“¿Está Obama? Al habla Zapatero, Rodríguez Zapatero”
Barack Obama, José Luis Rodríguez Zapatero
@Federico Quevedo - 06/06/2008
Son las ocho de la mañana en un céntrico hotel de Saint Paul, Minnesota. Barack Obama se ajusta el nudo de su corbata y, en ese momento, su mujer, Michelle, entra por la puerta con un mensaje de uno de sus asesores. Obama ya es, casi, candidato a la Presidencia, porque aunque Hillary Clinton todavía no hecho pública su renuncia, todo apunta a que va a ser así en las próximas horas. La satisfacción en el equipo del senador es contagiosa. Los demócratas viven una verdadera excitación: por primera vez en la historia un candidato negro tiene opciones reales de ganar la carrera a la Casa Blanca. Obama aviva el recuerdo de Jonhn Kennedy, pero con la tez oscura. Nada parece que pueda empañar su alegría. ¿Nada? El rostro de Michelle se ha tornado serio. Le pide a su marido que entre en su ordenador y le da escrita en un papel la dirección de una página web que le lleva directamente a un blog en castellano. En el aparece un personaje bastante particular que bajo el nombre de José Blanco –aquí en España se le conoce como Pepiño- escribe un texto titulado Claro que podemos que en su primera frase dice, textualmente: “Me he resistido en estos últimos meses a confesar públicamente mi simpatía hacia Barack Obama para no interferir en lo más mínimo en el proceso de elección que estaba desarrollando el Partido Demócrata”. Con dos c...
El rostro sonriente de Obama se torna en un gesto preocupado. Los miembros de su equipo habían ido entrando en la habitación uno a uno, y situados detrás de su jefe no daban crédito. Obama se volvió hacia ellos: el recuerdo de John Kerry sobrevoló la sala. “Es lo peor que nos podía pasar”, se atrevió a decir el jefe de gabinete del senador demócrata. Pero en una inexorable confirmación de las leyes de Murphy, la realidad demostró que si algo es susceptible de empeorar, empeora. En efecto, a miles de kilómetros de distancia, al otro lado del Atlántico, el presidente del Gobierno español extraía de su armario favorito el poncho regalo de Evo Morales y la guitarra obsequio de Daniel Ortega, y se disponía, móvil en mano, a llamar a Obama. El teléfono en la habitación del hotel de Saint Paul sonó estrepitosamente. “Llamada desde España”, acertó a decir la recepcionista. Obama mudó su rostro en desconcierto cuando escuchó una voz un tanto engolada y algo nasal que al otro lado le decía:
“¿Barack? Soy Luis, José Luis. Rodríguez Zapatero, claro. Bueno, Berlusconi me llama Manuel, José Manuel, así que a ti te dejo que me llames como te de la gana... ZP, por ejemplo, está bien y es más corto... Oye, que me alegro mucho de lo tuyo, ya sabes que yo me identifico con las causas más justas... ¡Un negro en la Casa Blanca! Vaya paradoja, ¿eh? El que le puso el nombre nunca pensó que tu llegarías a presidente, supongo... Bueno, claro, eso suponiendo que ganes, que para eso te llamo. Ya sabes que yo soy un tío con suerte, que gano elecciones sin mover un músculo, así que, si quieres, me doy una vuelta por allí y te echo una manita. Yo creo que juntos podemos hacer grandes cosas por la humanidad, dar de comer al hambriento, de beber al sediento, posada al peregrino... A mi es que, como te digo, me gustan las causas difíciles pero siempre tengo solución para todo: monto una reunión, y ¡ala!, todos contentos... Bueno, Barack, que no se si te estoy entreteniendo, pero que sepas que voy a hacer una declaración universal apoyándote...”.
Al otro lado del teléfono solo se acertó a escuchar un tímido “no, no”, pero Rodríguez ya había colgado. “¿Qué te ha dicho?”, preguntó Blanco al lado de su jefe, “¿te ha hablado de mi?”. “Que está encantao”, respondió Rodríguez, “así que la semana que viene te vas para allá y le montas una campaña de marquetin de esas que se te dan tan bien, por ejemplo un BOP, Barack Obama for President... Bop Hop, como el actor, Bop feliz... ¡Como se nota que he empezado a estudiar inglés!, dentro de poco me veo dando conferencias en Estanfor...”. En el hotel de Saint Paul, un afligido Barack Obama se sentaba en la silla y escondía su rostro entre las manos. Lo que parecía un sueño, podía empezar a convertirse en pesadilla. “Pero –dijo expresando su pensamiento en voz alta-... ¿estos españoles todavía no han entendido que no tenemos nada que ver con ellos?”.
No. Ni lo entenderán. Rodríguez no entenderá nunca que entre Obama y él media un abismo. Que entre el senador de Illinois formado en Harvard y el diputado de León existe la distancia insalvable que media entre un político de raza llamado a liderar la primera potencia del mundo, y un oportunista que ha sabido congraciarse por la vía del recurso fácil a la demagogía con una mayoría social instalada en el más absoluto conformismo y cuya única ambición es que nadie le moleste ni le recuerde que existen muchos problemas en su entorno. Los socialistas españoles, atrincherados en su particular paraíso de España sigue yendo bien a pesar de que todo indique lo contrario, han creido ver en Obama a un nuevo lider de las causas imposibles, al estilo de Rodríguez. Es verdad que a eso contribuye el propio Obama con sus discursos grandilocuentes que recuerdan el estilo carismático de Kennedy y Luther King, pero nada más lejos de la realidad. Obama sabe qué país le va a tocar gobernar si gana las elecciones, y si Rodríguez piensa que va a tener en él a un fan inquebrantable de la Alianza de Civilizaciones y otras tonterías, está muy, pero que muy equivocado. La política exterior americana, cambiará, seguramente, en muchas cosas, pero no en lo esencial: Israel seguirá siendo su principal aliado, con todo lo que eso significa para el papel de occidente en Oriente Medio.
Estados Unidos, ese país al que en España se tiene tanta envidia y sobre el que se dirige tanto resentimiento, nos está dando una lección magistral. Independientemente de que a unos nos pueda gustar más o menos Obama, y a otros McCain, lo cierto es que ambos candidatos, uno por el color de su piel y otro por su edad, suponen una revolución de lo que hasta ahora hemos entendido como los parámetros de la política. La sociedad americana, tan denostada en este país de incapaces de ambicionar nada grande para su propia nación, está mucho más preparada que la nuestra para afrontar los cambios sin necesidad de renunciar a la historia y a los principios sobre los que se levantó la primera democracia del mundo. Nunca veremos a Rodríguez con un pin de la bandera de España en su solapa, porque no siente por su país lo mismo que siente Obama por el suyo, y eso es lo que diferencia a un lider de un oportunista. Obama no tiene nada que ver con Rodríguez, y si hay un partido en españa que algo pudiera asemejarse al Partido Demócrata en Estados Unidos ese es, sin duda alguna, el Partido Popular, porque en esencia responde a una filosofía política y vital mucho más abierta y reformista que la del Partido Socialista, todavía anclado en un lacónico estatismo populista que camina hacia ninguna parte. ¡Pobre Obama como le apoye Rodríguez!
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Rajoy maneja sus propios tiempos y conoce las agendas de cada uno de los que le acompañan
@Federico Quevedo - 05/06/2008
Juan Kennedy o la insoportable levedad de ser el paladín de Pedrojota
@Federico Quevedo - 03/06/2008
Por dignidad, por ética, por libertad... ya soy objetor
@Federico Quevedo - 31/05/2008
No olvidemos que la culpa de lo de Ibarretxe la tiene Zapatero: él y solo él le dio alas a ETA
@Federico Quevedo - 30/05/2008
De la manipulación del 11-M a la de la crisis del PP, detrás están siempre los mismos
@Federico Quevedo - 29/05/2008
Acerca de...
Federico Quevedo, nacido en Hamburgo (Alemania) en 1961, licenciado en Ciencias de la Información, está casado y tiene 4 hijos. Quevedo ha realizado su carrera profesional en medios como Radiocadena Española, Antena 3 Radio, Europa Press, La Gaceta de los Negocios, Actualidad Económica... Además es colaborador de Telemadrid, Popular TV, La Brújula de la Economía de Onda Cero y El Gato al Agua en Intereconomía. Autor del libro Pasión por la Libertad sobre el pensamiento político del ex presidente Adolfo Suárez.
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