TEATRO
María Adánez, mejor íntima que dominadora

Raul Prieto y María Adánez, criado y ama, ¿Quién manda sobre quién?
@María José S. Mayo - 22/03/2008
LA SEÑORITA JULIA

Dirección: Miguel Narros.
Autor: August Strindberg.
Versión: Juan C. Plaza-Asperilla.
Intérpretes: María Adánez, Raúl Prieto y Chusa Barbero, entre otros.
Lugar: Teatro Fernán Gómez. Plaza de Colón, s/n. Madrid.
Teléfono: 91 480 03 00; venta telefónica 902 10 12 12.
Horario: M. a v. 20 h.; s. 18 y 21h; d. 19h.
Fecha: Hasta el 13 de abril.
Precio:15 a 20 €.
www.esmadrid.com
María Adánez pone de nuevo rostro a otra de esas mujeres arrebatadoras que Miguel Narros lleva a las tablas. Si hace un par de años recurrió a ella para que diese vida a su Salomé, en esta ocasión se mueve de la escritura del inglés Oscar Wilde a la del sueco August Strindberg y su obra La señorita Julia. En ella hay dos líneas de confrontación que se solapan: la de amo y criado, y la de mujer y hombre. Fluctúan sobre la escena mientras el deseo es el verdadero detonador de los instantes más poderosos. Adánez pone cara a la señorita Julia y Raúl Prieto a Juan, su criado. Ambos son una pareja de gran atractivo pero les falta carisma y profundidad en sus interpretaciones, lo que finalmente hace que la obra quede por debajo de lo que se espera.
No obstante, se ha de reconocer que la obra de Strindberg es complicada por su acumulación de símbolos. Por eso, quizá, Narros quiere dar al montaje introducción en la que los dos actores y Chusa Barbero, interpretando a la cocinera, el personaje en discordia, hablan de la obra en un tono que pretende ser distendido. Pero este empeño de anticipar alguno de los puntos que promete el texto, para que cuando lleguen sean muy esperados, no obtiene el efecto deseado. El parlamento resulta poco natural, lo que hace que toda su cháchara sea prescindible.
Llegados al texto en sí, Adánez vuelve a demostrar que se luce en los momentos más íntimos, pero cuando ha de ser brusca y temperamental su interpretación muestra signos de debilidad. Por eso lo mejor de ella se da en la segunda parte de la obra, aquella en que Julia cae en la cuenta del funcionamiento del mundo y se acerca a la enajenación. Por su parte, a Raúl Prieto no la falta presencia sobre las tablas, pero sí ritmo: resulta demasiado acelerado, demasiado nervioso en todo momento sobre el escenario. Chusa Barbero tampoco termina de rematar la faena, y muestra en determinados momentos signos de sobreactuación.
La escenografía es perfecta y el vestuario muy adecuado, pero de nuevo nos preguntamos si resulta una decisión acertada sacrificar la calidad de las interpretaciones a favor de utilizar rostros conocidos o atractivos que lleven más espectadores al teatro. Sinceramente, no hay nada como una actuación poderosa, venga de quién venga.
LO MEJOR: Los momentos en que Adánez se muestra más tierna.
LO PEOR: Cierta sobreactuación de sus actores.
En cartel en Madrid:
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