TEATRO
Otra vez el maldito vaso de leche

Isabel Ordaz en pleno despliegue interpretativo.
@María José S. Mayo - 17/05/2008
EL CASO DE LA MUJER ASESINADITA

Dirección: Amelia Ochandiano.
Autor: Miguel Mihura y Álvaro de Laiglesia.
Intérpretes: Isabel Ordaz, Ismael Martínez, Francesc Albiol, Lola Baldrich, Cipriano Lodosa Mamen Godoy y Sandra Ferrús.
Lugar: Teatro Fernán Gómez. Plaza de Colón, s/n. Madrid
Teléfono: 91 310 29 49; tel-entrada 902 33 22 11.
Horario: M. a v. 20.30h; s. 18h y 21.30h; d. 18h.
Fecha: Hasta el 8 de junio.
Precio: 16 a 22 €.
www.esmadrid.com/teatrofernangomez
Miguel Mihura ha hecho reír durante décadas al patio de butacas y a sus lectores, pero ante todo era un romántico empedernido. Es lo que demuestra este montaje de El caso de la mujer asesinadita, una obra estrenada en 1946 que el escritor madrileño firmó al alimón con Álvaro Laiglesia.
Llega en un momento en que teníamos ganas de ver alguna de sus obras sobre las tablas después de ese exitoso y festivo montaje titulado Las visitas deberían estar prohibidas por el código penal, que mezclaba alguno de sus personajes más famosos. Pero si algo hace especialmente atractivo este estreno es la presencia de la actriz Isabel Ordaz, que demuestra que el tono humorístico de Mihura le va como un guante.
Sobre la escenografía creada con acierto y detalle por Ricardo Sánchez Cuerda se dan cita el absurdo, el surrealismo, la sobrenaturalidad y, por supuesto, el romanticismo; elementos que junto a unos personajes un tanto particulares hacen de este un entretenidísimo espectáculo. Isabel Ochandiano, su directora carga las tintas en la gestualidad de los personajes, algo que se agradece, pues una vez que se da la vuelta de tuerca en esta historia entre el sueño y la realidad se necesitan buenos acicates para seguirla, más allá del tono sobrenatural que adquiere la pieza.
Como hemos dicho, la mayor baza del espectáculo es la protagonista, Isabel Ordaz, cuya gestualidad y manejo de la voz hacen que su personaje sea por momentos absurdo, tierno y pizpireto. Y es que su capacidad de conseguir la sonrisa del público es realmente sorprendente. Le acompaña con otra interpretación de lujo, Lola Baldrich, tremendamente creíble y perdida en su personaje.
Sin duda, las féminas son las estrellas de este espectáculo. El propio Mihura decía al respecto: "La mujer ha sido para mí un ser excepcional, que en vano he tratado de comprender. En eso ha consistido toda mi vida". Por eso intentó analizarla en obras como Maribel y la extraña familia (1959), La bella Dorotea (1963), Ninette y un señor de Murcia (1964) y en este texto en el que su protagonista, una señora aburrida a la que su marido parece no prestar atención, esta rodeada de cierto halo de amargura.
El caso de la mujer asesinadita es divertida sin llegar a ser brillante, pero la suma de todos los elementos es de chapeau, incluso la melancólica elección de la música de Cole Porter y Ella Fitzgerald, y de un vestuario que destaca sin estorbar. Simplemente brinda una deliciosa tarde-noche de teatro a costa de una historia con ese maldito vaso de leche que siempre trae cosas malas. Sino que se lo digan a Hitchcock.
LO MEJOR: La divertidísima Isabel Ordaz.
LO PEOR: Un poco de sobreactuación de las criadas.
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