ideas la vida está llena de ventajas. No hay problema en que el ministro partidario de la escuela pública lleve a sus hijos a la escuela privada, ni hay que fijarse en la casualidad de que los amigos del presidente hagan negocios memorables. Las cosas hay que probarlas, se nos dice, porque acusar es muy fácil, de manera que, en la práctica, nadie nos gana a tolerantes. La cosa es sutil porque, en efecto, ¿cómo podríamos saber que Solbes no decía lo que pensaba cuando creía que seguíamos en Jauja?
Ahora se hunden las inmobiliarias y entre la sana envidia nacional y la esperanza de que bajen los pisos nadie va a pedir cuentas a nadie. Es una táctica estupenda para conseguir que nunca pase nada. Es lo que dice el mismísimo presidente del Gobierno, que de esto sabe lo suyo: si no hablamos de la crisis, es como si no existiera. Y a los datos y cifras, a los que tan aficionados son los catastrofistas, que les vayan dando, porque además ya queda poco para que comience la Liga y es evidente que el mundo no se hunde por un quítame allá esas pajas.
¿En qué creen esos seráficos españoles? En lo que quieren creer. Les gusta tener razón y que el mundo se la reconozca de manera continua, y por eso mismo no se fían ni de los prepotentes del PP ni de los que van por la vida presumiendo de ser más listos. Seguramente por esa precisa razón, en Génova pretenden ganar las elecciones a base de modernas abogadas del estado que -se nos repite a todas horas para que el personal las quiera y admire- han sido todas números uno de su promoción. Pero, pensándolo bien, ¿quién se va a fiar de unas chicas tan ambiciosas?
José Luis González Quirós es analista político.
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Opiniones de los lectores (58)
58.
ANTHONY19/07/2008, 21:35 h.
Sr.Gonzalez de Quiros: Su articulo sobre el Sr.Montes es de una bajeza sin limites, Miente Vd. Miente cuando dice que los jueces no puideron probar "como despachaba" a los enfermos.¿pues, claro, por la sencilla razon que ese nonfué así?.No puede escribir todo el monton de sandeces que dice. Dada la censura que tienen es posible que mi comentario no salga en el diario, en cambio el suyo, con la cantidad de improperbios y falsedades si salió ¿que injsuto, no le `parecce)
57.
Dimicante17/07/2008, 21:20 h.
Leo el comentario de mvierna(56) y de verdad me asombró de como la gente escribe sin tener ni idea de lo que habla.
Muy señor mío, cada hospital tiene sus unidades médicas, y algunos están especializados (por ejemplo la unidad de quemados en el de Getafe). Si un hospital no tuviera unidad de cuidados paliativos (que ya es raro) o bien se le traslada a una habitación de planta o bien a otro hospital que sí que la tenga. Y siempre bajo diagnóstico y aprobación del jefe de turno.
Que se le aplique anestesia en la unidad de emergencias a un enfermo no quiere decir que esa sea la unidad de enfermos terminales ¿no lo entiende? Los moribundos y enfermos terminales son llevados a sala de planta. Y nunca, nunca, se les da una inyección letal para aliviar sufrimientos. Que los médicos sean de la SS, quiere decir la Seguridad Social. Entérese.
56.
mvierna17/07/2008, 17:31 h.
Al Sr. Lamela ya le han dado su merecido por traidor, los mismos que le hicieron tragar el papelón de Leganés. Había que verle la cara descompuestacuando le localizaron en Baqueira, en donde estuvo escondido varios días, cuando salió la sentencia.
En Leganés, como en muchos hospitales, no había unidad de cuidados paliativos. Estos se administraban en urgencias -en donde había unos boxes para ello- porque Montes,como anestesista, es especialista. (¡Qué listos los que dicen que un anestesista no sabe de paliativos!) La mortalidad en urgencias era mayor de lo normal porque allí se administraban los paliativos. La general del hsopital era menor que la de su zona. Esta es la verdad no apta para liberales de boquilla, lectores contumaces de El Mundo e integristas religiosos. Y cuando les toque ya verán como piden paliativos, para Uds. o para sus familiares.
55. gataperra17/07/2008, 14:16 h.
Como muchos españoles estoy a favor de debatir y en su caso regular el derecho a una muerte digna. Pero detesto que personas como Montes, de cobarde trayectoria, se erijan en estandartes de una cuestión tan personal y compleja.Nunca firmaré un manifiesto en que figure como promotor, con independencia de que sí lo haría si proviniera de otra persona u organización más digna, trasparente y con legitimidad científica.
54. mariangeles5317/07/2008, 13:48 h.
Y no os llama la atención que con lo corporativistas que son los médicos, hayan dictaminado que hubo mala praxis? O el colegio de médicos lo nombra lamela? Y cómo llamaban al sr montes en SU hospital, antes de toda esta movida? Si este señor fuera del pp, sería poco para muchos la silla eléctrica.
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