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EL EROTICÓN

¿Cómo hablar de sexualidad con adolescentes? (II)

¿Cómo hablar de sexualidad con adolescentes? (II)

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María Victoria Ramírez*.-  16/06/2008

¿Cómo hablar de sexualidad con los hijos adolescentes? Esta es la preocupación de muchos padres y madres cuando los niños comienzan la pubertad. En el artículo anterior, comentamos que la educación sexual es necesaria en todas las etapas de la vida, incluidas la infancia y la adolescencia. También mencionamos algunas peculiaridades de la sexualidad adolescente.

Pero ¿cómo tratar el tema? ¿qué debe incluir la educación sexual en esta etapa? Vamos a ofrecer algunas claves para facilitar la educación sexual en la familia en este momento de la vida. Algunas chicas a esta edad hacen muchas preguntas sobre sexualidad y otras no hacen ninguna. Algunos chicos comentan cosas y otros se vuelven aún más reservados. A veces, los padres afirman que no hablan sobre sexualidad a sus hijos/as porque “ellos/as no preguntan” y “estamos esperando a que pregunten algo para hablar del tema”.

Pero muchos adolescentes no suelen “sacar el tema”. Por ello, es importante contarles lo que pensamos que necesitan saber, aunque no lo pregunten. Igual que les hablamos de otros muchos temas sin que pregunten por ellos, porque creemos que con cosas de interés que deben saber.

La educación sexual comprende muchas cosas: hablar sobre las relaciones de pareja, cómo debe ser el trato entre dos personas que se quieren, nuestra idea del amor, la expresión de afectos, la expresión de enfados y desacuerdos. Hablar sobre las relaciones humanas, el respeto, las emociones. Hablar sobre los cuerpos, sus cambios con el tiempo, las características de los cuerpos de mujer y de hombre, la belleza que tienen todos los cuerpos y el valor de su diversidad. Hablar sobre la sensibilidad de la piel, y que la sexualidad está repartida por toda su superficie, no sólo está en los genitales.

También es educación sexual contribuir a que nuestro hijo se sienta querido y por tanto aprenda a quererse, se encuentre su particular belleza, aprenda a cuidarse, tenga claro que como persona merece la pena, busque amistades y parejas que lo cuiden, y sepa decir que no a lo que no desea. Y educación sexual es hablar también, claro, de genitales, de reproducción, de concepción y anticoncepción, de prevención de enfermedades de transmisión sexual, de placer, sensibilidades y emociones...

Para hablar de todo ello no es necesario espera a que pregunten. Podemos contarles lo que pensamos que necesitan saber sin esperar a que pregunten, ya que hay adolescentes que no preguntan, y eso no significa que no necesiten aprender.

Es frecuente que las adolescentes y los adolescentes teman que sus padres “le den la brasa” cuando hablan de estos temas, o los traten como a niños pequeños que no saben nada. Podemos, por ello, generar cierta complicidad: no hablarles como si no supieran nada y nosotros fuésemos a descubrirles todo (por ejemplo, podemos comenzar diciendo: “Esto seguramente ya lo sabrás tú…”, aunque pensemos que no lo saben).

También es cierto que algunas cosas ya las sabrán, y por ello, conviene reconocérselas.

Si hacemos algún comentario u ofrecemos alguna explicación, es conveniente evitar posteriores “interrogatorios” (“¿y tú qué piensas?” “¿has hecho algo ya?” “¿tienes novio/a?” “¿sales con alguien?” “¿qué hacen los/as chicos/as de tu clase?”…). Los adolescentes y las adolescentes a veces no hablan con las madres o padres porque temen que después de una explicación sobre sexualidad, vendrán muchas preguntas sobre su vida, experiencias u opiniones. Y en muchos casos, evitan por ello las charlas familiares sobre el tema.

Durante esta edad se desarrolla mucho pudor. Pudor por el cuerpo pero también por las ideas. Es un pudor pasajero, pero hay que respetarlo, y por ello, no tratar de “forzar confidencias”. En esta edad, es más importante que aprendan a escucharnos a que nos cuenten.

Es importante saber que es frecuente que las adolescentes y los adolescentes finjan desinterés por lo que les contamos, o comenten que “ellos ya lo saben todo”. No obstante, a pesar de estas muestras de desinterés, la mayoría de las veces escuchan y atienden a lo que les contamos (y con el tiempo lo agradecen). En muchos casos, este aparente desinterés es una “pose”.

Debido a los roles de género, es frecuente que los varones adolescentes tengan dificultades para reconocer que no saben algo referente a sexualidad (por su rol de “hombre”, ellos suponen que ya deben saberlo todo). Pese a ello, no suelen “saberlo todo”, por lo que también necesitan educación sexual. Podemos acercarnos ellos con cierta complicidad: “Esto ya lo sabrás tú pero...”. Es buena idea aprovechar las cosas que salen en la tele para hacer comentarios que faciliten la transmisión de actitudes y conocimientos en educación sexual (“el otro día salió en la tele... yo creo que esto no es así... o yo opino...”). También se pueden aprovechar las charlas sobre otros temas relacionados (sobre salud, sobre reproducción, sobre relaciones humanas...) para hablar sobre sexualidad.

¿Qué pasa si preguntan algo y no lo sabemos? Ante una pregunta, se puede responder diciendo “no lo sé”. Lo importante es que vean la voluntad de atenderlos. También se puede aplazar una respuesta, y atenderla más adelante. Igualmente, lo importante es que vean que “pueden contar con nosotros”. Otras fórmulas para transmitir conocimientos o actitudes generando complicidad serían las siguientes: “Tu hermana a tu edad me preguntó sobre este tema, y yo le dije...”, "fíjate que yo a tu edad no sabía...", "seguramente ahora lo sabréis pero...”.

Otra posibilidad es legitimar lo que suelen sentir a esa edad contando que nosotros a esa edad también teníamos dudas, o miedos, o vergüenzas. Sería una buena idea, por tanto, fomentar, en la medida de lo posible, la comunicación y el diálogo en casa. Como también fomentar el espíritu crítico con respecto a la que ven y oyen (“algunas cosas serán verdad o positivas para vuestra vida de pareja/sexual y otras no, no hay que creerse todo lo que sale por televisión o Internet, sino que hay que mirarlo como se miran otros programas: asumiendo que algunas cosas no serán ciertas”).

Por cierto, y si queremos “abrir puertas” y que cuenten con nosotros, tenemos que cuidar los valores que les transmitimos: no es raro encontrar el caso de algún padre o madre que acude a consulta porque ha descubierto la homosexualidad de su hija o hijo, y, tras una infancia y adolescencia plagada de comentarios negativos sobre las personas homosexuales, no sabe cómo acercarse a él o ella (que posiblemente lleva años sintiéndose rechazado en casa).

Si cuesta sacar el tema, se puede comprar algún libro de educación sexual apropiado para su edad y regalárselo. Por cierto, si les facilitamos algún material (folletos, libros, etc.), es posible que no lo lean delante de nosotros, o muestren desinterés, pero es bastante probable que cuando no estemos presentes, lo lean, y agradezcan (a veces en secreto, y a veces con un poco de retraso) nuestro interés. El objetivo es “abrir puertas”, para que, cuando quieran contar con nosotros/as, sepan que estamos ahí...

*María Victoria Ramírez es psicóloga y sexóloga.

Asociación www.lasexologia.com

 

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