SIN ENMIENDA
Réquiem por Rajoy o por Zapatero
@Juan Carlos Escudier - 01/03/2008
Han dicho Rajoy y Zapatero, en lo que ha sido su único punto de coincidencia en la campaña, que si pierden las elecciones no piensan tomar de las de Villadiego y que, salvo debacle, en el caso del primero, o petición expresa del partido, en palabras del segundo, no habrá quien les apee del burro ni a empujones. Se trata, sin duda, de una refinadísima broma, conocido es el carácter chancero de ambos candidatos y su afición por las cuchufletas. ¿O no?
En el PP el chiste se empezó a contar antes de que se iniciara oficialmente la cuenta atrás hacia el 9 de marzo y de que el propio Rajoy en persona nos matara de risa. Tal y como se explicaba en el círculo de confianza del líder del PP una derrota no tendría por qué implicar su dimisión, sobre todo si se mejoraban los resultados obtenidos en 2004. En definitiva, que si el PP conseguía, pongamos por caso, 147 escaños, uno más de los que tenía hasta ahora, el resultado debía ser considerado un éxito de crítica y público, un avance incontestable y, en consecuencia, ni gatopardo ni leches, nada tendría que cambiar para que todo continuará exactamente igual.
El último argumento de peso miraba directamente al carismático predecesor. ¿Acaso Aznar no había necesitado concurrir a tres elecciones antes de poder cambiar las cortinas de Moncloa? Irrefutable. Y si el mejor presidente que vieron los siglos había necesitado tanto tiempo, ¿iba a exigírsele a Rajoy que batiera un récord?
Con estas coordenadas se entenderían mejor algunas de las decisiones tomadas previamente, como la exclusión de Gallardón de las listas, porque, al fin y al cabo, para qué iba Rajoy a allanar el camino a sus posibles sucesores si el relevo sólo estaba en algunas mentes calenturientas como la de Esperanza Aguirre. Eliminados los presuntos competidores y descartada la rebelión interna, que ya se sabe que el PP es una piña indisoluble y de las grietas ya se ocupa Acebes con la silicona, Rajoy se dispondría a llevar al partido a la victoria, allá por el 2012, que está a la vuelta de la esquina. Fin del chiste.
Bromas aparte, y salvo que una demencia colectiva se haya adueñado de la derecha, una nueva derrota ha de conducir inexorablemente a la renovación tantas veces pospuesta. En este caso, puede ocurrir lo peor: que el partido se muestre incapaz de decidir lo más adecuado a sus intereses, e implore a su gran timonel con bigote que asuma de nuevo el mando –si es que alguna vez dejó de hacerlo- o designe por segunda vez al elegido a su manera, esto es, a dedo. O lo mejor: que funcione la democracia interna –algo excepcional, por otra parte - y sea la organización quien conceda la corona de laureles.
Privadamente, algún dirigente atrevido ha llegado a afirmar que el PP necesitará encontrar su propio Zapatero, es decir, alguien joven, que sea diputado para poder ejercer plenamente la tarea de oposición, no contaminado por el pasado y capaz de marcar distancias de los dinosaurios del partido. Apunten un nombre: Esteban González Pons, 43 años, abogado, candidato al Congreso por Valencia, y antes de eso senador, diputado autonómico y conseller.
Por lo que respecta al PSOE, la derrota se ve lejana y, quizás por eso, nadie ha prestado mucha atención a la gracia presidencial. ¿Pedirán los socialistas a Zapatero que haga las maletas si después de cuatro años de crecimiento económico sostenido e importantes avances sociales perdiera las elecciones por sus deslices en la negociación con ETA o por las tensiones territoriales, es decir, por su propia estulticia? Apuesten.
En política uno puede morir varias veces, pero dejando transcurrir un tiempo, de manera que es inconcebible aspirar a la resurrección desde el mismo puesto en el que se pasó a mejor vida. Ya fuera porque el que estaba muerto o en la UVI era el propio partido cuando llegó a la secretaría general, el de Valladolid puede presumir de haber sido el líder con menos contestación interna de la historia. Empujado otra vez a la oposición nada sería lo mismo. Si alguien conduce el barco al centro de la tempestad no debe extrañarse de que las olas le barran sin piedad de la cubierta.
“Haré lo que José Luis me diga”. Es la frase que Bono emplea en la distancia corta para referirse a su papel en un hipotético descalabro. Quiere explicar con ello que por su cabeza no pasa mover la silla a Zapatero si las cosas se tuercen y que, sólo en el supuesto de que se lo pidiera, daría un paso al frente. ¿Se lo creen? Apuesten de nuevo.
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Opiniones de los lectores (1)
1.
JavierB03/03/2008, 11:20 h.
Yo ya ni me cabreo de ver el autismo colectivo que padecen los partidos políticos españoles. Entre eso y el piñón fijo de los nacionalistas, esto va a ir muy mal. Hablaba este fin de semana con una amiga alemana que está por estos pagos, y confesaba su perplejidad ante la ínfima categoría del "debate" entre los partidos, la corrupción (y no la sabía todo, la tuve que poner al día, y eso que yo no se nada...). Votaré a UPD y mientras tanto, si me sale trabajo en otro país, digamos UK donde los expats disfrutan de un tratamiento fiscal bastante favorable, entonaré el "Si te he visto no me acuerdo" y cuando me jubile...a Malasia, que es más barato.
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