CINE
Papá, quiero ser 'kungfuteca'

@Nacho Gay - 11/07/2008
KUNG FU PANDA

Dirección: Mark Osborne, J. Stevenson.
Guión: Jonathan Aibel, Glenn Berger.
Fotografía: Yong Duk Jhun.
Música: Hans Zimmer.
Intérpretes: Animation.
www.kungfupandainternational.com
He aquí la crónica de una utopía que a la postre irá cobrando forma: el sueño de un panda gordinflón que acabará convirtiéndose en un temible 'Kungfuteca' en la China ancestral, o lo que es lo mismo, la materialización de un imposible como metáfora, ya recurrente en el cine de animación, de la superación personal en base a la fe ciega en uno mismo. Terreno más que abonado. Ratatouille, por ejemplo, tan reciente, tan genial, es una historia cortada por el mismo patrón argumental que Kung fu panda.
Dos cosas confirma la apuesta de Dreamworks para este verano. La primera, que el cine de animación spielbergiano está recuperando su gusto por las historias dirigidas a los más pequeños de la casa, tras haber redefinido el género con productos claramente adultos como Shrek. Y la segunda, que la productora del 'tito' Spielberg sigue estando muy por detrás de Pixar (Disney) en el manejo efectivo de la animación computerizada.
No sólo porque la calidad de los dibujos sea sensiblemente inferior, sino principalmente porque los talentosos directores y guionistas de Pixar (como John Lasseter y sobre todo Brad Bird) son capaces de elaborar relatos quizás un poco más adultos que los que suele firmar Dreamworks -sin perder jamás su pretendido toque naif-, pero fundamentalmente más emotivos y carismáticos, capaces de provocar un claro proceso de identificación entre los personajes y el espectador. Quién no se ha llevado a casa a los protagonistas de Toy Story, Buscando a Nemo o Ratatouille (Pixar). Películas mucho más enteras, sin duda, que Madagascar, Bee Movie o El Espantatiburones (Dreamworks).
Kung fu panda se conforma con entretener. Y ciertamente lo consigue. Su guión tiene una estructura casi perfecta y algún que otro golpe de efecto meritorio, a pesar de la previsibilidad de la historia. Cabe entender la cinta como un homenaje 'animado' al género manga y a películas míticas como Karate Kid (John G. Avildsen, 1984), cuyas reminiscencias aprovecha con acierto. Y sus repetidos gags, basados más en la torpeza de su protagonista, que en los diálogos –algo que pone de manifiesto su intención de erigirse en un relato netamente infantil-, reclaman una sonrisa que el público no les negará.
Lo mejor: es moderadamente divertida.
Lo peor: puede que los padres disfruten menos que sus hijos.
Criterio de valoración:
Obra maestra.
Muy buena.
Buena.
Interesante.
Regular.
Mala.
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