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DOS PALABRAS

Y Zapatero instalado en su ‘dolce far niente’

@Federico Quevedo - 20/03/2008

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Es hora de volver a la realidad. Durante quince días de campaña electoral todo, absolutamente todo, estaba condicionado, viciado diría yo, por la proximidad de las elecciones. Y en esas circunstancias, bajo el prisma de la consulta electoral, todo parece relativo. Pero lo cierto es que lo que muchos veníamos advirtiendo desde hace tiempo, sobre todo desde este verano, se ha hecho realidad, y ya no vale decir que es “antipatriota” hablar de crisis económica. En los días previos a las elecciones al Gobierno le ha podido servir de reclamo la acusación al PP de infundado alarmismo, aunque yo creo que la percepción de la crisis es lo que ha evitado que Rodríguez obtuviera un resultado mejor el 9-M. Si lo piensan, ha pasado lo mismo que pasó en el 93: los ciudadanos le perdonan a la izquierda todos sus desmanes, salvo la crisis económica. Entonces le perdonaron a Felipe la corrupción y el crimen de Estado, y esta vez le han perdonado a Rodríguez la negociación con ETA y la ruptura del consenso constitucional. Lo que de verdad hizo que Felipe ganara por la mínima en 1993 y que perdiera en 1996 fue la crisis económica, y a Rodríguez puede pasarle tres cuartos de lo mismo.

Es importante que en la sede del PP, cuando analicen –si es que lo hacen- el por qué no han ganado las elecciones del 9-M tengan esto en cuenta. Es cierto que gracias a que el partido de centro-derecha ha mantenido una posición muy firme en esas dos materias –terrorismo y modelo de Estado- el Gobierno no ha ido más lejos, pero también lo es que esa actitud ha tenido un coste en términos electorales: la imagen que ofrecía el PP era antipática para una parte muy importante del electorado, esa parte que prefiere seguir viviendo sin saber nada de lo que pasa a su alrededor, sin importarle demasiado los problemas de los demás. Si hay alguien a quien le multan por rotular en castellano en Barcelona... ¡pues que rotule en catalán, coño! Pero esa parte también vota, inevitablemente vota, y su voto es tan legítimo como el de quien se siente preocupado por el destino de su país y por el futuro de todos. Claro que esto es así mientras esa parte del electorado sigue instalada en una especie de dolce vita ajena a las cuestiones importantes gracias a una boyante situación económica –heredada de la gestión del anterior Gobierno, todo sea dicho-... Pero, ¿qué pasa cuando la crisis empieza a hacerse notar en los bolsillos de todos?

Rodríguez y el PSOE han conseguido retrasar el efecto de la crisis lo suficiente como para no perder las elecciones, acusando de alarmismo al PP y, al mismo tiempo, haciendo creer que con ineficaces medidas sociales se conseguiría que las clases menos pudientes salieran adelante. Una falacia. Ahora es cuando, de verdad, el Gobierno se tiene que enfrentar al verdadero problema de esta legislatura. Les diré algo: se equivocará el PP si cree que debe seguir haciendo oposición con el terrorismo y el modelo de Estado. No digo que deban abandonar ambas cuestiones a su suerte, pero donde ha hecho más daño el PP en la recta final de la campaña ha sido en los asuntos que de verdad preocupan a los ciudadanos: situación económica, inmigración, seguridad ciudadana. Es ahí donde el Ejecutivo de Rodríguez va a seguir instalado en su particular dolce far niente porque carece de recetas eficaces para afrontar esos problemas. Rodríguez es lo suficientemente listo como para haberse dado cuenta de que ni en materia de terrorismo ni en su particular proyecto de reforma constitucional por la puerta de atrás puede actuar de la misma manera que lo hizo en su primera legislatura y con los mismos pactos, y va a moderar sensiblemente su maneras para romper el discurso del PP. Pero no sabe gestionar.

Ese es su punto débil, su talón de Aquiles. Cree que las cosas se solucionan por su propia inercia, pero la inercia se acaba. Y la crisis económica esta llamando a la puerta, y a la vista de cómo se presentan algunos indicadores, ya hace semanas que quienes solo se atrevían a hablar de crisis ahora hablan de recesión. Y Rodríguez debería saber, sin duda, que en las actuales circunstancias de nuestro país, una recesión acompañada de una destrucción fuerte de empleo amenaza seriamente con convertirse en un problema añadido desde el punto de vista migratorio y de seguridad ciudadana. ¿Qué se le ocurre al presidente en un caso como este? Gasto público, gasto público y gasto público. Y esa receta es la peor que puede endosarse a la economía española en este momento porque no hará sino agravar la crisis. Felipe perdió el poder por culpa de la economía. Rodríguez ha conseguido retrasar el cobro de la factura, pero más pronto que tarde tendrá que presentarla y los ciudadanos se la van a cobrar. La izquierda no sabe gestionar las crisis económicas, y es en el ojo del huracán de la recesión cuando los ciudadanos se van a preguntar sí a lo mejor no será verdad que todo eso del terrorismo y el modelo de Estado también es un problema. Pero Rodríguez seguirá mirando para otro lado, no porque no quiera hacer nada, sino porque no sabe qué hacer.

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