SIN ENMIENDA
La margarita de Rubalcaba
@Juan Carlos Escudier - 29/03/2008
Lo más interesante del proceso de formación del nuevo Gobierno con el que la prensa se entretiene estos días no es la milonga sobre María Teresa Fernández de la Vega, un caso insólito en el que un político que conserva el mismo cargo pero con menos competencias jura haber sido ascendido y los demás se lo creen, sino el deshoje de margarita que ejecuta Alfredo Pérez Rubalcaba y que tiene a Zapatero pendiente, de manera un tanto bobalicona, de que el último pétalo en caer sea el del sí.
Por encima de la decencia o la indecencia, de la nobleza o la vileza, por encima de cualquier consideración moral, Rubalcaba se muestra, salvando las distancias, como el Fouché al que Balzac definió como “la más poderosa cabeza” que había conocido, un genio tenebroso bien visible entre la mediocridad gris marengo de nuestra anodina clase política. La curiosidad por este superviviente es la misma que se tiene al contemplar el flotar constante del aceite sobre el agua, sabiendo que la densidad del primero es mayor que la del líquido incoloro e insípido sobre el que emerge con soberbia. Ahí radica su atractivo.
“No es un hombre guapo, en absoluto. De cuerpo enjuto, casi fantasmagóricamente flaco, un rostro huesudo y estrecho de líneas angulosas, feo y desagradable. Afilada la nariz, afilada y estrecha también la siempre cerrada boca, con frialdad de pez los ojos bajo unos párpados pesados, casi somnolientos, las pupilas de un gris gatuno como cristales redondos. Todo en este rostro, todo en este hombre está por así decirlo tenuemente dosificado de sustancia vital: parece un hombre bajo una luz de gas, pálido y verdoso (…) Todo el que lo ve tiene la impresión de que este hombre no tiene la sangre caliente, roja y en movimiento. Y, de hecho, también espiritualmente, pertenece a la raza de los seres de sangre fría”. Es la descripción que hace Stefan Zweig del intrigante ministro de la Policía de Napoleón, del profesor de Física que sobrevoló los 18 años más convulsos de la historia de Francia. ¿Encuentran algún parecido, por pequeño que sea, con este químico que ahora ocupa en funciones la cartera de Interior?
Ha dicho Rubalcaba públicamente que su aparente desidia por abrazar las responsabilidades que Zapatero le ofrece en el futuro Gabinete nada tienen que ver con el organigrama, el poder o con su propia edad. En privado ha añadido que en su indecisión pesan más otros motivos, como la extraña enfermedad que está diezmando a la familia de su mujer, Pilar. Y posiblemente en todo ello pensara esta Semana Santa, mientras recorría con su esposa el paseo que bordea la playa de Conil, visera calada, atuendo deportivo y móvil en ristre, un artilugio del que es inseparable.
Existe, por tanto, una razón poderosa para que Rubalcaba se lo esté pensando, aunque es improbable que sea suficiente para apartarle del tablero. Casi todos los periodistas a los que convocó sottovoce este pasado jueves debieron de entenderlo así, porque nadie que planea irse de un Ministerio convoca una reunión para explicar cuáles serán las líneas de actuación del Departamento en los próximos meses.
Taylleyrand, el otro gran cínico que también sirvió sin escrúpulos a la República, al Directorio, al Consulado, al emperador y al rey, decía de Fouché que despreciaba tanto a los hombres porque se conocía demasiado bien. Y algo de desprecio ha de anidar por fuerza en quien sabiéndose más inteligente y astuto, mejor orador, más preparado y con un conocimiento mas profundo de los secretos del poder y de sus mecanismos, se ve condenado a ejercer de por vida el papel de figurante, y se resigna a hablar por boca de un líder cuyas palabras son las suyas, cuyas ideas son las suyas, cuya estrategia responde a su propio diseño.
Quizás eso pudiera sobrellevarlo si, al menos, se recompensara generosamente su ambición. Son muchas las cosas que Zapatero le debe a Rubalcaba, un tipo de talento, insumergible, apestado por haber dado su apoyo a Bono cuando erróneamente creyó en su indiscutible victoria y ungido después, porque en el país de los ciegos no se puede sino admirar al lince, infatigable, con su agenda siempre al servicio de la causa, tan hábil como para llegar a la cocina por esa puerta de atrás que un Pepe Blanco, adulado hasta la zalamería, le abrió con diligencia.
Si había que forjar de la nada una candidata para Madrid allí estaba Rubalcaba; si alguien tenía que ser el primero en llamar mentiroso al Gobierno en el 11-M, quién mejor que Rubalcaba; si se trataba de hilvanar alianzas parlamentarias con hilos de todos los colores nadie más virtuoso con los encajes; y si lo que tocaba era una negociación con ETA que ni siquiera compartía, de nuevo se manifestaba como único recurso.
Concluida esta última tarea, el polivalente consejero, el muñidor entre las sombras, aspiraba, sin duda, a la distinción definitiva. ¿Acaso una inteligencia superior como la suya debe resignarse en esta nueva etapa a asistir a funerales de víctimas de ETA o a ser el locutor de los muertos en accidentes de tráfico? ¿No jalonan su trayectoria méritos suficientes para ser correspondido con la vicepresidencia? ¿Es más acreedora del puesto Fernández de la Vega, de quien ahora se especula que tendrá que resignarse a ceder sus funciones como coordinadora del Ejecutivo para que sea otro quien realice mejor esa tarea?
Sea cual sea lo que el futuro le depare, se hace impensable considerar el paso atrás voluntario de este corredor de fondo. ¿Puede el escorpión librarse de su verdadera condición y respetar a la rana que lo transporta a la otra orilla del río? “Los girondinos caen, Fouché sigue; los jacobinos son ahuyentados, Fouché sigue; el Directorio, el Consulado, el Imperio, la monarquía y otra vez el Imperio desaparecen y sucumben; pero él siempre permanece”, escribe Zweig. Preparémonos para dos hechos incuestionables: Rubalcaba sigue y mañana saldrá el sol.
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Opiniones de los lectores (178)
178.
EL DELS 1001 SEUDÓNIMOS30/03/2008, 21:56 h.
Taxco, ¿recuerda cuando le dieron el Premio Nobel de Física a Franco por conseguir que el movimiento permaneciera inmóvil?
176.
errozate30/03/2008, 21:22 h.
Pues yo, no estoy intoxicado de café. Me gusta el café.
Me gusta tomar CAFÉ con MARY. ¡Qué bonito es tomar COFFEE con MARY y pasear! con tono Dick Van Dye en la cancioncilla de qué hermoso es pasear con Mary de MARY POPPINS.
175.
Taxco30/03/2008, 21:03 h.
ESTOY INTOXICADO DE TANTO TOMAR CAFÉ en el "Café", esperando llegara la "tropa" y Vdes. en el FORO de Escudier, " me lleva la trompada", serán, no, más bien son unos "chilaquiles" desabridos. TAXCO
174.
Taxco30/03/2008, 20:53 h.
PJCM, estás equivocado, Franco instituyó adelantar la hor por los años, finales de los 40 o principios de los 50. HASTA ¡¡¡TRES HORAS!!! íbamos adelantados. Saludos.TAXCO
EUSEBIO.- No se te ha visto por El Café. ¿Qué pasó manito?
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