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Gescartera, la CNMV y las babosas de mar

Juan Manuel Moreno-Luque* - 05/04/2008

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En el año 2000, Eric Kandel (v. “The Molecular Biology of Memory Storage: A Dialogue Between Genes and Synapses”,) obtuvo el Premio Nobel de Medicina por sus descubrimientos en neurobiología sobre los mecanismos utilizados por nuestro cerebro para formar memoria, avances que no hubieran sido posibles sin lo mucho que hemos aprendido de un animal tan simple como la babosa de mar.

No es pues extraño que, dado que la memoria, base del aprendizaje, es una potencia observada tanto en los animales vertebrados como en los invertebrados, la Sala de lo Penal de la Audiencia Nacional, en su reciente sentencia sobre el caso Gescartera, haya encontrado llamativo el grado de desconocimiento o la falta de recuerdos que dijo tener el testigo Antonio Jesús Alonso Ureba (tanto en el juicio oral como en la instrucción de la causa), especialmente porque se trataba del Secretario de la CNMV cargo que compaginaba con el de jefe del Servicio Jurídico de tal institución.

Los pequeños inversores que tienen mejor memoria y peor suerte que este afortunado personaje, que consiguió ser nombrado sin solución de continuidad secretario del consejo y responsable de los servicios jurídicos de Telefónica, sí se acuerdan de que el caso Gescartera fue una minucia si se compara con el expolio a que se vería sometido el ahorro popular concentrado en los fondos de inversión y de pensiones.

Fueron los años de las privatizaciones, periodo de importantes tensiones en el organismo regulador y en el que quedó decidido el futuro industrial español y de sus “consejeros independientes”, que habrían de digerir y dirigir la catarsis que se produjo en la estructura económica de nuestro país. Fueron también los años en que se decidió la suerte de la industria de la inversión colectiva, una industria básica en los sistemas financieros e industriales modernos, que no consiguió ya levantar cabeza pues ni entonces ni ahora nadie ha entendido su importancia ni nadie se ha preocupado de resucitar.

El Estado ingresó como consecuencia de las privatizaciones el equivalente a 24.000 millones de euros, 21.600 millones si se descuenta lo que se llevó la corte de los milagros que se mueve y vive de los mercados, no mucho si se compara con los más de 30.000 millones de euros que perderían los pequeños inversores en fondos de inversión (FIM) en el periodo en que se desinfló la burbuja incubada en dichos años.

Para concretar, en el cuarto trimestre de 2000, año 2001 y tres primeros trimestres de 2002, en los FIM las minusvalías por variación de precios en renta variable alcanzaron el equivalente a -25.000 millones de euros, y las pérdidas por derivados a -6.000 millones de euros, contra 1.300 millones de euros en dividendos y otros rendimientos. Lo que el ahorro popular pagó por que sus ahorros quedaran triturados “por gastos de gestión y demás repercutidos” fue más de 4.000 millones de euros. Y todo ello sin contar la erosión que produjo la inflación acumulada de los años 2000, 2001 y 2002, de más del 10%.

En su Plan de Actividades 2007-2008, la CNMV nos dijo que es una institución de reciente creación cuyos medios humanos y materiales han crecido a ritmo inferior al de sus responsabilidades, lo que resiste mal la comparación internacional y que, por si fuera insuficiente, necesita hacer un esfuerzo para mejorar su capital humano en cantidad y calidad y mantener un alto nivel tecnológico, pero que estas mejoras topan con importantes limitaciones como la normativa presupuestaria, demasiado lenta para responder con rapidez a la evolución de los mercados, y como el modelo de supervisión financiera y el régimen sancionador, que exigen una profunda revisión.

Los antecedentes le dan la razón. No estaría de más que se asegurara que todo el que desembarque en tan honorable organismo cuente, como mínimo, con la capacidad de memoria y aprendizaje que se han reconocido en animales tan simples como la babosa marina Aplysia.

*Juan Manuel Moreno-Luque es abogado y director y coautor de La lucha por el control de las grandes sociedades y autor de El desgobierno de los fondos de inversión.

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