MIENTRAS TANTO
Solbes vs Sebastián: segundo asalto
@Carlos Sánchez - 12/04/2008
A nadie se le escapa que el nombramiento de Miguel Sebastián como ministro de Industria tiene una primera -y fácil- lectura. El vicepresidente Pedro Solbes vuelve a tener al ‘enemigo’ dentro de casa. Pero esta vez con galones de ministro. Esta lectura, sin embargo, tiene mucho de prejuiciosa, por lo que habría que ponerla en cuarentena. Los últimos 30 años de democracia han demostrado que, en ocasiones, la rivalidad política dentro de un mismo consejo de ministros da sus frutos.
¿Quiere decir esto que estamos ante un nuevo clima de entendimiento en el área económica del Gobierno? No necesariamente. Todo dependerá de un factor clave. Está por ver si Pedro Solbes quiere ejercer como vicepresidente o simplemente se conforma -como en la pasada de legislatura- con ser ministro de Economía. No es un asunto baladí. En los últimos cuatros años, Solbes renunció a controlar la poderosa Comisión Delegada para Asuntos Económicos, y eso dio alas a Montilla (Industria) y Sebastián (Oficina Económica) para que le hicieran una especie de pinza que creó al Ejecutivo más problemas que beneficios.
Por el momento, Sebastián ya le ha colado el primer gol a Solbes con el nombramiento de Beatriz Corredor como nueva titular de la Vivienda, un ministerio verdaderamente importante en este contexto económico, por lo que sorprende que Solbes no haya presionado para que ese departamento esté bajo su influencia directa. Sebastián, por lo tanto, no sólo controlará Industria sino que además sus redes se han extendido a otro departamento. Esta realidad es coherente con el personaje. Sebastián es nuestro Avinareta del siglo XXI y como buen conspirador, lo que más le gusta en colocar hombres suyos en el aparato de la Administración socialista para ir ‘creando equipo’ en aras de alcanzar cotas más altas.
En este sentido, está por ver si David Taguas continúa al frente de la Oficina económica. Si esto sucede, es más que evidente que quien realmente ha ganado peso en el nuevo Ejecutivo será Sebastián. Esta lógica lleva a pensar que el próximo objetivo será desplazar a Solbes de la vicepresidencia económica, algo que hoy por hoy se antoja imposible, pero plenamente probable a medio plazo. Sebastián se ha cogido un ministerio cómodo que genera escasa tensión social, aunque verdaderamente relevante en términos de visibilidad política (la reorganización del sistema energético). Su colega Solbes, por el contrario, tendrá que lidiar en los dos próximos años con la más fea –el ajuste económico-, y no digamos el nuevo ministro de Trabajo, Celestino Corbacho, que va a tener que sacar sus antiguas dotes de persuasión –las que tenía cuando vendía jamones- para vender las cifras de paro.
Trabajo tiene por delante. Es altamente probable que a mediados de 2009, España recupere la cifra ‘mágica’ (y terrible) de los tres millones de parados. Y entonces es cuando puede emerger de nuevo la figura de un Miguel Sebastián ya con más peso político dentro del partido y del Gobierno. La idea de que Zapatero abrirá una crisis de Gobierno al final del primer semestre de 2010, coincidiendo con el fin de la presidencia española de la UE, es algo más que probable, y entonces puede ser el gran momento de Sebastián para inaugurar un tiempo nuevo con el que afrontar las elecciones de 2012.
A Sebastián le hubiera gustado también tener bajo su influencia directa el nuevo ministerio de Ciencia e Innovación. Lo cual hubiera sido lo más lógico desde un punto de vista intelectual y organizativo. En este caso, sin embargo, se ha impuesto la realidad política. Había que hacer un guiño al socialismo vasco y eso explica el nombramiento de Cristina Garmendia, cuyos méritos profesionales parecen indudables. Consecuencia de ello es que el Ministerio de Industria aparece como un departamento del siglo pasado, ocupado exclusivamente en sectores ya maduros (automóvil o petroquímica), mientras que el nuevo departamento aparece como volcado a las tecnologías del futuro.
Se trata, evidentemente, de un auténtico dislate, toda vez que si la I+D no se pega a la realidad industrial del país se convierte en una especie de ministerio hueco por dentro, pero con una formidable carcasa. Parece que lo razonable, y en eso tiene razón Sebastián, es que la innovación de un país se adhiera como una lapa a la industria existente. Se ha preferido, absurdamente, lo contrario.
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Opiniones de los lectores (1)
1.
el farero12/04/2008, 18:32 h.
Don Carlos,si con estos mimbres tenemos que afrontar el cesto de la gran crisis economicas,los buenos banqueros Sres Botin Gonzalez y Oliu o se van a los bancos que han comprado allende de los mares o aqui,no tienen futuro.
¿O no sera que tener que escribir en Sabado y a prisas,le ha dado con la bipolar negativa?
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