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Zaplana, un animal político que se va sin haber dejado a nadie indiferente

Eduardo Zaplana PP

Zaplana, un animal político que se va sin haber dejado a nadie indiferente

El ex portavoz del PP en el Congreso Eduardo Zaplana a su salida del Congreso de los Diputados (Efe).

@Federico Quevedo.-30/04/2008 06:00h

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Dice de sí mismo que ha dado todo lo que ha podido dar allí donde se le ha pedido que esté, y alcanzado las metas que se le han exigido. Cuando en 1994, siendo entonces alcalde de Benidorm por la carambola de una concejala tránsfuga, José María Aznar le encargó que liderara el PP valenciano para arrebatarle la hegemonía al PSOE –entonces gobernaba la Generalitat Joan Lerma-, nadie daba un duro por este político al que unas escuchas ilegales y su amistad con Salvador Palop –implicado en el ‘caso Naseiro’- siempre situaron en una situación muy delicada.

Ayer por la mañana Eduardo Zaplana telefoneó a Mariano Rajoy, y aunque el líder del PP se imaginaba el motivo de la llamada, se hizo de nuevas. Se acababa, al menos temporalmente, la carrera de uno de los políticos claves para entender la historia reciente del PP. Zaplana comunicaba a su jefe de filas que abandonaba para incorporarse a Telefónica, refugio de peperos en decadencia, como delegado para Europa de la compañía y un sueldo entorno a los 600.000 euros. Ahí es nada.

Rajoy respiró, para que vamos a engañarnos: “Un problema menos”, debió pensar. Y le trasladó a Zaplana su más sincero afecto y los mejores deseos en la nueva etapa que Rajoy espera que sea larga y fructífera, porque lo contrario significaría que la suya es corta y poco provechosa. Luego, ante su Grupo Parlamentario, ensalzó las virtudes del portavoz saliente y el trabajo realizado. Lejos quedaban las vacaciones juntos en aguas de Palma de Mallorca en compañía de Jaume Matas. Muy lejos.

Su sucesora en el cargo tampoco ahorró elogios a su antecesor. Ya se sabe, a enemigo que huye, puente de plata. La ovación del Grupo fue unánime. Ni un solo diputado tuvo ayer palabras de reproche a su jefe hasta hace un mes. La alegría era lugar común en la casa del PP. La de unos, sincera, la de muchos, interesada. Pero lo cierto es que Zaplana deja un vacío importante en el partido y en el Grupo. El vacío que puede dejar alguien que nunca dejó a nadie indiferente, pero de quien todos saben que en cualquier momento puede volver a cruzar la puerta de hierro que separa el Congreso de la Carrera de San Jerónimo.

Piedras en el camino

La de Zaplana ha sido, sin lugar a dudas, una carrera fulgurante, repleta de éxitos. Tantos que desde las filas de sus adversarios, políticos y mediáticos, siempre se ha sembrado de dudas el camino por el que circulaba: dudas sobre su honorabilidad que nunca jamás han tenido reflejo en realidades concretas. Desde aquella cinta en las que el político valenciano Vicente Sanz afirmó que "estoy en política para forrarme”, pasando por sus vínculos con el ‘caso Naseiro’, hasta llegar a Terra Mítica, la izquierda ha hurgado hasta en lo más profundo de su intimidad en busca de un delito de corrupción que llevar al fiscal. Sin éxito.

En Valencia, medios de comunicación como el Levante-EMV pusieron a disposición de la estrategia del PSOE a un buen número de periodistas dedicados a escarbar allí donde hubiera una sola posibilidad de encontrar algo. Nada. Pero Zaplana cumplía con su primer cometido: en 1995 un joven político salido de una alcaldía, prácticamente desconocido para la mayoría de los valencianos, le ganaba las elecciones a Joan Lerma y mediante un pacto con Unió Valenciana daba al PP su primera victoria importante y antesala de las generales del 96. Además de abocar al PSPV a una crisis de la que todavía no se ha recuperado.

Zaplana repetiría éxito cuatro años después, con mayoría absoluta. Y es que en esos cuatro años anteriores la Comunidad protagonizó un despegue económico y social sin precedentes, y empezó a tutear a su vecina del norte, Cataluña. Este hijo de un oficial de la marina que perdió a su madre a los nueve años, casado con la hija de un rico hotelero de la zona, y padre por tres veces –uno de sus hijos aquejado de una enfermedad que lo incapacita para ser una persona normal-, cuenta que su primer mitin fue uno de Felipe González, pero que quien le atrapó de verdad fue Joaquín Garrigues Walker.

Juventud liberal

Zaplana militó en el Partido Demócrata Liberal: “Descubrí que se podía ser perfectamente demócrata sin necesidad de ser de izquierdas, cosa que en 1975 no todo el mundo tenía clara”, afirmaría Zaplana. Y en 2008, tampoco, cabría añadir. Zaplana dice que se lo debe todo a Joaquín Muñoz Peirats, y de él aprendió que “la diferencia que existe entre una dictadura de derechas y un centro-derecha liberal es la misma que existe entre una dictadura de izquierda y un centro-izquierda socialdemócrata”. El tiempo vendría a confirmar que esa diferencia es incluso mayor en el primer caso. De aquellos años, lo más significativo fueron las luchas por el poder en la UCD con algunos de los que luego compartiría filas en el PP, como el democristiano Arenas.

Liberal hasta la médula, lo que más le duele es que en esta legislatura que ha terminado haya pasado por un conservador de derechas, siendo él como es uno de los pioneros en, por ejemplo, admitir los derechos civiles de los homosexuales. Cosas de la política. Aznar lo llamó para ocuparse del Ministerio de Trabajo donde Javier Arenas dejó el pabellón bien alto, y él consiguió mantenerlo. Donde no acertó fue en la elección de su sucesor en la Comunidad Valenciana, no por la elección –Francisco Camps es ahora presidente de la Generalitat-, sino por pretender seguir influyendo en sus decisiones. Un error muy habitual en políticos de tanta personalidad.

El lío de Valencia

Eso le ha granjeado que en Valencia sea considerado entre la nueva clase política gobernante como una ‘persona non grata’ y que la guerra entre ‘campistas’ y ‘zaplanistas’ haya estado a punto de costarle un disgusto al PP. Una guerra en la que Rajoy tomó partido por Camps, seguramente de manera injusta para quien llevó al PP a lo más alto en la Comunidad, pero consecuencia inevitable de su propio afán por controlarlo todo.

Y es que, en eso, Zaplana también es genio y figura, siempre rodeado de los suyos: Mitsouko, su secretaria, Gonzalo Maluenda, su ‘secretario’, Gregorio Fideo, su ayuda de cámara, y ahora Elena Sánchez, su jefa de prensa probablemente para siempre. Y los que no estaban con él, estaban contra él, de ahí su afición a dejar que en su entorno creciera la cizaña.

De Trabajó, a portavoz del Gobierno, a Zaplana le tocó campear con la peor crisis de su carrera política, el 11-M. Antes había llegado a estar, incluso, en la carrera sucesoria, aunque muy retrasado respecto a Rato, Mayor Oreja y Rajoy, quien sería finalmente el elegido. De Rajoy era amigo hasta que, tras el 14-M y después de aceptar el cargo de portavoz y poner la cara para que se la partieran unas cuantas veces en esta legislatura, no perdió tampoco la oportunidad de conspirar cuanto pudo para cambiar las cosas en el PP, cosas que, según él, no iban nada bien. Opinión que mantiene tras el resultado del 9 de marzo, pero que nunca ha expresado en voz alta.

La hora de decir adiós

Ya antes del 9-M dijo que no seguiría como portavoz, pero tras la derrota fue el primero el dejar libre su hueco para que lo ocuparan otros, y lo hizo como le gusta hacer a él las cosas, dando que hablar, reuniendo a la prensa y diciendo las cosas para que todo el mundo pudiera leer entre líneas. Un paso atrás para dar paso, valga la redundancia, a la renovación. Y él, de diputado raso. Nadie se lo cree, es obvio. Quien ha sido tanto, no puede querer tan poco. Solo ha tardado unas semanas en aclarar su futuro, para satisfacción de quienes, en esta nueva etapa, le veían como un problema y un enemigo.

Tan es así que, queriéndolo o sin quererlo, ha estado en todos los mentideros estas semanas como impulsor de candidaturas alternativas a la de Rajoy, bien fuera la de Esperanza Aguirre, bien la de algún diputado cuarentón dispuesto a dar la batalla en defensa de la llamada ‘generación perdida’, encabezada por Alejandro Ballestero, Ignacio Echániz y Rafael Hernando, pero cuyas aspiraciones se han venido abajo una vez que la nueva portavoz ha repartido cargos y había, por qué no decirlo, para todos, incluidos ellos. Los tres buscaron el amparo de Zaplana, y ahora le dan la espalda cuando ya tienen lo que querían: protagonismo.

De hecho, dicen los próximos al ya ex diputado que las pocas probabilidades de que en el Congreso de junio pase algo significativo que no sea la continuidad de Rajoy es lo que le ha decidido a dar el paso definitivo de abandonar la política. Temporalmente. Este temporalmente se repite una y otra vez. Zaplana es un animal político. Como Rato en su día, buscará volver. Lo hará por la puerta grande o por la pequeña, o por ninguna si, como le ha pasado al ex director gerente del FMI, se las cierran todas. Mientras tanto, pondrá una pica en Flandes. O en Bruselas.

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Opiniones de los lectores (20)

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20. usuario registrado uno del comun30/04/2008, 19:29 h.

Leyendo el post nº4 del Portavoz del PP de la Región de Murcia, parece que se ha cometido una gran injusticia con el alcalde del PP de TorrePacheco y que el Sr. columnista del Confidencial es un submarino a las órdenes de Pepe Blanco.
Ahora bien, leyendo la prensa vemos que lo que ha pasado es que el alcalde del PP de TorrePacheco simplemente ha pasado de presunto delincuente en la carcel en espera de jucio a presunto delincuente en libertad en espera de jucio
¡El cambio no es tan importante Sr. PJCM!
Incluyo dos párrafos del artículo escrito hoy en la Verdad de Murcia que son significativos.

"La sala advierte asimismo que la prisión provisional acordada el 3 de abril por el juez de Instrucción no puede considerarse arbitraria, pues estaba debidamente fundamentada, y además señala que existían indicios que la justificaban.
"No hay un indicio solo, sino varios, y por ello estaba justificado este requisito", añade el escrito."

Conclusion una vez más PJCM nos intenta dar gato por liebre.

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19. usuario registrado puk30/04/2008, 16:01 h.

La salida de Zaplana de la política es tan ètica o tan poco ética, como la de Boyer, Solchaga, Atienza, Narcis.... Las reglas son para todos ¿o no? ¡Tenemos flaca memórica!

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18. usuario registrado manoto30/04/2008, 15:18 h.



pepvilencia,pero esta o no de acuerdo que fue un

"autentico picaro" de la politica a nivel nacional?

Ahora veremos en Telefonica,como utiliza su sentido de la picaresca.

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17. usuario registrado CAROD30/04/2008, 14:39 h.

Animal politico? cualquier es animal politico con buenos padrinos empezando por la familia Aznar , es un experto en confidencias e intrigas, felicito a Rajoy por darse cuenta lo peligroso y ambicioso que resulta este individuo, ni en Valencia , ni Madrid y menos en el resto del pais es bienvenido este personaje acostumbrado a la buena vida de 5 estrellas .

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16. Pepvlencia30/04/2008, 14:32 h.

Sobre el abandono de Eduardo Zaplana de la politica, y su nuevo cargo, ustedes hacen unos comentarios que dejan leer entre lineas que las dudas sobre su honestidad, las amistades turbias, la poca moral civica de don Eduardo, nunca se han podido verificar realmente, aunque el PSOE lo ha intentado. Entre lineas no se lee, la accion periodistica; si dudas han existido y existen no es muy etico que los periodistas no hagan investigacione. Ustedes(los periodistas en general) saben, pero nunca muerden la mano del amo que les da de comer, poco les importa engañar por omision, esconder o manipular al ciudadano de a pie que no goza del privilegio de estar en relacion directa con las elites. No es una perdida que personajes de ese calibre se vayan, esperemos que no vuelva. Cordialmente

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