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CINE

De la imposibilidad de adaptarse

De la imposibilidad de adaptarse

@Nacho Gay - 18/04/2008

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MIL AÑOS DE ORACIÓN


Dirección: Wayne Wang.
Guión: Yiyun Li.
Fotografía: Patrick Lindenmaier.
Música: Lesley Barber.
Intérpretes: Faye Yu, Henry O, Passa Lychnikoff, Vida Ghahremani.
www.karmafilms.es/milanosdeoraciones

Mil años de oración supone el retorno de Wayne Wang, cineasta difuso, dispar y de filmografía ilegible, a sus orígenes chinos y a la temática obsesiva de la primera parte de su obra: el conflicto identitario y cultural que sufre todo inmigrante oriental a su llegada a América. Así que quizá cabe interpretar esta película como la confirmación irrefutable de un aislamiento perpetuo, un quiero y no puedo, una incapacidad declara de adaptación; la que padece el propio Wang desde su desembarco en Hollywood, donde ha dinamitado, en cierto sentido, una prometedora carrera.

Junto a títulos para olvidar, como Sucedió en Manhattan o Mi mejor amigo, es cierto que Wang ha filmado en Estados Unidos cintas de cierta entidad como el díptico que forman Smoke y Blue in de face, que elaboró junto al escritor Paul Auster. Quizá eso tuviera algo que ver con que Mil años de oración saliera el pasado año de San Sebastián con la Concha de Oro, imponiéndose a películas como Promesas del este, del viejo Cronenberg. Y es que el propio Auster fue el presidente del jurado en dicha edición.

De todos modos, no hay que restarle meritos a una película como esta: austera, minimalista, de ritmo lento y dirección funcional, narrada con una admirable contención y palmaria coherencia interna. Bien es cierto que, llegado el tercer acto, a Wang se le acumulan los secretos a desvelar y los golpes de efecto, desvirtuando así parte de su apuesta narrativa y formal, al menos la que toma de partida.

Aun con todo, hay en esta cinta una visible vocación por trabajar el texto desde el subtexto, a lo que ayuda la creación de personajes poliédricos y complejos. Fundamentalmente, los dos protagonistas: una joven inmigrante china que ha olvidado parte de sus raíces y el anciano padre que la visita y se ve incapaz de adaptarse a los usos y costumbres de la América postmoderna. Ese conflicto familiar, cultural y de identidad se convertirá en el centro gravitatorio del discurso de Wang, fiel reflejo de sus obsesiones. Obsesiones que son producto, quizás, de su propia experiencia al otro lado del Atlántico.

Lo mejor: el resurgir del director.
Lo peor: que Wang no dice nada que no hubiera dicho ya en películas anteriores.

Criterio de valoración:
Obra maestra.
Muy buena.
Buena.
Interesante.
Regular.
Mala.

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