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El beso de Judas y todos los demás

El beso de Judas y todos los demás

Un beso a punto de caramelo, en 'Breve encuentro'; otro apasionado, en 'Duelo al sol'. Abajo, el de 'Esplendor en la hierba'.

@Catalina Guerrero (Efe). - 23/03/2008

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El beso de Judas es tal vez uno de los más famosos, pero la historia, la literatura, el cine y el arte están llenos de esas manifestaciones, en general amorosas, que son, según Joseph Conrad, reminiscencias de la lengua que se hablaba en el Paraíso.

Besos de traición y de muerte, como el de Judas a Jesucristo que luego adoptó la Mafia italiana, besos de amor, de paz, besos robados, de cortesía, besos amistosos, besos lujuriosos... ¿Qué es lo que se esconde tras este gesto tan cotidiano pero tan intenso?

Es la pregunta que trata de responder en un original ensayo Alain Montadon, un catedrático de Filosofía y profesor de Literatura general y comparada de la Universidad francesa de Clermont-Ferrand y miembro del Instituto Universitario de Francia. Sobriamente titulado Le baiser ('El beso'), el libro descubre formas, curiosidades y significados del beso, que van de la literatura a la antropología, de la psicología a la filosofía o de la religión a la historia del arte.

En su versión más pasional, mueve diecisiete músculos de la lengua,

Un libro curioso, erudito y culto a la vez que ameno sobre un gesto que, en su versión más pasional, mueve diecisiete músculos de la lengua, pero también 9 miligramos de agua, 0,18 de sustancias orgánicas, 0,7 de materias grasas, 0,45 de sal y centenares de bacterias y millones de gérmenes. Son las frías -y poco apetecibles- cifras que se esconden tras la expresión de "comerse a alguien a besos".

Se besa lo sacro, como ahora en Semana Santa que muchas bocas depositan respetuosamente sus labios en estatuas de vírgenes, cristos y santos; pero se besa también y mucho para saludar, para traicionar, para perdonar y, como no, por amor.

Hay besos que nunca recibimos, los besos que siempre soñamos, los que nunca daremos, los enviados, ya sea por carta, por teléfono, por e-mail o lanzándolos con la mano, o los besos que nunca sabremos si llegaron a su destinatario. También hay una cronología de los besos: el primero, único e inolvidable, y el último, que casi siempre es mejor olvidar, según destaca la editorial Siruela en la contraportada del libro.

Un beso llama inevitablemente a otro

Existe también -asegura Montandon- toda una aritmética del beso, ya que "no es posible amar sin contar, sin esa embriaguez que se deriva de la enumeración y el recuento". La razón estriba en que un beso llama inevitablemente a otro y, después, a otro más, asegura el filósofo y literato.

Hay besos de novela, que requieren muchos adjetivos para describirlos; de teatro, que corta las palabras, y de película. Si el primer beso cinematográfico se remonta a 1896, en un film norteamericano titulado La viuda Jones, el primer beso de verdad fue el que se dieron Natalie Wood y Warren Beatty en la película Esplendor en la hierba, realizado en 1961 en los estudios de Hollywood.

Pero el beso más largo del cine, que duró ciento ochenta y cinco segundos, se lo dieron la primera mujer de Ronald Reagan, la actriz Jane Wyman, y Regis Toomey, y data de 1940, en la película Ahora estás en el ejército. Ese tipo de actuaciones solían servir como sustituto, "bastante grotesco", de la relación sexual.

'Tristán e Isolda' o 'Romeo y Julieta'

Pero la Literatura también ha dejado otros besos de célebres amantes que unieron sus bocas en una sublime apoteosis para reunirse de nuevo tras la muerte, como Tristán e Isolda o Romeo y Julieta.

Aunque el besar se considera algo instintivo, el autor asegura que esa costumbre no existía en los pueblos originarios de América y Oceanía, los chinos la rechazaban por motivos higiénicos y algunos pueblos africanos la reducían a la más estricta intimidad.

Sea como fuere, Montadon mantiene que la historia del beso permite comprender la evolución social. Y otros, con base científica, recomiendan besar cuando más, mejor, ya que se estimula una parte del cerebro que emite oxitocina al flujo sanguíneo, lo que genera sensación de placer y bienestar. Una sensación que se incrementa cuanto más apasionados sean los besos pues entonces lo que libera el cuerpo es adrenalina y mayores son los beneficios para la salud, dicen.

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Opiniones de los lectores (1)

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1. usuario registrado Vicente TorresDomingo, 23/03/2008, 08:28 h.

Y el beso de Cortázar en Rayuela.http://xpuntodevista.blogspot.com

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