DOS PALABRAS
La cabalgata de los malditos
@Federico Quevedo - 29/03/2008
Una de las preguntas más recurrentes de esta semana ha sido qué tipo de oposición debe hacer el PP una vez que ha perdido las elecciones y sigue siendo un aspirante a partido de gobierno. El lunes, sin duda, Mariano Rajoy va a despejar bastantes dudas al respecto: solo con el nombre del portavoz sabremos si el PP quiere seguir por una senda similar a la de la pasada legislatura que, ahora, se ha demostrado no del todo acertada –tampoco del todo equivocada-, o si, por el contrario, va a entonar aunque sea de manera implícita un matizado mea culpa y modifica sustancialmente algunos de sus mensajes. No será lo mismo que el portavoz se apellide Pizarro que Costa, González Pons que Astarloa, Sáenz de Santamaría que Zaplana, por poner solo algunos ejemplos, algunos de los cuales ya cabe descartar de antemano.
A mí Rajoy me recuerda, de alguna manera, al capital Nentley –magníficamente interpretado por George Hamilton- en aquella película llamada La cabalgata de los malditos, que cuenta la fuga de un grupo de soldados sureños del fuerte Haukes al final de la guerra de Secesión. Rodríguez sería el implacable Mayor Wolcott –Glen Ford en la película-, encargado de dar caza y, practicamente, exterminar a los fugitivos. Ese ha sido, sin lugar a dudas, su objetivo en la pasada legislatura y todo apunta a que en esta vamos a ver cuarto y mitad de la misma estrategia de aniquilación de la oposición. Ya de entrada, las negociaciones con los grupos nacionalistas con los que Blanco quiere formalizar un acuerdo derivan hacia ese mismo planteamiento excluyente sobre el que se forjó la primera legislatura de Rodríguez. No cabe entender de otra manera la amenaza que el propio Blanco esgrimió contra el PP por no regalarle el puesto en la Mesa que el PSOE necesita para satisfacer las demandas de sus socios, ¡que tiene bemoles la cosa!
Pero volviendo al capital Nentley-Rajoy, la comparación me sirve para destacar el coraje con el que el líder del PP vaya a enfocar la travesía amarga de esta segunda legislatura. De nuevo solos, malditos, el trabajo del PP a partir de ahora se va a repartir entre el Parlamento y la calle. En el Parlamento estarán aislados, pero eso es algo que el PP ya conoce. Yo sé que a algunos de ustedes esto les parece bien, pero el hecho de que sea así supone uno de los mayores ejercicios de totalitarismo que se pueden dar en una democracia. El ejercicio absolutista de la mayoría como forma de imposición no está en la naturaleza de la democracia liberal, que nace del disenso, no del conflicto. Pero precisamente por eso lo que cabe exigirle a Rajoy es que en esta legislatura el peso de su Grupo Parlamentario sea mucho mayor, que si bien es cierto que en la que ha terminado se hicieron las cosas lo mejor que se pudieron hacer, no caben ahora contemplaciones ni condescendencias, sino una oposición firme y, al mismo tiempo, muy estudiada en sus formas y maneras. Y es que tampoco el PSOE va a caer en la trampa de un ejercicio visceral de la labor de gobierno, lo cual es, si cabe, más peligroso, porque la sutilidad no siempre se comprende desde fuera.
Es evidente, a la vista del resultado de las elecciones, que la estrategia de oposición fundamentada en la crítica permanente a los nacionalismos con el trasfondo de la lucha contra el terrorismo como argumentario continuo, no ha servido para movilizar a la sociedad entorno a una alternativa de Gobierno. Sin embargo, tarde pero con el tiempo suficiente como para comprobar su efectividad, una oposición contundente en asuntos como la situación económica, la inmigración y la inseguridad ciudadana tiene muchas más posibilidades de triunfar, sobre todo porque esos tres asuntos, íntimamente interrelacionados, van a ser trascendentales en los próximos meses. Por el contrario, aunque es verdad que el PP no debe dejar a un lado la defensa de la unidad ante las pretensiones soberanistas, lo que no parece es que ese asunto motivo mucho a la sociedad, por lo que su discurso en ese terreno debe moderarse considerablemente.
Reconozco ese error, porque yo mismo lo he cometido. Es evidente que la sociedad no ha comprado los mensajes del PP sobre el ‘proceso de paz’ y la lucha contra ETA. Pudo hacerlo en el momento en el que la negociación estaba ahí, pero una vez que ETA rompió la tregua el PP perdió su discurso, y el atentado del viernes 7 terminó por darle la razón al Gobierno, aunque no la tuviera. Ahora al PP le va a tocar estar al lado del Ejecutivo en la lucha contra la pandilla de canallas, por lo que necesariamente tiene que buscar nuevos frentes en los que dañar el subidón de autoestima que ahora tienen el Gobierno y el partido que lo sustenta.
Eso por lo que respecta al Parlamento. Pero la labor más importante que tiene que emprender Rajoy a partir del lunes no está en la Carrera de San Jerónimo, sino en la calle: tiene que conseguir articular una alternativa de Gobierno ilusionante, y para eso no le cabe otra cosa que atreverse con discursos y mensajes en algunos aspectos revolucionarios. Pero, sobre todo, tiene que demostrar de verdad esa independencia de la que tanto presume pero que nunca se termina de concretar en lo que es más necesario en este momento para el PP: ha sido indignante, insolente y, si quieren, cabreante, la manera en que desde algunos medios se ha buscado segar la hierba bajo los pies del líder del centro-derecha. No me refiero a medios enemigos porque forman parte de la secta izquierdista, sino a medios supuestamente amigos.
Lo más urgente para Rajoy es acabar con esa imagen de malditos que tienen él y los de su partido para una parte muy importante de la sociedad española, y eso pasa inevitablemente por cortar, de manera definitiva, las amarras que, por débiles que sean, le siguen uniendo a algunos entornos mediáticos y a algún que otro espabilador mañanero. La maldición del PP no ha estado nunca dentro del PP, sino que ha venido de fuera, y la principal tarea de esta legislatura es amortizarla y superarla, dar ese paso definitivo hacia el centro-reformismo, no en su configuración ideológica –que ahí ya se dio hace tiempo-, sino en la imagen, en las formas y en los acompañamientos. Si no lo hace, Wolcott-Rodríguez logrará esta vez exterminar a los malditos, porque este país no se puede permitir otra legislatura como la que ha acabado.
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Opiniones de los lectores (24)
24.
50031/03/2008, 16:23 h.
Un buen portavoz del PP hubiera sido ese concejal de Palma al que han expulsado tras haberse gastado el dinero de los ciudadanos en orgías de sexo gay y cocaína.
23.
idusdemazro31/03/2008, 09:45 h.
El PP debe buscar su propio camino, y un mensaje con propuestas, que suscite debates y no siempre a la contra; yo manadria a freir puñetas a todos esos que se llaman " ASESORES DE IMAGEN. Un buen lider escribe , represeeta su propio discurso pues tiene intuicion para saber que demanda el electorado y como encauzarlo.
el electorado del Pp es antipolanquista,,, y no va a pasar por candidatos poco fiables.
21.
PJCM30/03/2008, 14:28 h.
20ppalmas.- También he leido ese articulo de German Yankee.
Parace ignorar el señor Yankee, que ya no estamos en los tiempos donde se utilizaban los telegramas para asuntos de suma urgencia y para notificar noticias desagradables.
Hoy, los telegramas se han sustituido por los "emilios" sistema que utiliza el PP, y para asuntos de suma urgencia, utiliza los SMS.
Supongo que el señor Yankee, habrá sustituido la antigua Lexicon 80 por un moderno ordenador.
20.
ppalmas30/03/2008, 13:31 h.
Los actos del PP -y lo siento mucho por el Sr. Quevedo y demás articulistas que tratan de poner en el camino idóneo a ese partido- no son útiles, son como de tramoya y no merece la pena volver sobre los más elementales movimientos en un conjunto de ciudadanos que, quizás, pretenden llegar a una meta, sin que lo consiguen...
Y hoy un periódico ha escrito para todo el mundo, que en el PP "...no han podido enviar los 500 telegramas..." para celebrar la Junta Directiva del partido.
Creo que deberían buscar y encontrar miembros del partido,con capacidades, voluntades y fuerza de trabajo, para que la derecha española pueda ganar las siguientes elecciones.
Todo lo demás es el "chupe" o, a lo peor, la incapacidad para manejar el partido y la imposibilidad de acercarse a los españoles de tierra.
Y para terminar: cuando echamos de España a los nacionalistas, que no son otra cosa que víboras venenosas. Saludos. JSG
P.D. Todo lo escrito sin ánimo de injuria ni ofensa para nadie. Vale
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