TENDENCIAS
Congreso PSOE, Zapatero, Blanco, Aznar, PP
@Antonio Casado - 07/07/2008
Zapatero, a hombros de su partido. En similar trance aclamatorio (14º Congreso Nacional del PP, enero 2002), Aznar se sintió "rozando el cielo", ¿recuerdan? Luego se precipitó una secuencia maldita: la boda, el ‘Prestige’, el ‘decretazo’, la foto de las Azores y la bancarrota del 14-M. Subió tan alto que, a partir de entonces, solo cabía empezar a bajar. A día de hoy, el personaje sale en los cubos de basura de Peridis.
Zapatero no es Aznar, pero a partir de ese contundente 98% largo de apoyo en el 37º Congreso Federal del PSOE, debería aplicarse el cuento. Dicho sea por recordar la tendencia de los triunfadores a despegarse del suelo, como fuente de todas las desgracias no previstas en la hoja de ruta. Las contradicciones en el discurso, por ejemplo. El viernes, cuando sólo tres personas sabían lo de Leire Pajín, se comentaba la gracieta capitalista de su discurso de apertura: "¡Qué consumáis!". El domingo, en cambio, utilizó el discurso de clausura para convencer a los ciudadanos de que el piloto no está borracho. Eso, en clave económica. En clave política, que el PSOE sigue siendo de izquierdas, y a mucha honra.
De izquierdas y laico, por supuesto. No me imagino a Zapatero rozando el cielo. Ni a Miguel Sebastián rezando ante una gasolinera para que bajen los precios del petróleo, como los predicadores americanos de la Iglesia Adventista (‘Pray at the Pump’, se llama la campaña). Tampoco imagino un crucifijo colgado en la sala donde se cocinó el sábado por la noche la nueva Ejecutiva, que sigue en manos de Zapatero y Blanco con la ayuda de una becaria aventajada en los ficheros. Sería confundir churras con merinas. Me refiero a lo del crucifijo.
A toda costa quiso evitar Jesús de Nazaret esa confusión cuando marcó distancias entre Dios y el César. Paradojas de la Historia. Al menos en España, los más activos defensores de ese manoseado mensaje evangélico ("A Dios lo que es de Dios, al César lo que es del César") militan o militaron en la izquierda, cuyo laicismo es proverbial. Lo hemos vuelto a ver en algunas propuestas del ideario socialista aprobadas este fin de semana. Como las que abogan por "la desaparición progresiva de símbolos religiosos en espacios públicos y actos oficiales". Por ejemplo, la Misa en funerales de Estado o la Biblia en las tomas de posesión de los ministros. Muy en línea con el cristianismo fundacional que reprueba el amontonamiento de política y religión, como en el Irán de Jomeini o la España de Franco.
Va de paradojas al hilo del congreso del PSOE. Si los socialistas siempre estuvieron ideológicamente vinculados a las teorías comunitaristas, hoy se han convertido en predicadores del individualismo. Como los liberales de la mejor estirpe. Individualismo, en su sentido más noble, claro, el que otorga al ciudadano la fuente del poder, el que le confiere toda la capacidad para ser dueño de sí mismo, autónomo, con derecho a decidir sobre su propia vida, su propio destino, su propio cuerpo. Esa doctrina inspira las propuestas aprobadas sobre el aborto, la muerte digna, e incluso el voto de los inmigrantes no nacionalizados pero inscritos en los censos municipales. Es doctrina clásica, trillada, consabida, en la que está profundizando el PSOE después de leer a Pettit. Pero encuadrar estas propuestas en la perspectiva de una izquierda radical, como hace un sector del PP, también es confundir el culo con las témporas.
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Desde sus inicios en el viejo diario Pueblo, Antonio Casado se especializó en información política, a la que sigue dedicándose en prensa, radio y televisión. De la generación profesional de la Transición, está casado y tiene dos hijos. En los años ochenta se incorporó a RNE, donde dirigió el 'Diario de la Tarde' y 'España a las ocho'. Posteriormente fue corresponsal diplomático de RNE y redactor jefe de Tiempo. Actualmente es comentarista político en Onda Cero, Antena 3 TV y Canal Nou. Antonio Casado es socio fundador de El Confidencial.
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