DOS PALABRAS
No olvidemos que la culpa de lo de Ibarretxe la tiene Zapatero: él y solo él le dio alas a ETA
José Luis Rodríguez Zapatero, ETA, Juan José Ibarretxe
@Federico Quevedo - 30/05/2008
Los altos árboles de la crisis del PP no pueden evitar que veamos la magnitud del bosque. Un bosque denso a estas alturas de la Legislatura. Tan denso, que en la encuesta del CIS de abril de 2004 el PSOE le sacaba al PP una ventaja de diez puntos, y ahora sólo de seis –teniendo en cuenta que el partido ganador siempre goza de una ventaja añadida en estos primeros sondeos tras las elecciones y que sólo un 26% de los electores recuerda haber votado al PP-, lo que pone de manifiesto que la desconfianza del electorado hacia Zapatero es creciente, a pesar de los pesares. ¿Razones? Una economía en declive que, sin embargo, él se niega a reconocer y un Gobierno que sigue igual de instalado en la indolencia que antes de las elecciones. Y con la crisis cabalgando a galope tendido por las deprimidas economías familiares, es difícil vender ejercicios de buenismo como la igualdad y otros dogmas de la nueva religión de Estado.
Es verdad que la encuesta es mala para el PP: pierde un millón de votos en tan sólo dos meses y eso es, obviamente, producto de la crisis que atraviesa y del espectáculo tan poco edificante que está ofreciendo el principal partido de la oposición en lo que a luchas intestinas se refiere. Bien, pero peor le fue en el primer sondeo del CIS de hace cuatro años, tras las generales del 14 de marzo de 2004, y luego casi gana las europeas un mes después de que el sondeo le diera al PSOE diez puntos de ventaja. Bien, vale, no estamos en la misma situación y, seguramente, si las europeas fueran en junio de este año, el PP tendría un mal resultado. Pero falta un año y si el PP arregla sus asuntos en junio tiene doce meses para recuperarse. Sin embargo, el escenario es muy malo para Rodríguez, ya no sólo por la crisis económica, sino porque en los próximos meses vamos a vivir un desafío al Estado, a la Constitución, sólo comparable al del Golpe de Estado del 23-F de 1981, es decir, la apuesta soberanista de Ibarretxe.
Y el problema es que la responsabilidad de que el lehendakari haya llevado su locura soberanista hasta donde la ha llevado, y no duden ustedes de que va a seguir adelante, la tiene única y exclusivamente José Luis Rodríguez Zapatero. Primero, porque se atrevió a abrir la caja de Pandora de las reclamaciones independentistas pactando con ERC y aprobando un Estatuto de Cataluña que consagra la bilateralidad en la relación Cataluña-España lo que, de facto, supone reconocer a Cataluña como nación. ¿Por qué iban a ser menos los vascos? Y, segundo, porque tuvo la osadía de negociar con ETA exactamente las mismas cuestiones que el lehendakari va a someter ahora a referéndum de los vascos y las vascas el próximo mes de octubre. Es decir, Rodríguez puso la miel en los labios de los separatistas, y ahora tiene una difícil marcha atrás, sobre todo cuando su esbirro en el País Vasco, Patxi López, sigue haciendo un discurso ambiguo en el que por un lado rechaza la idea del lehendakari pero, por otro, defiende el derecho de los vascos a decidir su futuro, sin que desde Madrid se le desmienta.
Por eso el anuncio de que el Gobierno va a impugnar la ley que, seguramente, hoy apruebe el Parlamento vasco convocando esa consulta, es del todo insuficiente. El pronunciamiento de Rodríguez debería ser mucho más contundente y decirnos a todos los españoles que Ibarretxe no puede estar por encima de la ley y de la Constitución, y que no va a permitir de ninguna manera la celebración de ese referendum ilegal, aunque para ello tenga que utilizar la fuerza. Y tengo para mí que esas palabras no las vamos a escuchar de boca de Rodríguez porque, de entrada, ni él mismo se las cree. Más bien tengo la impresión de que lo que busca es un acuerdo que salve la cara de unos y de otros, que le permita afrontar su proyecto de cambio de régimen desde una mayoría parlamentaria del PSE en el Parlamento vasco, y por eso la ambigüedad de Patxi López. En definitiva, el plan de Rodríguez sigue siendo el mismo, sólo que el escenario ha cambiado y tiene que adaptarse con una nueva estrategia que pasa, por ahora, por buscar la complicidad del PP. Y para Rajoy la situación no es menos complicada, porque no puede negarle a Rodríguez lo que les estuvo exigiendo durante toda la Legislatura pasada, sobre todo cuando una inmensa mayoría de españoles quiere consenso. El consenso, lo he dicho alguna vez, puede ser una trampa mortal, pero a veces no hay más remedio que caer en ella para descubrir las cartas del contrario. De aquí a junio de 2009, el escenario es complicado, pero más para Rodríguez que para Rajoy.
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Opiniones de los lectores (148)
148.
Martes Carnaval30/05/2008, 20:55 h.
Estimado nou (147 o así)
Si jurídicamente hay una sola nación, el término nacional debería estar reservado para ella.
Como Vd. sabe, el interés de CiU en introducir el término "nacionalidades" en el art. 2 --inexistente en cuanto a definición en aquel momento-- tenía por objeto poder participar del uso del adjetivo "nacional". Les interesaba el adjetivo no el sustantivo, como tendría ocasión de constatarse con el paso del tiempo.
Habría que establecer una casuística entre "nacional" proveniente de nación y "nacional" proveniente de nacionalidad. El Estatut es una norma que ha sido debatida en el Congreso de los Diputados y éste tenía que, por la cuenta que le traía, haber sido más riguroso con el empleo del adjetivo, independientemente de los precedentes que Vd. apunta, que son ciertos.
Esos polvos suelen originar con el tiempo determinados lodos.
Reciba un cordial saludo.
147.
nou30/05/2008, 20:36 h.
A Martes de Carnaval, contestando a su última pregunta, muy pocas. ¿ Cuantas comunidades plantean temas de soberania?.
Respecto a la del término nación, no ha funcionado como Vd. dice por lo menos en Catalunya.
En Catalunya el himno nacional es "els segadors", la fiesta nacional "el 11 setembre" y esto por ley desde la transición, leyes que estan vigentes.
También tenemos por ejemplo, la Biblioteca "Nacional" de Catalunya, el Teatre "Nacional" de Catalunya, y también por leyes no impugnadas.
O sea que el artículo 2 de la Constitución no es tan monolítico como parece hay que leer el segundo párrafo, o quizás en Catalunya no lo hemos sabido aplicar.
146.
Escéptico30/05/2008, 20:34 h.
Hola, yo también intervengo tardíamente, pero quiero aportar mi opinión, aunque sé que a nadie le interesa.
Hago ésta afirmación porque me siento muy español.
Como tal me gustaría que España siguiese unida porque dejando a un lado el aspecto sentimental, de esa forma somos más fuertes.
Pero soy pesimista. Muy pesimista. ¿Alquien puede creer que el modelo autonómico asimétrico que padecemos en la actualidad, puede tener mucho recorrido?
Yo francamente creo que muy poco. Y el que no quiera ver que todos los movimientos políticos, absolutamente todos, se dirigen hacia el objetivo de terminar con la actual situación, debería ir al oculista.
145.
Martes Carnaval30/05/2008, 20:24 h.
Intervengo tardíamente en el debate sobre el término nación.
Es cierto que la palabra nación es polisémica —el significado étnico de Fichte, por ejemplo, es muy distinto del territorial voluntarista de Renán—. Tiene, por otro lado, muchos novios —es un término en litigio—, pero jurídicamente, en nuestro caso (art. 2 de la Constitución), no hay dudas de su titularidad española. "España, nación de naciones" es una fórmula ingeniosa pero inconsistente. En el nuevo "Estatut" se constatan afirmaciones discutibles en cuanto a su constitucionalidad. Apunto tres:
1 ) ¿Qué sentido tiene levantar acta en el Preámbulo del intento de apropiación indebida del "Parlament" al definir a Cataluña como nación?
2 ) ¿Dónde queda la nación como sujeto de soberanía al hacer emanar los poderes de la Generalitat del pueblo de Cataluña?
3 ) ¿Cuántos himnos, banderas y fiestas nacionales va a haber en España?
144.
Martes Carnaval30/05/2008, 19:57 h.
Estimado PJCM (97 o así)
Dice Vd.
"Para decirle NO al lendacari, solo existen dos caminos:
1.- Recurrir ante el Constitucional la norma que se apruebe en el Parlamento vasco, convocando ese referéndum.
2.- Si fallara la anterior, suspensión de la autonomía, total o parcialmente".
Creo que entre los dos caminos que Vd. apunta, habría algún otro intermedio, pero se da por bueno que con el primero bastará. No hay precedente de una insubordinación del Gobierno vasco ante una sentencia del Tribunal Constitucional.
Es uno de los activos de nuestro sistema constitucional el que las resoluciones del Tribunal Constitucional en lo referido a
los conflictos de competencias entre Gobierno y Comunidades Autónomas han sido siempre acatadas hasta la fecha. Cosa que, como Vd. sabe, no ocurrió durante la II República.
Reciba un cordial saludo.
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