TRIBUNA
Una España deforme
José Luis González Quirós* - 02/04/2008
Don José Ortega y Gasset, que vivó épocas menos risueñas y afortunadas que la presente, se refirió con frecuencia a dos carencias de fondo de nuestro modo de hacer política que no parece hayan sido suficientemente superadas: la España oficial frente a la España real, y la invertebración de España. Sobre el segundo de los temas se ha hablado mucho, y no acaba de estar claro si el régimen autonómico del que nos dotamos en su día está corrigiendo ese defecto o lo está reeditando. Es evidente que, ahora, la segunda idea es un caso particular de la primera.
Quien niegue el rotundo progreso que España ha experimentado con la llegada de la democracia no está enteramente en sus cabales. Es precisamente el convencimiento de la enorme mejora que ha experimentado el conjunto del país lo que debe hacer que nos preocupemos de las carencias de fondo que seguimos arrastrando, especialmente si se sospecha que hay algo que no solo no ha mejorado, sino que ha ido claramente a peor.
Empezaré por afirmar que nuestro crecimiento, que no cabe discutir, ha sido profundamente inarmónico, desigual. Hay zonas de España que parecen vivir en el futuro y las hay que parecen haber quedado ancladas en la imagen española de mediados del pasado siglo, de los sesenta a lo sumo. Una de estas estampas asomaba a la portada del New York Times hace unos meses: los aldeanos de una remota esquina que protestaban por el desmantelamiento de un ingenio nuclear cercano. No me llamó la atención el motivo de la protesta, sino el aspecto de las gentes, esa imagen de quien parece esperarlo todo de arriba sin nada que hacer por sí mismos.
Esa mentalidad, en el fondo, está muy extendida y ninguna política trata de desmentirla. Para quien espera lo que fuere de su esfuerzo, poco significan las promesas de los políticos, pero para quien está acostumbrado a obedecer y a recibir la correspondiente paga no hay tema más acuciante. En su conjunto, las promesas políticas de la España oficial suelen velarnos la imagen fiel de la España real. Seguimos la actualidad política con cierto fervor, pero se nos escapa viva la situación de fondo. Ahogados en complacencia, tendemos a ignorar los desastres que perpetramos.
Cuando se nos advierte sobre la falta de competitividad, el escasísimo desarrollo tecnológico, o la escasez y tosquedad de nuestra producción cultural, parece como que la cosa no fuese con nosotros, unos tipos que nos hemos hecho ricos sin saber muy bien cómo. Ayer mismo hablaba con una joven norteamericana profesora de español en secundaria en un colegio de Boulder (Colorado). Su salario, con 10 años de servicio, es de unos 60.000 dólares anuales. Pensé inmediatamente en su equivalente español, que apenas llegaría a la mitad de esa cifra y ha de soportar, además, la alimentación más cara, una vivienda inasequible, la fiscalidad más exigente y una gasolina por las nubes. La prensa del día informaba de que teníamos que importar médicos de otros países, mientras nuestros licenciados se iban fuera en búsqueda de mejores salarios.
Hemos estado creando una sociedad en la que los ingresos son cada vez más desequilibrados: desde ejecutivos que se adjudican beneficios astronómicos, hasta esa legión de mileuristas bien preparados que malviven con salarios indignos en empresas dudosas. Es una sociedad incapaz de inventar, tremendamente rutinaria, dispuesta a vivir opíparamente de una abundancia que ahora está en entredicho.
¿Hay políticos dispuestos a hablar de estas cosas? ¿Hay empresarios realmente dispuestos a innovar y a arriesgar? Las grandes fortunas viven, en buena medida, del favor político, no tienen color porque saben que sus capitales no tienen que ver con la excelencia sino con la cercanía. ¿Habrá quién nos explique estas cosas para poder acertar a salir con brío de la crisis que tenemos encima? El peso de la España oficial es tal que se hace difícil mirar las cosas a la cara, y muy especialmente en algunas zonas en que el régimen se ha hecho por completo con los medios de comunicación. Solo así se explica que errores de gestión realmente tremendos se premien con la mayoría, haciendo bueno el fantoche que la España oficial ha empleado para distraer al respetable.
La sociedad española necesita un revulsivo, una cura de realidad para atreverse a demandar mejores políticas, servicios menos caros, mentiras, al menos, un poco más sutiles. Y es hora, por supuesto, de exigir a los políticos que mejoren el nivel de sus propuestas, que no sigan viviendo ni de las rentas de la guerra ni de sus diversos fantoches ideológicos.
Es increíble, por ejemplo, que el traslado del Ayuntamiento de Madrid (varios cientos de millones de euros en su primera estimación, es decir más de cien euros por persona) no haya movido a indignación a los madrileños, anestesiados sobradamente por una dosis excesiva de disciplina de partido. La indignación quizá llegue cuando suba el IBI, pero entonces podrá ser estéril, inútil e injusta. ¿Veremos una legislatura en la que se hable de lo que nos pasa y no de lo que nos conviene?
*José Luis González Quirós es analista político y escritor.
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Opiniones de los lectores (16)
16. Felicidades02/04/2008, 18:30 h.
Estimado Sr. Quirós su análisis es meridianamente claro. Se van a necesitar muchas llamadas de atención, como su escrito, para despertarnos, suponiendo que no estemos muertos.
15. cordón02/04/2008, 18:02 h.
Lo primero,para un artículo serio,no es dar por hecho que con la democracia España experimentó un desarrollo sin precedentes:en 1972,cuando Ullastres establece los acuerdos con la CEE de entonces (cinco miembros),el diferencial era de 28 puntos.No se volvió a alcanzar.Ni ahora,con la UE de 25,estamos a la par.Hay zonas que no se acercan ni al 80%.
14.
BORONDES02/04/2008, 17:51 h.
Para el Marqués del Rif: la solución empieza por hablar de los problemas; no se puede arreglar lo que se ignora que está mal y los políticos suelen confundir a los ciudadanos hablando de Irak, del prestige o de la ETA y dejando bastante de lado las cosas que podríamos esperar de ellos. ¿Han hecho los socialistas el superpuerto para naufragios de La Coruña de que tanto hablaron? ¿se han retirado de Afghanistán? ¿han hecho con ETA algo distinto a la demagogia barata de la paz? El colmo es que se han pasado la vida criticando a los especuladores y cuando parece que les puede ir mal piensan en salvarlos a base de créditos públicos. Lo que pasa es que tenemos el gobierno, y la oposición, que merecemos, pero a algunos nos gustaría merecer algo más.
13.
albertovz02/04/2008, 15:31 h.
Son españoles quienes no pueden ser otra cosa.
D. Antonio Cánovas del Castillo
12. pasmado02/04/2008, 13:42 h.
Lo de don Luis de Apodaca me parec muy culto y tal, pero para mi que Cataluña no es carolingia sino napolitana
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