Dos son multitud
El líder de Izquierda Unida, Gaspar Llamazares (Efe).
@Carlos Sánchez.-08/03/2008 20:34h
Algo más de 35 millones de españoles, un 1,45 por ciento más que en los comicios de 2004, podrán elegir hoy a los 350 diputados y 208 senadores que compondrán el Parlamento de la IX legislatura depositando su voto. La política española se encamina hacia un bipartidismo casi perfecto (si todavía no lo es). No es un juicio de valor, es una simple constatación aritmética. En 2004, el Partido Socialista y el Partido Popular obtuvieron ocho de cada diez votos en juego, y todo parece indicar que tras el 9-M se perfila un parlamento partido por la mitad, con las formaciones nacionalistas, de nuevo, convertidas en la bisagra del sistema político. Y con una Izquierda Unida anclada en la marginalidad por culpa de la Ley Electoral, pese a ser la tercera fuerza política en número de votos (1.284.081 en las últimas generales).
El bipartidismo se puede visualizar de una manera más nítida si se atiende no sólo al número de votos sumados entre PSOE y PP, sino a la luz de los escaños logrados en el Congreso de los Diputados. Los dos grandes partidos que vertebran el sistema político español lograron hace cuatro años el 79,4% de los votos, pero en cambio sumaron el 89% de los 350 diputados con que cuenta la Cámara Baja. Si las encuestas no fallan, y el atentado del viernes contra el ex concejal de Mondragón puede contribuir a ello, en la próxima legislatura nueve de cada diez diputados serán del PP o del PSOE, partidos a los que les beneficia claramente la Ley Electoral. Un ejemplo.
En 2004, el Partido Socialista obtuvo el 42,59% de los votos (algo más de once millones de papeletas), pero su representación parlamentaria fue equivalente al 46,85% de los diputados. Al Partido Popular, igualmente, le votó el 37,71% del electorado, pero su presencia en el Congreso fue del 42,28%. Es decir, que en el primer caso el ‘plus’ de representatividad fue de 4,26 puntos porcentuales, y de 4,57 puntos en el segundo. Lógicamente, los ‘paganos’ de esta situación son los partidos más pequeños, y, en particular, Izquierda Unida. El partido de Llamazares obtuvo en 2004 el 4,96% de los votos, pero únicamente logró el 1,42% de las actas de diputado.
Votos y circunscripciones electorales
A menudo se echa la ‘culpa’ de este desigual resultado electoral a la Ley D’Hont, pero en realidad el origen de la cuestión tiene que ver con el tamaño de las circunscripciones electorales, que favorece de manera extraordinariamente relevante a los dos gran partidos.
El 9 de marzo se eligen, formalmente, 350 diputados, pero en realidad la proporcionalidad electoral se aplica únicamente sobre 248 diputados, ya que el resto -102 diputados- se asigna automáticamente de acuerdo con el siguiente esquema, y en cualquier caso al margen del número de habitantes. Cada una de las 50 circunscripciones provinciales tiene asegurado un mínimo de dos escaños, mientras que las ciudades de Ceuta y Melilla tienen derecho a un diputado cada una. En total, se eligen, por lo tanto, 102 diputados mediante un sistema que tiene más de mayoritario que de proporcional. Al resto, y como la Constitución determina, se le aplica un sistema proporcional corregido mediante la Ley D’Hont, aplicada en España con el objetivo de garantizar la estabilidad parlamentaria.
Eso quiere decir que el sistema proporcional -tal y como lo define la Constitución- se aplica únicamente sobre las dos terceras partes del número de diputados a elegir, lo que sin duda perjudica a las regiones más pobladas y beneficia, por el contrario, a las más despobladas. Algo que explica que el PP obtenga sus mejores resultados en Castilla y León. Un diputado en Soria cuesta seis veces menos que uno de Madrid.
Al PSOE, por el contrario le beneficia que Andalucía esté divida en ocho circunscripciones electorales, al contrario que al Partido Andalucista, que es el más perjudicado por el sistema electoral, incluso por encima de IU. El PA obtuvo en 2004, 181.868 votos, pero no logró ningún diputado, mientras que Nafarroa Bai logró un escaño con únicamente 61.045 papeletas.
La aritmética electoral, junto a una campaña basada en denigrar al adversario (lo que estimula la bipolaridad), explica el nuevo escenario político, que tiene más que ver con un país de corte mayoritario que proporcional, aunque sea corregido. Algo a lo que contribuye, sin lugar a dudas, el sesgo presidencialista que se viene dando al sistema político español desde hace más de un cuarto de siglo, cuando el Partido Socialista, de la mano de un candidato ‘fuerte’, como era Felipe González, cultivó el culto al líder.
Presidencialismo y sistema electoral explican el bipartidismo.
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Opiniones de los lectores (1)
1.
Vicente Torres09/03/2008, 10:35 h.
Ojalá éstas sean las últimas elecciones con listas cerradas. Esperemos que los votantes se den cuenta de que las cosas no pueden continuar así. Los españoles ya somos mayores de edad. http://xpuntodevista.blogspot.com
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