TRIBUNA
El soberanismo implacable de Esperanza Aguirre
Antonio Bernabéu* - 08/04/2008
En espera de los debates de la investidura, donde los líderes llegarán al Congreso con su mejor discurso, con sus paranoias más frescas y con sus Tablas de la Ley repobladas de nuevos mandamientos y de nuevos propósitos, el gran ojo político permanece pendiente de por donde se mueve doña Esperanza Aguirre.
Porque en el inquieto cerebro que preside la Comunidad de Madrid se alberga cierta idea de España, como la que De Gaulle concibió para Francia, alimentada de nacionalismo rampante, de soberanismo irredento y, en el caso de Aguirre, de esnobismo iletrado. Y, mientras la opinión se distrae con los fuegos de artificio centrífugo propiciados por Carod o Ibarretxe ella va construyendo, por vía de los hechos, su catedral centrípeta.
De momento, el proyecto de Aguirre tiene alcance autonómico pero su tremenda ambición demanda geografía y ámbito nacionales. Y le sobra Rajoy. Su afán de alternativa es exageradamente visible y si triunfa su oferta crecerá otro PP alejado del centro, encelado en espiras de inestable falacia y en curiosas hipótesis, para generar una lógica al servicio, tan sólo, de su medro político.
Porque Aguirre es capaz de integrar paradojas a cual más delirante. Por ejemplo, y para no aburrir más, se declara en la estela de aquel liberalismo que encarnara, en su día, la antigua y venerable Institución Libre de Enseñanza, tan acordada con la naturaleza y tan excelente impulsora de amor al Guadarrama. Pero, por los resquicios de este perfilado discurso, vemos como la presidenta cede a la pasión vergonzosa de enladrillar la Sierra, negando a sus ancestros. Y ello con arrogancia, como don Juan Tenorio, y en un tono implacable, como Lope de Aguirre.
Parece que, en los últimos tiempos, ha hablado con Aznar, un Aznar sin bigote, sin aquella apostura de rey del merendero, sin los polirritmos del mambo, pero que va cuajando una imagen distinta, como intelectual orgánico, según quiere su esposa. Y Aznar, muy ponderado, aconseja a Esperanza que calcule y espere, porque las baronías de la Congregación Mariana no están por los ruidos ni por las aventuras.
Sus amigos mediáticos son los que meten prisa. Y ella no se encuentra segura de que su modelo, hoy por hoy, le resulte exportable más allá de Madrid. Por eso no dará ningún paso, aunque amagará dar algunos con el sólo propósito de incrementar ese soberanismo, popular e insaciable, que alimenta su espíritu.
Ayer, en el almuerzo que le ofreció ABC, se hacía la indecisa, jugaba a confundir. Marcó distancias, no faltaría más, para poner en precio sus posiciones últimas. Porque, si no acude en junio como candidata para presidir el PP, pasará su factura. Una ambigüedad calculada que ella estima rentable. Y, también ofreció, recurrente, la homilía del liberalismo sui generis que ella se ha fabricado, sin consultas ni ayuda, en la Puerta del Sol, con materiales de derribo de Thatcher y con incrustaciones estremecedoras de Darwin .
Pero, si como ha formulado, bien alto y claro, Soraya Sáenz de Santamaría, el PP quiere ser un partido de centro y, además, parecerlo, hoy las acciones de Esperanza Aguirre cotizan a la baja.
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Opiniones de los lectores (2)
2.
CidCampeador08/04/2008, 10:31 h.
¿Pero qué es eso de que el PP es un partido de centro?
Si el PP quiere ser un partido de centro, entonces habrá que fundar otro partido de derechas para que los millones de españoles que así nos declaramos no nos quedemos huérfanos.
Lo que el PP tiene que hacer es explicar a los españoles por qué las recetas que funcionan son las de derechas y no las de izquierdas.
Lo retrógrado es ser de izquierdas en pleno siglo XXI y tras la caída del muro de Berlín.
1.
caesar08/04/2008, 08:50 h.
bernabeu, vaya kk de artículo que le ha salido. parece hecho para el "público"...
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