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TRIBUNA

El PP ante sus electores

José Luis González Quirós - 16/04/2008

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A primera vista, el lío por el que atraviesa el PP parece consistir en que ha perdido las elecciones. Pero, si se mira con más atención, la cosa cobra un aspecto bastante más inquietante: no se trata solo de haber perdido, sino de que no está claro qué habría que hacer para ganar. Su situación actual es inversa a la existente a finales de los ochenta, cuando se hizo evidente que con Fraga no se iba a ninguna parte, porque ni había electores ni se sabía cómo encontrarlos. Aznar supo entonces reorientar el partido, hasta que llegaron los triunfos. Ahora hay electores -más de diez millones-, pero no está claro que el partido vaya a saber estar a la altura de lo que de él se espera. Si sus dirigentes no aciertan a cumplir con su obligación, el electorado se disolverá, porque no se puede repetir el milagro de mantenerlo sin otro programa que la oposición a todo trapo frente a un supuesto incompetente que, visto lo visto, no lo parece tanto.

La derecha ha aprendido bien la lección de la debacle de UCD y profesa un santo temor a la desunión y al caos. Sin embargo, como dijo Adolfo Suárez, homenajeando a Roosevelt, no hay que tener miedo al miedo. Ese miedo de segundo grado puede paralizar la energía política de un partido y acabar convirtiéndolo en una suerte de gran bazar oportunista en el que unos brujos supuestamente sabios manosean su bola de cristal para ofrecer al elector lo que más se lleva esta temporada. El PP debe huir de esa tentación como de la peste, y debe aprestarse a debatir en su seno las grandes cuestiones que afectan a la Nación y preocupan a los españoles, para terminar formulando un programa político que no sea un simple refrito de ideas viejas y/o de otros.

Desde el punto de vista sociológico, ni la derecha ni la izquierda son uniformes. Por lo que se refiere a la primera, se trata de un segmento irreductiblemente plural, algo que el partido que le representa debe tener en cuenta. Por simplificar, los electores del PP se sitúan en torno a tres ejes no excluyentes: conservadores/reformistas, populistas/liberales y cristianos/laicos. Además de esa triple referencia, comienza a aparecer también en el PP, como era inevitable, un nuevo factor de complejidad relacionado con la división territorial, algo que, si no se acierta a contener, puede arruinar cualquier proyecto del centro derecha.

El PP tiene que saber formular políticas que resulten atractivas a tal conjunto de sensibilidades. Cuando ese trabajo no se hace bien, el partido tiene que refugiarse en el eufemismo o abandonarse a la improvisación. La ausencia de debate interno, como la formulación de políticas simplistas o poco elaboradas, produce una sensación muy parecida al oportunismo, y no logra evitar la tendencia a los bandazos. En tales circunstancias, no tiene nada de extraño el grado de rechazo que, una y otra vez, el PP sigue cosechando en las encuestas. La apariencia de indefinición y la disonancia son estímulos potentes a favor del adversario, como lo son, por otra parte, las peleas basadas en personalismos o las divergencias artificiales fundadas precisamente en eso. Cuando los militantes y los electores sienten que se les da la espalda, comienzan a desertar, siendo muy difícil después recuperarlos.

En los días, especialmente duros, que transcurrieron entre el 11 y el 14 de marzo del 2004, los dirigentes del PP no acertaron a dar la sensación de que la tragedia colectiva era más importante para ellos que el riesgo político que estaban corriendo. Cumplieron ejemplarmente con su deber, pero su imagen quedó enormemente maltrecha. Los partidos tienen esa clase de problemas: a veces se olvidan de lo que pasa en el exterior y se entregan a una minuciosa trifulca interna en la que lo que se ventila es el narcisismo de unos personajes gravemente confundidos sobre su real relevancia e importancia.

El PP tiene ante sí una ocasión decisiva: puede recuperarse y partir de la sólida base que ahora tiene o correr hacia el abismo. Debe tomarse en serio a sí mismo, a sus principios y a sus militantes, para poder ofrecer un programa al día, riguroso, atractivo, valiente y explícito, sin resignaciones, como ha dicho Esperanza Aguirre. Debe también plantearse quién es el líder más adecuado para esta nueva etapa y tratar de arroparlo con el mejor de los equipos posibles. Y si no quiere acabar peor que mal, Rajoy tiene que propiciar un gran congreso en el que las cosas se debatan a fondo y en el que se masque la libertad y no la obediencia. Es el momento de la gran política. El futuro de éste o aquél dirigente importa un pimiento. Lo que está en juego es si los españoles tenemos derecho a elegir un futuro diferente, o hemos de limitarnos a esperar el final por consunción de quien ha ganado, por segunda vez, las elecciones generales.

José Luis González Quirós es analista político.

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Opiniones de los lectores (17)

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17. usuario registrado JFCO16/04/2008, 21:23 h.

Aquí se han dado opiniones,y estoy de acuerdo, de que el PSOE ha ganado las elecciones porque se ha puesto del lado delnacionalismo periferico, y el PP las ha perdido por lo contrario, aquí mi analisis no coincide. Hay ya muchas voces sensatas que nos alertan sobre el despilfarro que suponen la descentralización tan impresionante que se ha hecho con las autonomias, y el ejemplo de Alemania que está recuperando competencias nos habla bien a las claras de por donde van los tiros. Yo creo que el PP no tiene un mensaje claro en el tema de las autonomias y de la cohesion del pais y por eso no cala en la sociedad. Si el PP quiere ser referente debe tener en toda España el mismo mensaje, desgraciadamente con estos dirigentes no se va a lograr, Fraga se hizo más nacinalista que nadie con el gallego, Camps y Arenas idem de idem . El PP ha querido estar al plato y a las tajadas y eso estaba bien con un PSOE que pensaba en nacional. Con un PSOE que despues de su analisis para mantenerse en el poder, hizo suyas las reivindicacionnes perifericas, el PP debería haber mantenido bien claro su mensaje de solidaridad nacional. Se ganará o se perderá, pero la gente sabrá d. mirar c. vengan mal dadas

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16. usuario registrado Tadeoteveo16/04/2008, 20:53 h.

La forma de resolver el problema territorial del PP es pasar de la España cuadrupolar a la España bipolar.
Actualmente hay cuatro polos de atracción electoral españolismo-naconalismo-izquierda-derecha y hay que pasar a una bipolarización izquierda-derecha, donde la derecha que acostumbra a ser mas eficaz gestionando, materialice estas ventajas, aliada al nacionalismo moderado periférico de derechas que es mayoritario.
Rebajando la rivalidad españolismo-nacionalismo, se desactiva el nacionalismo radical, de ambos lados, que es lo que siempre practicó Jordi Pujol y lo que dió la posibilidad de acceder al poder a Aznar que se acomodó a esa práctica durante su primera legislatura.
Eso es lo que quiere por ejemplo la monarquía. Es lo que quieren decir muchos, sin saberlo, cuando hablan de un PP de Centro. No, lo que quieren es un PP de derechas, a secas, sin su vertiente tradicional españolista, un PP neutral que aplique la Constitución de una forma no restrictiva y que no tache a los nacionalistas de chantajistas cuando tras 25 años aún hay un montón de transferencias pendientes a las comunidades autónomas históricas.

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15. usuario registrado Tadeoteveo16/04/2008, 20:22 h.

Señala, Sr. Quirós, la cuestión territorial como una amenaza futura y creo que se queda corto. La cuestión territorial ha sido pieza básica para la derrota electoral del PP.
El PP se declara antinacionalista periférico, pero practica una dialéctica nacionalista-españolista. Cataluña no puede ser nación porque lo es España, no hay lugar para patrias chicas, ni cantando Aquello de Asturias patria querida....
En cambio el PSOE, ha sido mucho mas flexible en las formas y ha dejado hábilmente que los dos nacionalismos se enfrenten y ha buscado un punto de equilibrio, precario pero muy eficaz que le hace obtener, en las generales un apoyo de facto de los nacionalismos periféricos de muchos electores que no quieren un gobierno del PP por las razones expuestas.
En las autonómicas catalanas, no se olvide, sin tener el Gobierno, gano CiU, por lo tanto hay un trasvase de votos evidente.
Si el PP sigue empeñado en imponer su "nacionalismo" al de las comunidades autónomas históricas, siempre le faltará un..¡ay!...para ganar las elecciones.
Para un miembro del PP catalán, Cataluña ha de ser tan sagrada como España. Cuando se menosprecia a Cataluña o a los catalanes ha de salir en su defensa

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14. GABRIEL FIDALGO CID16/04/2008, 18:34 h.

Tanto como perder las elecciones quien de verdad las ha perdido es el Sr.Llamazares, el PNV, ERC, y algunos más. Pero, el resultado aún perdiendo el PP para no poder gobernar no es menos cierto que no ha sido una pérdida electoral catastrofica para el Sr. Rajoy sino todo lo contrario. Dicho esto, pues claro que cualquier afiliado puede ser candidato y así les ha invitado el propio Sr. Rajoy a los que quieran hacerlo. Otra cosa es que el Congreso del Partido conceda los votos por mayoría a otra candidatura que no sea la que el Sr. Rajoy encabece. Razones: no haber perdido ni un solo voto del que tuvo en las pasadas elecciones sino que ha obtenido algunos más. Las cuestiones ideológicas si es que existen se presentan en forma de enmiendas, se debaten y se aprueban en él si así convienen.

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13. Josué16/04/2008, 17:32 h.

Exacto

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