TEATRO
Lugares comunes del terrorismo

Todos los actores en escena.
@María José S. Mayo - 03/05/2008
LA PAZ PERPETUA

Dirección: José Luis Gómez.
Autor: Juan Mayorga.
Intérpretes: José Luis Alcobendas, Julio Cortázar, Israel Elejalde, Susi Sánchez y Fernando Sansegundo.
Lugar: Teatro María Guerrero. Tamayo y Baus, 4. Madrid
Teléfono: 91 310 29 49; tel-entrada 902 33 22 11.
Horario: M. a s. 20.30h; d. 19.30h.
Fecha: Hasta el 8 de junio.
Precio: 11 a 18 €.
cdn.mcu.es
El reino animal sirve nuevamente de metáfora sobre el salvajismo y la irracionalidad de la especie humana. Se logra a través de un autor, Juan Mayorga, y un director, José Luis Gómez, que ya lo hicieron anteriormente en Últimas palabras de Copito de Nieve o La tortuga de Darwin, e Informe para una Academia, respectivamente. En La paz perpetua, Mayorga, el dramaturgo más en boga gracias al último Premio Nacional de Teatro, cumple el desafío propuesto por Gerardo Vera y emprende la tarea de crear un texto sobre el terrorismo utilizando para ello a tres perros que compiten por formar parte de un grupo antiterrorista de élite.
Tal como reconoce Mayorga "la obra no habla tanto del terrorismo como de lo que sus enemigos podemos y de lo que no debemos hacer". Por eso sus canes evidencian los principales problemas que surgen a la hora de que los grandes mandatarios aborden el tema, una jauría en la que incluso se hacen pactos para eliminar al otro y que evidencia se da un verdadero terrorismo a la hora de intentar poner remedio al terrorismo. Pero el dramaturgo quiere incluir más temas e incluso se pone discursivo, especialmente a través de Emmanuel, el perro filósofo que saca a colación alguna de las reflexiones de grandes pensadores como Pascal o Kant -La paz perpetua es el título de una de sus obras-, y de esta forma mezcla muchas reflexiones sin llegar a ningún puerto y visitando muchos lugares comunes.
La obra es estática y poco fluida, por lo que la gran bestia de carga son los actores. José Luis Alcobendas despierta unas cuantas carcajadas con su naturalidad y desparpajo, Israel Elejalde está tan bien como habitualmente; y Julio Cortázar es quizá el menos rotundo. La escenografía es perfecta para lo que se cuenta y la dirección correcta, pero en esencia es el texto el que no aporta nada que ya sepamos o se intuya con facilidad.
Mayorga ha tropezado con la peor piedra que puede encontrar una obra de arte: que no tenga capacidad de sugerencia, que no despierte cosas en el espectador, y metido en lides como estas del terrorismo, que tan cerca vivimos, es algo difícil de perdonar. Aún así, pequeño pecadillo de un dramaturgo esencial que donde pone su pluma siempre consigue algo bueno.
LO MEJOR: Algunos detalles de las interpretaciones.
LO PEOR: Que se queda en los lugares comunes del terrorismo y en un discurso vacío.
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