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SIN ENMIENDA

Rajoy en la Feria de Abril

@Juan Carlos Escudier - 05/04/2008

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A fuerza de observar el rejoneo de altura al que está siendo sometido Rajoy por parte de sus cuadrilla de monosabios, se torna hasta natural sentir simpatía por el líder del PP quien, al parecer, antes era previsible y un patriota, y ahora pasa por ser un majadero que recibe con alborozo los halagos de sus enemigos por su renovado centrismo. Al gallego hay que atizarle porque ya ha olvidado que España se rompe y Zapatero se rinde, pero sobre todo por flojo. Lo de poner a una tal Sorayita al frente del grupo parlamentario es un insulto a la inteligencia de la caverna, que se parece mucho a la de Platón salvo en que la realidad ya no proyecta sombras en el muro de piedra sino que se ve por la tele de Esperanza o por las concesiones de tele de Esperanza, que han sido muchas pero podrían ser más.

En esto último, en lo de las teles, hay que reconocer que los sucesivos líderes de la derecha han sido cautos o ingenuos. A Aznar una sirena que solía llevar tirantes y dirige un periódico le cantaba al oído lo bien que haría en cederle a precio de saldo Onda Cero pero el del bigote se volvió sordo y César Alierta salió rana. El entonces presidente practicó la elegancia social del regalo sólo con lo digital, porque, al fin y al cabo, todas las cadenas le bailaban el agua y si alguna era remisa, como Telecinco, se cambiaba al director de Informativos, o se mandaba a Telefónica con la billetera para hacer a Buruaga consejero delegado de Antena 3. Para los casos imposibles siempre estaba Rodríguez, cuyos planes para arruinar a Polanco tendrían que estudiarse en las facultades por su brillantez conceptual.

Tanta sutileza sorprendía ya que la izquierda nunca tomó tales atajos. Felipe González –ya lo dijo ante los herederos de Don Jesús- le hizo a Polanco la puñeta con la televisión de pago, sabido es que los monopolios los carga el diablo y dan muchos quebraderos de cabeza; y Zapatero le puso un canal a sus amigos porque lo de poner un piso es cosa del siglo pasado y rompe los matrimonios.

Volviendo a Rajoy, el descontento de su artillería mediática tiene más que ver con la frustración empresarial que con el desacuerdo doctrinal. El nuevo liberalismo se mide en euros y en concesiones públicas, que ya lo gestionó yo que soy de los tuyos. Y para que eso sea posible hay que tener expectativas de que se alcanzará la tarta y se repartirá en pedazos, algo que con Rajoy parece improbable, bien porque se desconfía que alguna vez tome la pastelería al asalto, bien porque se ha comprobado que el registrador de la propiedad ni es goloso ni está dispuesto a mancharse las manos por los liberales con el cabello de ángel. La alternativa, claro, es Esperanza Aguirre, siempre generosa con el bizcocho y el praliné.

Con la presidenta de Madrid ha compartido Rajoy una extensa comida esta semana en la que, de acuerdo a lo difundido por los guardianes de las esencias de la derecha -iluminados convenientemente desde la Puerta del Sol-, la lideresa ha venido a prometerle lealtad, es decir, que no tomará decisiones a sus espaldas ante el próximo congreso de junio, y ello pese a que su teléfono está colapsado de llamadas que la piden que dé un paso al frente, sobre todo después de comprobar que la amenaza de Rajoy de presentarse con su equipo iba en serio, y que en el dream team podría estar Gallardón calentando en el banda.

Los detalles del almuerzo suenan a filfa, aunque son innegables los movimientos en la vieja guardia del PP una vez confirmado que la tal Sorayita será una mosquita muerta pero se ha laminado con un par a la manada de dinosaurios del Grupo Parlamentario, a los que el sueldo les menguará de manera considerable. Y, lo que es peor: temen que ocurra algo similar cuando se conforme la nueva dirección del partido.

¿Será Gallardón el secretario general? Pues no, casi con toda seguridad, porque si algo ha debido de aprender Rajoy es que uno sólo puede fiarse de su sombra si está desarmada y si no se le da la espalda. Si es cierto que sus decisiones son previsibles, una vez designada Sáenz de Santamaría como portavoz, lo lógico es que su segundo en el partido sea Gabriel Elorriaga, otro de sus pocos fieles.

La primera comparecencia pública de la tal Sorayita tuvo, sin duda, menos brillantez que la que hubiera exhibido Esteban González Pons en esas mismas lides, si bien demostró que se puede hacer oposición presentando iniciativas parlamentarias –hasta siete- y sin hacer mención al fin del mundo, que tanta apocalipsis empacha. Se espera ahora con expectación la intervención de Rajoy en el debate de investidura, con la que sus nuevos detractores esperan confirmar que la flojera del gallego no es puntal sino crónica para pedir con fundamento su devolución a los corrales por manso. En esta Feria de Abril los nuevos liberales no piden orejas sino cabezas. Hasta en eso son insaciables.

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Opiniones de los lectores (3)

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3. usuario registrado idusdemazro05/04/2008, 12:16 h.

a ver si el "españa se rompe" quería decir:" la derecha se rompe".

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2. usuario registrado 50005/04/2008, 11:24 h.

¡Jo, que tío! No se pierde un "sarao": las fallas, la feria de abril,...de fiesta en fiesta.

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1. usuario registrado matrix05/04/2008, 08:44 h.

Rajoy no se ha dado cuenta, pero padece un síndrome postraumático que le impide pensar y decidir con claridad.Es patente su rostro confuso, mirada vacía y un gesto de cansancio en la voz y en los movimientos que genera una gran inseguridad. Por su bien y el de su partido debería ceder el relevo a otro/a que parta sin esa sensación de quemado.En los primeros meses de Aznar y González tras ceder el cargo, también se manifestaba esa sensación confusa.Son enormes responsabilidades que pasan su factura, al menos temporal.Les hemos visto envejecer por meses y si les queremos bien, hemos de darles un respiro aunque sea involuntario.
La decisión tomada con Sáenz lo refleja todo. Lealtad por encima de talento. Qué sentido tiene en un país absolutamente fóbico con lo 'pijo' elegir a Saenz frente a San Gil, Cospedal o Luca de Tena, por citar algunas nada exentas de feminidad, glamour y caracter (valdrían hasta en la exigente corte francesa). Diez mill de votantes merecen su humilde reconocimiento de que el esfuerzo le ha quemado, es humano.
Sin querer hacer daño, el Rajoy actual se asemeja al coyote de los dibujos animados persiguiendo con fe cansina al mic-mic correcaminos de Zapatero

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