DOS PALABRAS
La revolución tranquila de Rajoy sobre las cenizas del 'aznarismo'
Partido Popular, Mariano Rajoy, José María Aznar
@Federico Quevedo - 24/06/2008
Mi querida Carmen Martínez Castro me decía el domingo por la mañana que el discurso que de verdad había que guardar y releer varias veces para entender lo que había pasado en el PP y hacia donde va a dirigir ahora sus pasos, es la intervención vespertina de Mariano Rajoy el sábado, cuando presentó su candidatura. (Leer discurso) Única candidatura a la Presidencia de su partido. No le falta razón. A mi me gustó mucho ese discurso, pero como los foreros de este diario me consideran algo así como el arcángel del marianismo, no se dejen llevar por mi opinión y, simplemente, háganse con él –lo encontrarán en los archivos de este mismo periódico-, y léanlo a ser posible sin recelos preventivos, intentando acercarse a la profundidad del mensaje, que es mucha y muy bien cimentada. En ese discurso se cierra una página de la historia del PP y se abre otra nueva. Lo hace una persona que ha sido testigo de los muchos cambios que ha sufrido el centro-derecha español y que ha formado parte de ellos, y que por lo tanto es plenamente consciente de hasta donde puede llegar en esa revolución, no silenciosa, pero sí tranquila, que ha comenzado a andar tras este congreso, pero que realmente tomó forma tras las elecciones del pasado 9 de marzo.
Fue en esa noche, y en las horas siguientes, cuando un grupo de ‘barones’ y un reducido número de fieles a Rajoy se dieron cuenta de que el problema no era el líder del PP, sino la herencia que todavía pesaba sobre el partido. Esa herencia, la del aznarismo, es la que fue derrotada en 2004 y la que impidió que el PP obtuviera en 2008 en las urnas el resultado que merecía a la vista del absoluto desgobierno de Rodríguez. Había que empezar a poner en marcha la nueva refundación, esa revolución tranquila que permitiera al PP superar una etapa sin renegar de ella, y eso solo podía hacerlo alguien que viniera de esa misma etapa, es decir, Rajoy. Convencido el líder, había que hacer lo propio, en un margen de tiempo muy estrecho, con el resto del Comité Ejecutivo, y se pusieron manos a la obra. Encontraron más adeptos, incluso, de lo que esperaban, hasta el punto de que los posibles críticos se vieron obligados el martes 11 de marzo a subirse a la ola de dirigentes que le dieron su apoyo a Rajoy para que continuara al frente del PP. Desde dentro comenzaba el camino de la revolución; desde fuera se armaban las defensas del aznarismo en forma de oposición al líder del PP, con fuertes anclajes mediáticos, aunque quien da nombre a esa corriente nunca quiso dar la cara abiertamente, hasta el sábado pasado.
Lo que ha pasado en estos tres meses es de sobra conocido y no es el momento de hacer un recordatorio, aunque sigue habiendo quien parece que vive mejor instalado en el resentimiento y sangrando por la herida. Allá con quienes prefieran continuar agazapados tras la esquina con el cuchillo levantado a la espera de que Rajoy se de la vuelta. No la va a dar y se van a aburrir en la espera. Era lógico que el líder del PP dejara fuera de su equipo más próximo a quienes le han estado poniendo la zancadilla durante este tiempo. Lo contrario, perdónenme, sería de pardillo. Una cosa es integrar, y otra hacer el gilipollas metiendo a tu enemigo en la cama con el punzón de hielo debajo de la almohada. Rajoy tiene instinto básico, sabía lo que tenía que hacer, ha manejado sus tiempos, y ha actuado en consecuencia. El resultado del Congreso es inapelable: 84% de los votos a favor de la renovación, 16% a favor del inmovilismo aznarista. Verán, esa es la única explicación de lo que ha pasado y, de hecho, lo que intentó hacer Aznar el sábado por la mañana fue medir sus fuerzas con el propio Rajoy, y el resultado dice que lo suyo es historia. Es verdad, no voy a negarlo, que el entusiasmo más allá del entorno de Rajoy es perfectamente descriptible, pero ¿qué quieren? Para nadie ha sido fácil darle carpetazo a una etapa que, por otra parte, ha tenido muchas satisfacciones, y al mismo tiempo apostar por algo que, cuando menos, es una aventura y conlleva riesgos.
Pero lo cierto es que si hubo alguien que trabajó activamente para conseguir que el Congreso se diera cuenta de que, en efecto, había que pasar página, ese fue el propio José María Aznar. Ya no es lo que fue. No caeré en la trampa de acusarle de extremista, ni le compraré a la izquierda sus acusaciones de fascismo. La izquierda supura por muchas heridas cuando se le nombra a Aznar, entre otras cosas porque nunca conseguirán mejorar su gestión, pero ha dejado de ser un ex presidente para convertirse en una versión casposa de Ricky Martin, y no es consciente de que esa imagen perjudíca gravamente a la de su partido: el daño que Aznar le hace al PP es inversamente proporcional a los ceros que acumula en su cuenta corriente gracias a sus amigos ricos, y cada vez más peligrosos. En este adios de una etapa, a Aznar le acompañan la mayoría de los dirigentes del PP que compartieron con él aquellos años de la refundación, la oposición a González y el Gobierno. (No todos: Arenas es un superviviente nato. Y Trillo es ya como el Alfonso Guerra del Partido Popular). Algunos quieren ver en lo que ha pasado una especie de venganza del ‘manchismo’, pero no es así. Esa es una versión light, una especie de chaleco salvavidas. La verdad es que en el PP, desde este fin de semana, se van a producir cambios muy importantes, y uno de ellos es que el ‘aznarismo’ y todo lo que implica, incluidos sus apoyos mediáticos, son agua pasada.
Los nombres propios de este Congreso no tienen, en su mayoría, nada que ver con el pasado. Este es el tiempo de Soraya y de Cospedal, de Pons, de Moneo, de Lasalle, de Nadal, de Floriano, de Camps... La integración no viene por la cesión a los críticos, sino por la inclusión en el equipo de distintas sensibilidades que fue, entre otras cosas, lo que nos explicó Rajoy el día que le hicimos la entrevista para este diario. ¿Eso está mal? Siempre se ha hecho así. Nadie integró nunca a sus enemigos, sino a aquellos con los que pudiera contar, aunque tuvieran percepciones distintas de las cosas, para iniciar una nueva etapa. Y esta es una etapa en la que el PP, sin renunciar a sus principios y a sus valores, busca como adaptarse a los cambios sociales y, sobre todo, cómo dar respuesta a los problemas y las exigencias de la sociedad. Miren, se puede caer en la tentación de pretender imponer a la sociedad lo que debe parecerle importante y lo que no. Algunos practican todas las mañanas ese ejercicio desde las ondas con resultados manifiestamente mejorables. Pero es la sociedad la que nos dice cuales son sus problemas y sus preocupaciones, y la obligación del político es escuchar si no quiere que los ciudadanos le den la espalda. Y eso es lo que propuso Rajoy en su discurso del sábado. ¿Eso significa mimetizarse con el PSOE o comprar el discurso de la izquierda? Perdonen que me ría. Eso significa tener sentido común. Nada más. Y nada menos.
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Opiniones de los lectores (203)
203.
EL DELS 1001 SEUDÓNIMOS24/06/2008, 22:19 h.
¿Qué les parece si un día EL CONFIDENCIAL nos provoca con un foro sobre independencia si o independencia no a Las Vascongadas?
Llegariamos a los 500 comentarios sin duda.
NOS nos vamos a dormir.
FINS DEMÀ.
202.
Taxco24/06/2008, 21:56 h.
SR. MELMOUTH, nº113, buenas noches.
No faltaba más, claro que le voy a contestar, aunque sea tarde como hoy, y respecto a la forma de escribir puse lo que puse por falta de "inspiración", no sabía con qué compararlo. Lo que pasa que me cuesta memorizar los Nicks, porque me concentro en lo que voy a escribir y se me olvida el "seudónimo y el nº del post.
¡¡¡¡COSA DE LA EDAD!!!!!!! Un saludo afectuoso. TAXCO
201.
EL DELS 1001 SEUDÓNIMOS24/06/2008, 21:52 h.
Lo de la independencia podría ser una solución para NOS y un problema gordo, gordo para los señoritos de Neguri y del Bocho, que cuando vieran lo que se les podría venir encima, dejarían de pensar en recoger nueces y arrimarían el hombro para defender el árbol común de las Españas.
200.
rodrigo24/06/2008, 21:30 h.
Profesor....151, ¿de verdad cree que la solución es concederle la independencia al Pais vasco? ¿Y que hacemos con la gente que no la quiere en el resto de España? ¿Y con los que se están jugando el tipo allí defendiendo la libertad, la ley, el orden, la democracia, la constitución, etc?. Yo estaré en primerísima fila para evitar que esa barbaridad se consume. Además sería de cobardes y demostrariamos que al final, aunque sea por agotamiento, nos han vencido. Ni hablar del peluquín, que se cumplan las leyes a rajatabla y si hay que suspender la autonomia, adelante. De todas formas, no se como acabará esto, pero hay que reconocer que aparentemente, y en las autonómicas se confirmará o no, Zapatero ha conseguido matar a besos a un buen número de nacionalistas. Veremos si ha valido la pena, pero aparentemente su estrategia en este sentido por ahora parece que ha sido más efectiva que la de Aznar. Ya se que es un horror, pero los resultados cantan.
199.
m jesus24/06/2008, 21:02 h.
Tanto que molesta la actual imagen de Aznar juntamente con cada paso que da, propongo para variar un esfuerzo de imaginación.
Veamos a Zapatero, hombre de pelo en pecho con la camisa desabrochada hasta el tercer botón, espontáneo, verbo fácil, políglota, buena formación intelectual, sencillo, sociable ....y más cosas.
¿ Con qué millonario congeniará?
Esto es futuro, ya no miramos al pasado, pero ¿qué pasado?, el que fue o el que nos cuentan.
Es que hay dos, o tres, o muchos. Uno es el oficial, otro el real y un tercero, el de cada uno.
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