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Los alimentos que matan: productos poco saludables y adulterados

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Redacción.-  17/06/2008

Los alimentos que matan: productos poco saludables y adulterados

Hay amores que matan y, por desgracia, también lo hacen algunos alimentos. Unos a largo plazo, en el caso del abuso de los productos poco saludables, otros ipso facto si los productos están adulterados. Sea como fuere, nunca está demás reflexionar sobre lo que ingerimos día a día puesto que puede marcar nuestra salud futura. Según recuerda el portal alimentación-sana.com, resulta paradójico que sea en los países desarrollados donde se comete el mayor número de delitos contra la salud pública. Y en la mente de todos sigue presente las vidas truncadas por el aceite de colza desnaturalizado.

En Estados Unidos, 60 millones de personas son atendidas cada año en urgencias con síntomas claros de intoxicación alimentaria: diarreas incontenibles, dolores y calambres abdominales, náuseas, vómitos, sudoración... En nuestro país, el Ministerio de Sanidad reconoce que cerca de 15.000 personas resultan intoxicadas cada año por el consumo de alimentos adulterados o en mal estado de conservación, siendo los casos más frecuentes la salmonelosis y el botulismo.

La mitad de los casos de intoxicación se producen por una incorrecta manipulación de los alimentos en el hogar, pero el resto corresponde a alimentos adulterados durante el proceso de producción y comercialización, resultando los consumidores víctimas inocentes e indefensas. Éstas son algunas de las principales amenazas que se ciernen actualmente sobre la salud de los consumidores:

Los aditivos: A menudo consumidos de forma inadecuada conservantes, colorantes, antioxidantes... y han provocado numerosos casos de intoxicación colectiva. Muchos aditivos pueden ser tóxicos o peligrosos para la salud a pesar de que estén autorizados

Alimentos transgénicos: desde 1996 los productos transgénicos se comercializan en los supermercados europeos y no está claro si pueden generar nuevas toxinas y alérgenos. Sería conveniente informarse sobre estos alimentos y luego decidir si queremos consumirlos.

Bacterias. La presencia de Salmonella y Campylobacter en los alimentos puede provocar enfermedades diarréicas y gastroenteritis. En Europa, se ha multiplicado en los últimos años el uso de antibióticos en las granjas para producir un engorde artificial de las aves de corral. A consecuencia de ello, en España el 80% de los pollos son portadores de campylobacter y, en el Reino Unido, el 30% de los pollos tiene salmonella.

La Escherichia coli 0156 está causando estragos entre los consumidores de hamburguesas. Sólo en los Estados Unidos cada año enferman 20.000 personas, de las que 250 mueren irremediablemente. Además, algunas conservas y alimentos enlatados contienen clostridios, bacterias responsables de numerosos casos de botulismo, enfermedad que puede desencadenar la muerte por parálisis de los músculos respiratorios.

Frutas, verduras, hortalizas, lácteos y alimentos procesados a veces contienen listerias, bacterias que pueden provocar abortos espontáneos y meningitis. Los estafilococos presentes en carnes tratadas, pescados, lácteos y natillas pueden producir náuseas, vómitos, espasmos, diarrea, dolor de cabeza y fiebres intensas.

Gripe aviar. El virus H5N1 sigue ocasionando víctimas mortales pese a que más de 1.500.000 pollos infectados han sido ya sacrificados. El peligro residirá en el momento en que el virus mute a la variante humana y los científicos trabajan contra reloj para encontrar la vacuna contra la variante animal. Mientras tanto, no hay que alarmarse.

Hormonas. Las carnes tratadas con hormonas pueden provocar intoxicaciones leves, palpitaciones, dolor de cabeza, temblores, alteración de las funciones hepáticas. Los efectos a largo plazo son desconocidos. El sistema nervioso, la cabeza, el hígado y el sistema motriz pueden resultar perjudicados. En España, aún son frecuentes los casos de utilización ilegal de clembuterol.

Metales pesados. Muchos pescados y frutas pueden contener metales pesados. 3.000 personas resultaron afectadas y 115 fallecieron a consecuencia de la enfermedad de minamata. Comer pescado contaminado con mercurio puede provocar la muerte y es un mineral que se se acumula de por vida en el organismo. El exceso de plomo provoca anemias, problemas digestivos, degeneración del sistema nervioso y dificultades para concentrarse y memorizar. El cadmio provoca osteoporosis, desmineralización de huesos, diarreas y dolor de riñones. El cobre en exceso en las frutas puede provocar ansiedad, depresión, irritabilidad, hipertensión, migrañas, anemias y anginas.

Pesticidas y plaguicidas. Sus residuos, presentes en frutas y verduras, afectan al cerebro, hígado y sistema reproductivo. Se acumulan en el tejido adiposo. Algunos investigadores relacionan la disminución de la calidad del esperma que se ha constatado durante la segunda mitad del siglo XX con el uso de estas sustancias.

PVC. El cloruro de polivinilo que se utiliza en la fabricación de botellas de agua mineral puede resultar cancerígeno. Un pequeño error de fabricación en el envase bastaría para provocar afecciones al pulmón, hígado y cerebro.

Radioactividad. Las fugas radioactivas contaminan los alimentos. Durante años, en un área de muchos kilómetros cuadrados en torno a Chernobil, la población ha estado privada del consumo de leche y otros alimentos irradiados. A veces se producen fugas radioactivas que son silenciadas por las autoridades, como ocurrió este mismo año en el sur de España, en las instalaciones de Acerinox. La nube tóxica fue detectada en Italia y Suiza. El exceso de radioactividad en las frutas causa leucemia, cáncer, cataratas, envejecimiento prematuro y malformaciones genéticas.

Vacas locas. La enfermedad de Creutzfeldt-Jacob sobreviene tras ingerir carne o vísceras de vacuno infectado por la encefalopatía espongiforme. Desde 1988, casi un millón de reses han incubado la enfermedad en Gran Bretaña, Francia, Alemania, Portugal, Holanda, Bélgica, Suiza e Irlanda.

Alimentos poco recomendables

Harinas refinadas. Las vitaminas, minerales, proteínas y fibra que contienen los granos de las que proceden les son extraídos en el proceso de refinamiento. Lo que usted compra es almidón; aunque le agreguen vitaminas, (irónicamente, primero le extraen las naturales y luego le ponen artificiales), éstas no son asimilables por el organismo en la misma forma que las del producto natural.

Aceites y grasas refinadas. Son productos desnaturalizados sometidos a procesos como el de la hidrogenación, que consiste en emplear un catalizador de níquel calentado para meter el hidrógeno en los átomos de carbono del ácido linolénico. Esto impide que el aceite se ponga rancio fácilmente y así puede venderse sin problemas de almacenamiento para beneficio de fabricantes y comerciantes, se elimina sabor y olor, se clarifica y se ofrece un producto final casi transparente. La hidrogenación destruye los ácidos grasos esenciales.

Productos enlatados. Piense en los meses o años transcurridos desde la elaboración de los preparados que usted compra en lata. Aparte de eso, a la mayoría se le añaden conservantes y aditivos químicos y el envase, la lata en sí, puede sufrir deterioros o alteraciones que afectan al producto.

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