TRIBUNA
El PP, la simpatía y las aves de corral
Partido Popular, Mariano Rajoy, José Luis Rodríguez Zapatero, Rosa Díez
José Luis González Quirós* - 05/06/2008
Los cambios políticos acontecen en España a base de negar los cambios. Un observador neutral tendería a notar que siempre estamos hablando de lo mismo, vista la relevancia que se da a auténticas bobadas. Durante varios años se han hecho entre nosotros auténticas virguerías hermenéuticas sobre el talante, así, a pelo: ni bueno ni malo. La persistencia de los temas contrasta con la fugacidad de ciertas realidades. Muy pronto, si los amables jueces del Constitucional no lo remedian, asistiremos a la demostración de que el Estatuto catalán cabe perfectamente en la Constitución. Me parece que esta complacencia con los que mandan es una vieja tradición entre nosotros. En época de Franco se repetía un chiste cuya moraleja aconsejaba viajar menos y leer más periódicos, unos periódicos que también eran muy amables con el dictador.
De cualquier cosa se hace un chiste aquí, y hasta los asuntos más serios acaban pareciéndonos manías de algún intemperante. Llevamos treinta años de democracia y casi nunca se ha discutido de nada a fondo porque todo quedaba en que eran cosas de Suárez o de Fernández Ordóñez, de Guerra o de González, de Pujol o de Roca. Los españoles somos muy listos y no se nos escapa una: todo es una lucha por el poder y al final todos hacen lo mismo.
Ahora que parece que hay ciertos temblores en el PP, los listos han descubierto que no se discute de nada, que se trata del viejo quítate tú que me pongo yo, y que, visto lo visto, lo de Mariano Rajoy puede funcionar. Algunos más pretenciosos han asomado la patita y han proclamado que se trata, en realidad, de que el PP sea un partido simpático. No se si tan simpático como Zapatero, pero, desde luego, más simpático que quien todos sabemos.
Es de mal educados amargarle la fiesta, la siesta y el to er mundo es güeno al español medio, incitándole a pensar que quizá haya algo más que personalismo en esta disputa entre los simpáticos que mandan y los antipáticos que no aplauden. Uno de los adalides de la neo-simpatía del PP se ha destapado aludiendo al “liberalismo igualitario” que, como todos los españoles saben muy requetebién, es un marbete equívoco con que se alude a alguna de las teorías de John Rawls, autor que seguramente han leído los 700.000 militantes del PP y que, si no estuviese muerto, habría llegado a ser tan popular entre nosotros como para merecer una columna en la prensa deportiva. Simpatía y liberalismo igualitario o igualitarismo liberal (¡qué más da!): no suena mal. ¡Tiembla Zapatero, vamos a por ti!
Pues bien. Los partidos políticos no están para ser simpáticos, salvo lo que pueda decir al respecto alguna ley que seguramente sería recibida con alborozo por los adictos a descrispar. Y si el PP tiene algún sentido y se apresta a defenderlo, no puede sino resultar antipático, diría que muy antipático a los nacionalistas, porque el PP dice ser un partido liberal que cree que la mejor garantía para la libertad efectiva de todos los españoles es la pervivencia de la unidad de España, esa España que puede parecer puta y antipática a muchos, pero que muchos más admiran y aman con el mismo derecho. Por hacer exactamente eso mismo, nadie ha considerado antipática a Rosa Díez, que el 9 de marzo obtuvo dos de cada tres de sus votos de antiguos electores del PP. Supongo que con un PP más simpático, a Díez el porvenir le resultará especialmente sonriente.
En política abundan las gallinaceas, los que siempre están dispuestos a sacrificar sus ideas, en caso de tenerlas, con el fin de servir los destinos superiores del poder, situarse en las cercanías del mando y arrostrar las desagradables consecuencias del cargo público que pueda caerles en suerte. Pero una democracia tomada en serio no precisa de esa clase de aves de corral. Aquí hay que decir lo que se piensa y dejarse de mandangas; y si no se puede hacer una política distinta, no se tiene derecho, en realidad, a pedir el voto a nadie. Lo que se hace entonces es servir de comparsa, algo que puede ser una buena afición privada pero es un mal oficio político.
Quizá no sean tantos los españoles a quienes ahora importe de verdad la libertad y se preocupen por la unidad de España, pero esos españoles merecen un partido que los represente. El PP de Rajoy no ha acertado a hacerlo y le ha regalado a ZP la mayoría. En este contexto no va a bastar con hacerse el simpático: hacen falta mejores ideas, más trabajo y mayor ambición.
La democracia española ha reconocido generosamente la diversidad, el pluralismo y la autonomía territorial. Los partidarios de seguir por ese camino, lleve a donde lleve, tienen muchas opciones a la hora de elegir papeleta, pero el PP no debería engrosar esas filas complacientes con una España menguante en que las libertades amenazan con convertirse en una caricatura, en la que no se puede hablar según qué lengua, ni se pueden pensar según qué cosas. Quienes no sepan defender con imaginación y con energía un programa tan claro, deberían dejar el paso a otros.
José Luis González Quirós es analista político.
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Opiniones de los lectores (9)
9.
Cuquiña05/06/2008, 20:44 h.
Totalmente de acuerdo con el análisis que vd. hace, no es la misión de la oposición ser un partido simpático, y parece ser que después de las elecciones de Marzo, Rajoy quiere seguir la táctica de Zapatero que no nos ha regalado más que desastres en el gobierno y mucha cejita tonta. Es como si la fuerza de Rajoy se hubiera marchado como la de Sansón cuando le cortaron el pelo, y quisiera encantar a los nacionalismos que cada vez presionan más, el estatuto, derrochan más, la romería de mis paisanos gallegos organizada por socialistas y bloque de 250 personas gratis total a Cuba, no a llevarle medios económicos o culturales que no tienen, sino a la gran juerga, incluyendo a los vociferantes del Nunca Mais, unos aprovechados más a cuenta de los ciudadanos. La marginación que se está produciendo respecto al castellano, consentida o minimizada por el gobierno, es desoladora. El PP tiene la desgracia de que sus votantes no somos hooligans, somos críticos y no pasamos por todo. La prueba del algodón del giro impresentable fué el trato que el PP ha dado a María San Gil por sus compañeros, Soria, Lasalle, Celita, que llegó hasta la grosería, ellos que no han visto volar una bala nunca.
8.
xan05/06/2008, 19:30 h.
Es maravilloso ver que en lugar de hablarse de politica aquí se habla de ideología.Si eres de derechas tienes que votar al PP si eres de izquierda al PSOE.Aunque sea una perogrullada, la función del gobierno es gobernar y la de la oposición controlar al gobierno. El gobierno de Zapatero ha sido un gobierno sectario que ha gobernado para una parte de la sociedad sin importarle la opinión pública. El matrimonio homosexual, la ley de memoria histórica, la reforma del CP saltándose la CE, etc, son pruebas evidentes de su sectarismo. Por desgracia la incultura de este pais hace que la gente le siga votando a pesar de sus mentiras y manipulaciones. El error del PP, que ha basado su oposición en el terrorismo (incluido el 11-M) es que no ha sabido llevar a la opinión pública la imagen de una oposición no emocional, dando alternativas a la política oficial.Los grandes problemas de este pais como el paro, la deuda externa, la educación, la inmigración, la política exterior, etc, son obviados en manos del incompetente gobernante que no has caido en suerte que cree que la "baraka" le acompañará siempre.¿De verdad pensamos que este gobierno tiene soluciones para la crisis que nos viene encima
7. moteño05/06/2008, 18:42 h.
El sabado pasado en una comida celebrada en Jumilla, un italofrances me comentaba que los italianos con Garibaldi consiguieron la unidad de Italia hace dos siglos y que los españoles unidos con mucha anterioridad, ahora cconseguiremos separnos.Que pena me dá.
6. sinsaberopino05/06/2008, 14:44 h.
Arias Cortina (4): No tengo ninguna duda de que yo sí podría ir a tomar el café; de lo que no estoy tan seguro es sí a usted le permitirían hacer lo mismo. Se nos pide, a los que nos consideramos españoles, que renunciemos a nuestros principios, a nuestras convicciones, cuando en todos los ámbitos de la vida diaria comtemplamos como los defensores de otras nacionalidades, respetables desde mi punto de vista, incrementan sus influencias y aumentan su cuota de poder.¿Es propio de un Estado de Derecho que en una parte del Estado, sean precisamente los miembros de la oposición los que tengan que ir con escolta y no así los que integran el gobierno?. No pretendo imponer mis ideas, a nadie, con las pistolas pero tampoco estoy dispuesto a que me impongan la de otros con ellas. Un cordial saludo.
5.
silk05/06/2008, 14:09 h.
Uno de los mejores artículos que uno ha leido en El Confidencial en los dos últimos meses, de largo. De obligada lectura para todos los "viajeros hacia el centro de no se sabe dónde" que tan buenos momentos nos están haciendo vivir.
"En este contexto no va a bastar con hacerse el simpático: hacen falta mejores ideas, más trabajo y mayor ambición." Especialmente de acuerdo con lo de la ambición y el trabajo. En cuanto a las ideas, probablemente lo que haga más falta es dar la batalla de las mismas, sin complejos y sin descanso.
Comprendo que a algunos parece que les cansa tener que discutir y prefieren hacerse los simpáticos, pero ese es un camino que sólo lleva a los 80 diputados.
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