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La metamorfosis de Mariano

@Juan Carlos Escudier - 26/04/2008

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Dicen que Mariano Rajoy ya no es el que parece. Afirman que el indolente líder, todo bonhomía, más interesado en la Dauphiné Liberé que en el Estatuto de Cataluña, feliz entre el humo de un Edmundo de Montecristo, desconcertante por su capacidad para abstraerse de la política como el actor que regresa a sus rutinas al concluir la función, es una especie de Gregorio Samsa, el metamorfoseado personaje de Kafka que por la noche se acostó siendo un viajante de comercio y al día siguiente no pudo levantarse por el peso de su caparazón de escarabajo. De ser verdad la historia, Rajoy nos habría tenido muy engañados: no era la Cenicienta vaga del cuento sino una madrastra fea y con verruga, tal sería su despiadado y gélido corazón. Una “mala persona”, en expresión de uno de sus ex colaboradores.

Partiendo de este supuesto, de la transformación del ingenuo gallego con retranca en un Maquiavelo compostelano de ala dulce y homicida, que diría Miguel Hernández, cabría reinterpretar los últimos acontecimientos del Partido Popular, como quien descubre que Caperucita Roja, en realidad, no era una pobre y estúpida niña que cantaba alegremente por el bosque con su cestita, su tarrito de miel y sus puñetas sino una agente de la CIA buscando lobos de Al Qaeda. En efecto, el cuento habría cambiado radicalmente.

Empecemos de nuevo. El malvado Rajoy concibe un plan para perpetuarse en la dirección del PP sea cual sea el resultado de las elecciones aunque, forzado por su mente retorcida, lo salpimenta con unas pizcas de sadismo. El primero en sufrirlo es el portavoz Eduardo Zaplana, con quien meses atrás ha surcado el Mediterráneo y junto al que ha sentido la brisa en la cara y el intenso olor a salitre de un mar adormecido, una experiencia que suele unir incluso a los piratas más feroces. A Zaplana, que se ha manchado el traje de Armani en batallas parlamentarias absurdas sin discutir jamás una sola orden, le humilla Camps cerrándole las listas valencianas. Rajoy lo permite complacido. No le cuenta sus planes. Le deja cocerse en el fuego lento de su silencio, hasta que termina acogiéndole como al hijo pródigo que no regresó jamás porque nunca se había ido. El ungüento para sus quemaduras llega tarde y mezclado con vinagre.

Para ganar las elecciones, el PP necesita de revulsivos, pero Rajoy no es de los que buscan por el temor a encontrar. A Rato lo descarta mentalmente no fuera a ser que la guinda quisiera ser la tarta. En su lugar opta por Juan Costa, de la cuerda de ese señor tan famoso del FMI al que no quiere ver ni en pintura. Costa, o sea, ha sido ministro pero nadie se acuerda; estaba ganando unos duros de director general en Ernst & Young Abogados, y lo pone a encuadernar programas electorales.

De Aznar le llega Pizarro, el héroe de Endesa, podrido de dinero y con facultades para hacer cualquier cosa menos para medirse con Solbes y pedir austeridad en tiempos de crisis. Nunca de la terquedad se pudo hacer virtud. Pizarro iba de Agustina de Aragón y termina abrasado como Juana de Arco.

Saturno no contempla devorar a sus hijos, que además ya están creciditos y tienen mucho peligro. Simplemente, los desactiva. Juega con Ruiz-Gallardón, de cuyo futuro vivía pendiente el mismísimo Aznar por ver si con su movimiento de alfil Ana Botella coronaba como alcaldesa. El alcalde piensa que todo está hecho cuando recibe la citación para ir a Génova, pero allí se topa con Esperanza Aguirre, que ha caído en la trampa y ha descubierto sus cartas. La lideresa iba a por lana y termina trasquilada. Ninguno será candidato, dos por el precio de uno. Sin delfines a la vista y salvo debacle inopinada, Rajoy se sucederá a sí mismo. Ese emperador tan parecido a Claudio empieza a parecerse a Nerón en el manejo de la antorcha.

Las elecciones concluyen con esa victoriosa derrota bien conocida. Las imágenes engañan. El abrazo de Viri en el balcón de Génova no significa ‘venga Mariano, vámonos a casa’. La señora de Rajoy tiene su corazoncito, y su ambición, para muchos sorprendente. Y Mariano aguanta, según lo según lo previsto. Queda tiempo, incluso, para el relax en la playa. ¡Qué bien saben los habanos a la orilla del mar!

Una semana después Rajoy deja caer el último pétalo de la margarita. Se presenta, claro que se presenta, y anuncia que lo hará con su equipo, aunque por el momento nadie sabe quién forma parte del mismo. Juan Costa se cree uno de ellos. Aspira incluso a ser el portavoz parlamentario, y por eso no le sorprende la llamada de ese maestro de periodistas llamado Antonio García Ferreras, capo de La Sexta, un hombre hecho a sí mismo, en cuya meteórica carrera jamás influyó su amistad con Zapatero. Es cierto que Ferreras tuvo un desliz cuando, iluminado por su mentor, Florentino Pérez, convirtió a Ángel Acebes en sucesor de Aznar por los micrófonos Cadena Ser, pero aquello era agua pasada. Ahora lo sabía de buena tinta: “Felicidades, Juan. Sé que vas a ser el portavoz”.

Al día siguiente se anunciaba que el purpurado parlamentario había recaído en Soraya Sáenz de Santamaría. Por la tarde, Costa recibía la llamada de Rajoy. “Oye, Juan, que si te animas a ser el portavoz adjunto de Soraya”, le preguntó. “Pues, mira, casi no”, le respondió el interfecto aturdido por el recochineo.

Una situación similar se disponía a vivir Pizarro, con el agravante de ensañamiento. Colocado en el firmamento de los populares tal que estrella rutilante, el de Teruel se vio precipitado a tierra como una lágrima de San Lorenzo. Podía esperar cualquier cosa menos escuchar aquella frase que sonó a broma pesada. “Bueno, Manolo, ¿y ahora qué piensas hacer?”, le preguntó Rajoy palmeándole la espalda. “Pues no lo sé; esperaba que me lo dijeras tú”, le contestó. Y hasta más ver.

El apocado Rajoy, el hombre carente de autoridad, incapaz de dar un puñetazo en la mesa por no estropear el barniz, el bon vivant complaciente, se ha puesto la careta de sátrapa. “Cualquiera menos Rajoy”, comienzan a pregonar algunas de sus víctimas. Pero ya es demasiado tarde. Esperanza Aguirre, y su artillería mediática, le duran un par de telediarios. Hasta el inefable Ramírez, que ha hecho un alto en su búsqueda de agujeros negros del 11-M –la verdad, te sigue llamando, Pedro-, se sorprende de que aquel ser que tan nervioso le puso porque en su entrevista de dos semanas preguntaba por los resultados de fútbol en vez de conspirar de política con él, se exhiba como una fortaleza inexpugnable.

Rato, que si es verdad lo que se cuenta vela sus armas y ha pedido a los suyos que aguanten en sus escaños, no da crédito. Igual le ocurre a Aznar, que no pierde la esperanza de que Ana termine llevando a casa el báculo municipal. Mientras Rajoy lee su propia historia en un viejo libro de 1915: “Cuando Gregorio Samsa se despertó una mañana después de un sueño intranquilo, se encontró sobre su cama convertido en un monstruoso insecto…”. La metamorfosis se ha completado.

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Opiniones de los lectores (21)

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21. usuario registrado albertovz27/04/2008, 22:03 h.

¿El Dr. Jeckyll y Mr. Hyde...?

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20. usuario registrado martes carnaval27/04/2008, 11:21 h.

Como a mí gusta tener la intención de procurar aproximarme a un conato de lo que puede ser considerado justo, le recomiendo, Escudier, la lectura de dos artículos de Quevedo de 17 y 18 de enero, "Rajoy y el león de invierno". Mis desencuentros en los últimos días con Quevedo no me impiden quitarme el sombrero ante una semblanza de Rajoy que ya entonces me pareció sobresaliente, pero que hoy tiene el valor añadido del pronóstico cumplido.

Dice Quevedo:

"Como en El leon en invierno, todo esto ha sido un juego de engaños, mentiras y traiciones. Pero Rajoy ha manejado sus armas, y ha conseguido algo que parecía imposible: hoy por hoy, y después de la decisión del pasado martes, ya no hay nadie en el PP que le haga sombra, nadie que pueda poner en duda su liderazgo después del 9 de marzo, tanto si gana –en ese caso por supuesto-, como si pierde".

Relea Vd. los artículos. Recomendación que hago extensiva a mis compañeros foreros.

"No se gobierna inocentemente". "Ni se lidera la oposición", parece ser el lema que se superpone al escudo de armas de Rajoy. La crueldad con un fin, si no es menos cruenta, sí es más autoasumible.

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19. usuario registrado Vicente Torres27/04/2008, 10:27 h.

Yo no creo que las cosas sean como las cuenta Escudier. Por motivos coyunturales, Aznar pudo lograr el absoluto control del partido. Ése no es exactamente el caso de Rajoy, que ha recibido una herencia envenenada. Fue elegido digitalmente por Aznar y perdió las primeras elecciones por culpa de Aznar. Tuvo que soportar el equipo de Aznar y cuando ha querido desprenderse de él, para formar el propio, surgen todos los inconvenientes propios del modo en que fue elegido.
Quizá Rajoy sea el mejor candidato entre quienes están a la vista. Pero sería mejor para todos que el sistema electoral fuera de otra forma, con listas abiertas, por ejemplo, que propiciara una mayor democratización de los partidos.
Pedro J. y Federico van a la suya, a lo que les conviene a ellos.
http://xpuntodevista.blogspot.com

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18. usuario registrado Tadeoteveo26/04/2008, 20:51 h.

Yo creo que el PP, enfoca equivocadamente la cuestión, lo que le dará la victoria en las próximas elecciones es poner gente válida al frente de las comunidades que flojean. Flojea en Cataluña, en Aragón, en Andalucía y Extremadura. Creo que Arenas es válido y está remontando rápido, pero en Cataluña, lo siento, el partido es un auténtico desastre, la actual dirección con o sin los Fernandez, tiene un techo que no superará nunca.
No hay que culpar a los catalanes como hacen muchos foreros con una simplificación pasmosa, hay que culpar al partido, en primer lugar al PPC y seguidamente a la dirección de Madrid por no hacer los deberes.
Puede hacer todos los cambios que quiera en la dirección de Genova pero si sigue sacando 8 diputados en Cataluña, lo tiene crudo. ¿Tan difícil es de ver eso?
Hacer de travestí ideológico no acostumbra a dar buenos resultados, pero dejar que un buen líder catalán haga su trabajo, sí. Ese trabajo es poner al PPC en su lugar correcto, como oposición al PSC, no como oposición a ERC. Ese líder es Montserrat Nebrera, y ese trabajo lo puede hacer ella muy eficazmente, pero parece que no se ha hecho la miel para la boca del Asno. Es solo una opinión.

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17. usuario registrado J&L26/04/2008, 17:22 h.

Carnaval. Estoy de acuerdo con su opinión. Creo que Rajoy tiene sobre el tablero algunas cuestiones pendientes de aclarar a sus votantes, posibles o ya ganados.
- Mantener la misma postura ante el estatuto catalán, que tuvo en la anterior legislatura y, esa postura aplicarla por igual a todos los demás estatutos, sea el valenciano o el andaluz, el gallego o el vasco.
- Demostrar que se opuso por principios morales de partido político a algunas leyes de la legislatura pasada, manteniendo ahora los mismos aegumentos y explicando que hará si toca púrpura.
- Explicar a sus votantes que tienen que aceptar que ÉL es la mejor opción del PP y que no debemos por tanto aspirar a algo mejor porque no existe.
- De paso, aún no lo ha hecho, pues se ha limitado a aceptar la victoria del PSOE, algo obligado, dar una explicación coherente de por qué cree que, si en una legislatura como la pasada con semejante desastre de gobierno, no ha sido capaz de ganar unas elecciones, por qué debemos esperar que sea EL quien pueda ganar las siguientes.
¿Porque se va a limitar a esperar a que todo vaya, como se supone, a mucho peor, o porque la voz que le derribó del caballo le ha hecho ver la luz?.

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