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CULTURA Y PODER

Mujeres infieles y felices

@Esteban Hernández - 26/03/2008

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Ellas también saben hacerlo. Y les gusta. Cada vez hay más mujeres infieles y felices, quizá porque, “como el hombre nos ha desilusionado constantemente con su comportamiento y sus mentiras, hemos comenzado a darles a los hombres a probar su propia medicina”. La escritora venezolana Ana Flor Raucci explica los motivos de ese cambio cultural en Sé infiel… y disfruta (ed. Martínez Roca), un texto desprejuiciado en el que enseña, en tono de humor, cuál es la forma correcta para ser infiel de una forma casual y sin enamorarse.

Raucci considera esa actitud necesaria en tanto autodefensa, ya que “el hombre ha sido criado para ser promiscuo siempre, y más aún si es bebedor y lleva cuatro copas encima. Por eso anda por la vida despreocupado”. La mujer, por el contrario, “tiene que quitarse de la cabeza esa palabra con la que siempre se la tacha y aprender a disfrutar su sexualidad al máximo tal cual ella lo desee, con uno o con varios hombres”.

Y es que el mal de la especie masculina no es tanto su afición al sexo indiscriminado cuanto que no ha sido capaz de entender el significado de amar a una sola persona. “Lamentablemente, la mayoría de los hombres de hoy en día no aman ni se apasionan por ninguna mujer. Se entusiasman por unos meses, disfrutan con alguna y luego la cambian por otra. Y creo que es una cuestión de madurez emocional más que de genética”. Así, ese dicho de que los hombres son iguales que los niños es, para Raucci, algo más que un lugar común. “El varón no madura emocionalmente. Sólo desea oír: Hola papi, mi amorcito como estas? Mi bebé…etc. Quiere seguir sintiendo que es un niño consentido, con su comida y su ropa listas, y llegar a la casa a jugar o a ver la televisión. Por eso disfruta tanto de las amantes, ya que ellas le consienten en todos los aspectos, en especial en el sexual, mientras que las esposas representan su realidad de compromiso familiar”.

En ese sentido, también existen realidades diferenciadas. Porque parece que el hombre se excita más en situaciones de engaño, mientras que las mujeres tienden a alejarse de ellas. Para Raucci, se trata de una diferencia cultural, ya que “si él disfruta penetrando a una amiga mía, ¿por qué no voy a disfrutar yo dejándome penetrar por uno de sus mejores amigos?” Pero no ocurre así en la realidad, ya que son los varones los que cometen con más frecuencia esta clase de infidelidades arriesgadas. Según Raucci, “cuando a la mujer se le presenta esa situación de peligro se lo piensa mucho más, el miedo puede al morbo. Con los hombres ocurre al contrario, ya que a ellos les excita más lo prohibido. Como desde pequeños han experimentado infinidad de situaciones de ese tipo, suelen ser muy pacientes a la hora de planificar todo para convencer a su presa. Y se ponen más creativos para demostrarle a la mujer que son mejores que el amigo. Así alimentan su ego”.

Un narcisismo que está mucho más presente en los hombres físicamente atractivos y que suele arruinar las relaciones sexuales. Dicho de otra manera, los hombres feos son mejores en la cama. “No es que sea una regla absoluta –asegura Raucci- pero los menos agraciados son más cariñosos, se esmeran más en complacerte y disfrutan más a una mujer ya que tienen estrategias de las que carecen los guapos. A éstos su ego no les permite ir más allá, se creen sobrados por ser bellos y generalmente desilusionan bastante”.

Otra gran diferencia reside en las formas de vivir los cuernos. Cuando alguien es engañado, se enciende una luz que avisa de lo que está pasando, “y las mujeres no solemos hacerla caso. Hay señales que nos negamos a creer, siempre estamos pensando que nuestro hombre es diferente y que está comprometido con nosotras”. Raucci asegura que sería bueno, no obstante, tomarse la infidelidad de forma menos dramática ya que “estamos ante algo cultural. La mujer siempre ha pensado que si su pareja tiene a otra es porque ya no la quiere y no es así, la infidelidad es un comportamiento para salir de la rutina”. Y ahora, “por suerte, los dos estamos haciendo lo mismo, y el hombre está comenzando a sentirse usado, tan usado como ellos nos han hecho sentir a nosotras durante muchos años”. En esa tarea, además, las mujeres parten con ventaja, ya que si ellos mienten más, ellas mienten mejor. “El hombre es repetitivo en sus mentiras mientras que la mujer es más creativa”

Claro que ellos, según la autora, no deben pelear contra una doble competencia. Porque las mujeres deben tener cuidado especial con su entorno. Ellas nunca deben contar sus aventuras a su círculo más íntimo, afirma la autora, porque seguro que alguna de sus amigas querrá probar lo que ella tiene. Y es que “nunca se sabe cuándo las personas son las correctas hasta que te dan una puñalada. Pero, por lo general, las mujeres no somos nada solidarias entre nosotras. Más bien, somos criticonas, envidiosas y mezquinas”. Y no es una situación que vaya a cambiar: “que las mujeres nos apoyemos es una meta muy difícil, casi una utopía. Más al contrario, primero destrozamos a una mujer que a un hombre, con éste siempre somos más benévolas”.

Por eso, cree Ana Flor Raucci que lo esencial es que la mujer aprenda a valorarse. Si ésta tuviera la autoestima correcta, las relaciones hombre-mujer cambiarían sustancialmente. “Nosotras siempre estamos pensando en el “que dirán”. Nos han educado para ser valoradas por el escrutinio de un hombre o por el de la sociedad. Tenemos que aprender a querernos más, dando prioridad a aquellas cosas que deseamos y con las que disfrutamos. Afortunadamente, creo que estamos cambiando a pasos agigantados”.

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