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Lo que de verdad piensan los obispos españoles

Iglesia Católica

Lo que de verdad piensan los obispos españoles

@Esteban Hernández - 11/06/2008

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“De los obispos españoles se habla mucho, pero eso no quiere decir que se hable de ellos de la manera adecuada para que pueda conocerse cómo son y cómo piensan”. El director de la oficina de información de la Conferencia Episcopal, Isidro Catela, ha querido remediar esa divergencia entre la imagen pública y la realidad que él percibe con Entrevistas con doce obispos españoles, (Ed. La esfera de los libros) un texto en el que conversa con prelados como Antonio Cañizares, Antonio María Rouco Varela, Lluís Martínez Sistach, Ricardo María Carles, Ricardo Blázquez o Carlos Amigo. Según su autor, uno de los propósitos del texto es que la sociedad “descubra que los obispos no se limitan a pronunciar juicios y condenas, sino que son seres humanos que anuncian con alegría el Evangelio de Jesucristo”.

Y el texto es llamativo en la medida en que los obispos están últimamente muy presentes en la esfera pública y, en buena medida, porque no mantienen siempre las mismas posiciones sobre cómo abordar los asuntos humanos. Mientras que algunos medios han resaltado esas diferencias en la Conferencia Episcopal como parte de la pluralidad que todo colectivo necesita, otros las han utilizado para escenificar un enconado enfrentamiento entre facciones opuestas. Isidro Catela ve normales estas acusaciones, en tanto “lo de "divide y vencerás" es una estrategia muy antigua. No hay que preocuparse demasiado: es muy viejo, sabemos desde qué lugares llega y, en la mayoría de los casos, cuáles son las intenciones. Lo importante es que entre los obispos españoles existe una gran comunión y son también expresión de la comunión que todos (y con ellos la Iglesia en España) tienen con el Papa. No hay disensión, pues, más allá de lo que sectores contrarios a la Iglesia quieran inventarse”. Y es que para Catela, los obispos “nos ofrecen una coral hermosa, de doce voces, en la que se armonizan a la perfección las diferentes tonalidades” y donde no hay disensiones serias. Ni siquiera hay problemas entre ellos cuando la COPE sale a relucir: “Como dice el Cardenal Cañizares en su entrevista, la COPE, y mire que nos ha dado dolores de cabeza, si no existiera, habría que inventarla”.

Otra de las cuestiones sometidas a debate público tiene que ver con el poder que ejercen los miembros de la Conferencia Episcopal sobre la sociedad laica. Mientras que hay medios de comunicación que insisten en que están demasiado presentes otros señalan que están siendo menospreciados por muchos gestores públicos. Según Catela, la importancia real de los obispos es grande en la medida en que “son los pastores de la Iglesia católica. Hay que tener en cuenta que en España, más del 80 por ciento de la población se declara católica y, por citar sólo un dato significativo, entre 8 y 10 millones de personas van a misa al menos una vez a la semana. Ni el fútbol consigue estas cifras cada fin de semana. Desde el punto de vista histórico, España no puede entenderse sin el catolicismo, al igual que Europa no es ella misma si renuncia a sus raíces cristianas”.

Que no se suela reconocer este hecho sería un síntoma más de que, en estos tiempos descreídos, la Iglesia no está siendo respetada. Así, recorre el texto la idea de que vivimos en una época en la que la Iglesia es un blanco fácil. Catela, no obstante, opta por rebajar la gravedad del asunto, en tanto “ni a la Iglesia es la única a la que le pasa, ni esto es nuevo para ella, que ha sufrido momentos mucho más serios. Ahí está la historia reciente del siglo XX y las persecuciones religiosas. Ya dijo Cristo que a los discípulos no les iba a tocar correr mejor suerte que a él y que nos perseguirían y calumniarían. Los católicos estamos llamados a ser signo de contradicción en medio del mundo”.

Quizá por eso, Catela insiste en el texto en la necesidad de que la Iglesia recupere posiciones en la sociedad siendo más atrevida, jugando al ataque. Lo que entronca con la creencia de algunos sectores católicos, que piensan de sí mismos que se han mostrado demasiado temerosos a la hora de dar la cara públicamente. Para Catela, “los católicos, con nuestras palabras y también con el lenguaje de los hechos, tenemos que hacer un esfuerzo de autenticidad y fidelidad, de humildad y de unidad, para poder ofrecer de manera convincente a todos los mismos dones que nosotros hemos recibido. Y para ello, hay que ser valientes, no podemos avergonzarnos de ser católicos en el espacio público, antes al contrario, tenemos que salir al medio de la plaza a dar testimonio de lo más importante que nos ha pasado en nuestra vida”.

Y uno de los requisitos esenciales para cumplir esa función es el de establecer las estrategias comunicativas adecuadas, algo a lo que la Iglesia cada vez presta mayor atención. Catela subraya que “la Iglesia no existe para adaptarse al mundo, sino para evangelizarlo. Ahora bien, los medios para conseguirlo pueden ser diversos. Creo que la evangelización de la cultura, y por lo tanto la presencia pública y normalizada de la Iglesia en este ámbito, son esenciales. Si para conseguirlo, en este momento histórico, hay que estar también en los escaparates de las librerías, en internet, en los guiones de Hollywood, etc., pues habrá que hacerlo y de hecho cada vez se está haciendo más y mejor”.

Y eso, a pesar de los enemigos que, según Catela, acechan en el camino. Cuando en el libro cuenta la reunión que mantuvieron en 1994 José Sánchez (obispo de Sigüenza-Guadalajara) y Elías Yanes con Jesús Polanco y Juan Luis Cebrián, con el telón de fondo de una posible adquisición por parte de Prisa de la emisora de la Conferencia Episcopal, Catela transmite la idea de que estamos viviendo un momento muy similar. “Sí, lo expreso muy claramente porque hay cosas que casi quince años después no han cambiado. Y recordar ese episodio supone un saludable ejercicio de memoria histórica y nos ofrece un ejemplo más del gran servicio que la Iglesia ha prestado -y sigue prestando- a la sociedad, defendiendo la verdad y la libertad”.

Ahora bien, si en el libro aparece algún enemigo a combatir, más que un sector social concreto, es la tendencia contemporánea a primar el relativismo. Algo notablemente perjudicial, señala Catela, y en muchos sentidos, ya que “el relativismo es el enemigo de la verdad. Y ese es un asunto muy serio, que no le afecta sólo a la Iglesia, porque empobrece, y termina por destruir, a la sociedad en su conjunto”. En ese orden, hay católicos que piensan que en las últimas décadas se ha ido en dirección contraria a la correcta; que en lugar de afirmar la fe con intensidad, se ha caído en el error de quitar peso a las convicciones. Un movimiento táctico que se justificaba porque favorecía el entendimiento con una sociedad de no creyentes. Pero, para Catela, “el diálogo sólo tiene sentido último si lo emprendemos como posibilidad para conocer la verdad. Y esto requiere que se sepa muy bien desde dónde se dialoga, sino será una componenda pasajera, muy frágil, de cara a la galería. Y, efectivamente, en las circunstancias actuales, hay que evitar el riesgo de adoptar soluciones equivocadas que, a pesar de sus aparentes claridades, se basan en fundamentos falsos, no cristianos, y son incapaces de acercarnos a los buenos resultados que prometen. Una de esas soluciones equivocadas es pensar que facilitamos la convivencia con los demás, disimulando nuestra condición de creyentes e incluso en ocasiones renunciando a ella”.

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Opiniones de los lectores (10)

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10. usuario registrado jimmyMiércoles, 11/06/2008, 21:42 h.

La Constitución habla de libertad de expresión y a muchos se les llena la boca al recordarlo, pero sólo para lo que les conviene.
La Iglesia, los curas, los obispos, etc tienen el mismo derecho que cualquiera a opinar sobre lo que les dé la gana. EXACTAMENTE EL MISMO DERECHO.
Y la Iglesia ha tenido siempre el mismo derecho que cualquiera a defenderse de los ataques que les son hostiles, tanto a ella directamente como a los principios que ellos defienden.
Y por lo que a la guerra civil, a la república, al franquismo se refiere, será mejor no "menearlo" porque si ha habido una víctima clara ha sido la propia iglesia, sus curas y muchos fieles... ¡¡¡como para permanecer neutrales!!!.

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9. usuario registrado mtrMiércoles, 11/06/2008, 18:57 h.

A Al Carayo:

Es posible que en España la Iglesia propiciara la dictadura porque antes les habían matado a 7.000 curas y a 13 obispos, durante la "democrática" y "nada dictatorial" II República.

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8. Al carayoMiércoles, 11/06/2008, 17:58 h.

A la mujer catolica de a pie, es maravillosa la normalidad que al parecer hay en Francia respecto a que La Iglesia pueda opinar sin que eso suponga ningun escándalo. Pero hay una diferencia, en Francia la Iglesia no auspició una dictadura durante 40 años. Eso para los que conocemos la historia y no la olvidamos, hace que no admitamos alegremente lo que digan y mas si cabe por el hecho de que a dia de hoy, ni siquiera han pedido perdon.

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7. usuario registrado gurislaMiércoles, 11/06/2008, 17:33 h.

Lo siento, hay contradicción en los términos. Poque pensar, pensar........no debe aplicarse a individuos que pontifican en nombre de un Ser desconocido.....Agur Jaunak

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6. usuario registrado daniel_murciaMiércoles, 11/06/2008, 16:11 h.

No confundir laico con laicista. Francia es un estado laico, no laicista. Hoy dia, que un estado se declare laico o acofensional es lo mismo,pues entra dentro del marco de las libertades y de los derechos. Pero el laicismo es la religión de los ateos, y un estado que abandera esta religión no respeta las libertades y los derechos de las personas. Así pues, esta religión tiene como finalidad aplastar al cristianismo en concreto, apartarlo de la vida pública y dejarlo aislado para vida privada. Los derechos humanos NO dicen eso.
Lo curioso es que este laicismo beligerante esté en tan buena sintonia con el islamismo. (manda huevos). Lo dicho.null

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