CON LUPA
Simplemente Rivero, o cómo salir de Francia con el rabo entre las piernas
@Jesús Cacho - 21/04/2008
Con el rabo entre las piernas y con ayuda de Rodríguez Zapatero. He aquí un Gobierno entregado a la tarea de salvar los muebles de un grupito de millonarios metidos en camisa de once varas en país extranjero, ejemplo de lo que no debería ser y hacer jamás un Ejecutivo dizque democrático en una sociedad moderna, desarrollada y también supuestamente democrática. Y he aquí también unos empresarios que no saben crear empresa sino a la sombra del Poder político, corrompiendo a los políticos, convencidos de que es mucho más fácil hacer negocios con la ayuda de la Moncloa que compitiendo en un mercado abierto y a cara de perro. Capitalismo del subdesarrollo. Capitalistas de mentirillas. Franquismo puro y duro.
Porque esos son los orígenes de Luis del Rivero, un pata negra del PP murciano, íntimo de José María Aznar (como lo es -al menos fue- su socio Juan Abelló), convertido, por uno de esos divertidos guiños que de vez en cuando ofrece un país a medio cocinar como España, en empresario modelo del zapaterismo, un hombre que durante la pasada legislatura entraba y salía de Moncloa –y más concretamente de la Oficina Económica del Presidente del Gobierno- como Pedro por su casa. Estamos ante uno de esos problemas históricos de los españoles que la llegada de la democracia no solo no ha sabido resolver, sino que en cierta medida ha contribuido a exacerbar: la permanente colusión entre lo público y lo privado, origen de casi todas las corrupciones que hoy enseñorean la vida española.
Porque naturalmente tener a un Gobierno a tu disposición, presto a correr en tu ayuda a la menor llamada de socorro, siempre dispuesto a enmendar por vía diplomática tus groseros errores de cálculo –cuando no la vulneración lisa y llana de la legislación mercantil francesa, como ha ocurrido en el caso de Eiffage-, no es barato, no puede resultar gratis total, que eso tiene un precio y se llama corrupción. En la España acrítica y anestesiada de nuestros días, ese cáncer reside básicamente en Madrid y está radicado en un grupito de millonarios que viven de la tarifa y/o la concesión, casi una excepción a la regla de esos miles y miles de empresarios que, en un mercado abierto, compran, venden, producen, compiten, pagan sus nóminas y hacen empresa al margen del Gobierno de turno.
Porque no hay noticia de que Amancio Ortega haya levantado su imperio de Inditex acudiendo un día sí y otro también a tomar café en Moncloa, ni que Moncloa haya intervenido en la solución de alguno de los innumerables conflictos de todo orden con que la red de Zara tropieza todos los días a lo largo y ancho del mundo. Tampoco hay noticia de que el Gobierno intervenga cada vez que a un fabricante de máquina herramienta de Eibar o de Coslada le birla un cliente la nueva competencia del sudeste asiático. En el caso que nos ocupa, sin embargo, el señor Del Rivero, o simplemente Rivero, en connivencia delictuosa con el Gobierno Zapatero, se atrevió a intentar el asalto al BBVA para desestabilizar a su presidente, que no es lo que se dice un hooligan de ZP, en uno de los episodios más escandalosos de la pasada legislatura, y en una aventura de la que los asaltantes salieron con unas plusvalías de ciento y pico millones de euros. ¿Todo para Del Rivero y sus socios?
Convertido en íntimo del nuevo ministro de Industria, Miguel Sebastián, el señor de Murcia entró después en el capital de Repsol en una operación política dirigida también desde Moncloa. Y ya puestos, y como el dinero era abundante y barato, que a los bancos les salía por las orejas, Del Rivero, o simplemente Rivero, se animó a cruzar los Pirineos con la intención de echarle el guante a una constructora francesa que se había adjudicado en pública subasta la concesionaria de autopistas APRR, viejo objeto del deseo del de Sacyr. Y ahí cometió el de Murcia un error de bulto, al pretender exportar a Francia las artimañas –tal que mover la cotización de la acción con dos duros, mientras la CNMV de Arenillas mira hacia otro lado- aprendidos en la perenne España del Lazarillo, al actuar de manera concertada con un grupo de naranjeros levantinos amigos, con los que pretendió hacerse con la mitad más una de las acciones representativas del capital de Eiffage.
Y no es que Francia sea ejemplo de nada; muy al contrario, representa hoy lo peor, o casi, de esas economías de la UE maniatadas por el reglamentismo y el proteccionismo gubernamental. La propia solución, esa task force montada por el Eliseo para comprar el 33,3% de Sacyr, es en sí misma una auténtica vergüenza desde un punto de vista del libre mercado, un ejemplo típico de intervencionismo político. El caso es que a Del Rivero, qué se le va a hacer, le pillaron con el carrito del helao por las riberas del Sena, y es que los malditos gabachos no llegaron nunca a comprender que aquello no era concertación, no señor, porque en España todo el mundo sabe que la mayor ilusión de cualquier agricultor murciano que se precie, propietario de media hectárea de naranjos y limoneros, es convertirse de mayor en accionista de Eiffage, que es algo que le hace mucha ilusión a la suegra de uno.
Al rescate ha tenido que salir el Gobierno Zapatero, y la sospecha extendida es que, a cambio de salvar los muebles de Del Rivero, Abelló y cuatro más, la Moncloa puede haber adquirido compromisos demasiado gravosos para el futuro energético español, léase Iberdrola. El señor con el rabo entre las piernas ha salido escaldado de Eiffage y con unas pérdidas de cerca de 160 millones de euros, entre intereses de la deuda y pagos a asesores, bufetes y conseguidores varios. Y está por ver que haya logrado dar esquinazo al banquillo. Sacyr es hoy una empresa en grave riesgo, asediada por una deuda que supera en cuatro veces su capitalización bursátil. Me cuentan quienes han hablado con él estos días que el personaje ha salido touché de la aventura, “porque además de perder dinero, este cabrón [Roverato] se ha salido con la suya”. Es lo que tiene meterse en la cama con la política: que uno puede salir rico del lance, pero también sucio y asqueado.
Enlaces patrocinados
Opiniones de los lectores (36)
36. Suave21/04/2008, 18:31 h.
Ok. Creo que ahora te he entendido y nada que objetar. No me voy a extender más en el tema porque no merece la pena. Y de acuerdo, los informes de Banco de España son breves, con excasa literatura y con resumen al final. Lo bueno si breve...
35.
cabo ortegal21/04/2008, 18:18 h.
En El Confidencial,el unico que puede y no lo utiliza silenciar es el administrador del sistema.
Por lo tanto,yo personalmente no quiero silenciar a nadie.Me permito y El Confidencial me deja opinar,tambien.
Por eso me parece poco serio que estos Sres Pistofilos utilicen tanta literatura,alguien ha dicho esoterica,para criticar a tutti cuanti.
Al menos,para los que no les leemos integramente podian,al final resumir su pensamiento.Hay veces que ellos mismos se contradicen,lo cual es logico al escribir tanto y tan deslabazado ocurre eso.
Lo dicho Suave,gracias pero no olvides en El Confidencial,especialmente los registrados,nos dejan escribir cuanto y como deseemos,es una de las buenas cosas de El confidencial
34. Suave21/04/2008, 18:13 h.
Cabo Ortegal: a mí no me va lo de pisitófilos, COINCIDO en su tesis; espero que entiendas la diferencia. Lo que yo no entiendo es por qué algunos quereis silenciar a quién no piensa como vosotros, supongo que es porque sois parte interesada o bien porque por esas latitudes ideológicas el talante se pierde.
33. Riberiano21/04/2008, 18:07 h.
Sr Cacho, estoy muy de acuerdo con el fondo de su artículo, es decir, en este confabuleo político empresarial que tan extendido por España que ya ni nos escandaliza. Sin embargo, y para no variar, usted introduce un sesgo partidista que no obedece a la realidad, puesto que, al igual que en corrupción urbanística, tanto PP como Psoe tienen poco de lo que sacar pecho y mucho que callar. Además, creo que es usted quien dice que ese pseudo empresariado se aglutina en Madrid, y no creo que ello obedezca solamente a la cercanía de La Moncloa, tal vez también tengan mejor acomodo "político" en esta que en otras Comunidades... Por cierto, no sé si el apellido del protagonista de la historia le ha jugado una mala pasada, pero hasta donde a mi me enseñaron, un río tiene Ribera, no rivera.
32.
idusdemazro21/04/2008, 17:38 h.
Rivero es otro ejemplo del precapitalismo español: Un señor atrevido por su jeta, se apadrina bajo el politico el cual le hace el trabajo sucio; relacionado con el poder, hace negocios sin riesgos: ya sacará el politico al empresario del atolladero.
El equipo de redacción revisará las opiniones para evitar la difusión de comentarios no apropiados o insultos. El horario del foro es de 07:00 a 23:00 h, con horario restringido a los invitados de 10:00 a 19:00 h. Fuera de ese horario no se incluirán opiniones.
Otros artículos de este autor
¿Pondrá Bibiana firme a Emilio, exigiendo la paridad de sexos en el Santander?(14/04/2008)
“Mamá, no te lo vas a creer, pero me han hecho ministra”(12/04/2008)
El ICO, el dinero de todos y la pasta de algunos(08/04/2008)
Otros artículos de opinión
Caso Mondragón: Garzón prevarica, pero el responsable se llama Zapatero Federico Quevedo
En tiempos de crisis, política de plató Javier Benegas*
Todos los derechos reservados © Prohibida la reproducción total o parcial
![]()