LIBROS
Identificando el mal
@Esteban Hernández - 10/05/2008

TERROR SANTO

Autor: Terry Eagleton.
Editorial: Debate.
Páginas: 176
Precio: 17,90 €.
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El príncipe Carlos de Inglaterra suele referirse a este ex profesor de Cambridge y Oxford y actual docente de Teoría cultural en la Universidad de Manchester, como “ese terrible Terry Eagleton”. Y parece que su habilidad para encontrar contrincantes reconocidos con los que debatir públicamente no se limita a la realeza: el último caso, un sonado choque de trenes con el ex niño malo de la literatura británica, Martin Amis. Claro que donde más resistencia encuentran las posturas de este viejo marxista es en buena parte de sus amigos de la izquierda, que no ven con buenos ojos algunas de sus aseveraciones, como que “no es cierto, de acuerdo con cierta teoría libertaria ingenua, que la ley sea simplemente una forma de terrorismo. Es el ultraizquierdismo infantil el que imagina que toda ley es opresiva y que toda autoridad resulta detestable. Sólo aquellos que no necesitan de la protección de la ley pueden permitirse ser tan displicentes. Olvidan que la ley puede ser, además de un arma de los privilegiados, un escudo protector de los indefensos” (p.69).
Sin embargo, lo más importante de la obra de Eagleton está muy lejos de ese marchar contracorriente o de verse enredado en polémicas académicas. En la mayoría de sus textos (y es el caso) destacan dos cualidades que les hacen recomendables más allá de su temática; la primera es su estilo penetrante e ingenioso, además de su destreza a la hora de introducir la ironía en sus reflexiones; la otra tiene que ver con su capacidad para extraer conclusiones inesperadas de obras más o menos conocidas, con saber ofrecer a sus lectores nuevas y reveladoras visiones de viejos temas.
Y esas son las armas que aplica aquí al análisis del terror. Eagleton subraya que enfocaríamos el asunto incorrectamente si nos limitásemos a observar la amenaza terrorista como algo exterior, dibujado con los caracteres de la enfermedad y de la locura, de la sinrazón y de la obscenidad guerrera. Más bien, para entender su significado deberemos trazar un recorrido genealógico: recurre para ello al dios Dioniso o al Rey Lear, a San Pablo, Santo Tomás de Aquino, Conrad, Dostoievsky o Stendhal. No se limita a mostrar, por tanto, cómo el terror ha estado siempre presente en nuestras sociedades, en tanto mecanismo de control y resorte de legitimación del poder, sino que pretende mostrarnos cómo se llega a él; que se puede caer en esos extremos tanto para combatir el mal como para imponer el bien.
Es cierto que no todas sus intuiciones tienen la misma fuerza y que en ocasiones se deja llevar más de lo preciso por la misma corriente reductora que arrastra a pensadores como (la estrella pop de la filosofía) Slavoj Zizek. Pero eso no quita para que sus reflexiones no resulten habitualmente pertinentes. Y más aún cuando se trata de un autor que, desde la izquierda, insiste en resistirse al posmodernismo, a su creencia en que todas las certezas son dogmáticas, en que el mejor mundo es el fluido.
Por eso, no resulta extraño que el final de su libro consista, a través de personajes de D. H. Lawrence y Samuel Richardson, en perfilar el mal, o al menos una de sus expresiones más habituales y perniciosas. Porque Eagleton cree que si algo determinará nuestro futuro será la capacidad que mostremos para identificar qué ideas y qué formas de pensar contienen semillas de vida y cuáles hacen florecer la muerte.
LO MEJOR: Es una obra que incita a la reflexión exhibiendo un (socarrón) sentido del humor.
LO PEOR: Cuando fuerza sus ideas.
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