CINE
No es un simple juego de niños

@Nacho Gay - 29/02/2008
BUDA EXPLOTÓ POR VERGUENZA

Director: Hana Makhmalbaf.
Guión: Marzieh Meshkini.
Fotografía: Ostad Ali.
Música: Tolibhon Shakhidi.
Intérpretes: Nikbakht Noruz, Abdolali Hoseinali, Abbas Alijome.
“No quiero jugar a apedrear”, dice la pequeña Baktay mientras un grupo de críos finge su lapidación. “No me gusta jugar a la guerra”, afirma la misma niña de seis años al tiempo que el citado grupo de chavales simula un ataque de la aviación americana... Más parábola que película propiamente dicha, Buda explotó por vergüenza, pequeño filme iraní que versa sobre el ‘problema’ afgano, ancla su discurso en el transposición del mundo de los adultos sobre el de los más pequeños. El mismo viejo recurso que utilizó, por ejemplo, Yves Robert en La guerra de los botones (1962) para reflexionar sobre ciertas constantes que determinan las relaciones sociales y familiares.
De todos modos, si el cine de Hana Makhmalbaf, una joven directora de tan sólo 20 años, recuerda a algún otro, ése es sin duda el de Bahman Ghobadi, autor de películas como Media luna o la escalofriante Las tortugas también vuelan. Como las cintas citadas, la ópera prima de esta cineasta prodigio posee una atmósfera asfixiante y terrible que otorga al relato una dureza desgarradora. Aunque también es cierto que el abuso de la metáfora, a ratos tan sutil como aparatosa, confiere a la cinta un cierto toque naif.
De todos modos, hay algo de genialidad en el farsa que Makhmalbaf narra en esta película. Algo poderosamente bello y al mismo tiempo aterrador en la historia de Baktay, una niña que pretende enfrentarse a la vida con un cuaderno en una mano y un pintalabios en la otra, armas vetadas para cualquier mujer afgana. La directora iraní eleva a la joven protagonista de este relato a la categoría de símbolo de la represión talibán. Se trata por tanto de una película denuncia, rodada con actores no profesionales que se comportan como si lo fueran y también con cierto espíritu documental, idea que refuerza fundamentalmente el último plano de la cinta.
Ese plano de archivo, del todo redundante e innecesario, que se encarga de remarcar la idea que impregna todo el relato, es el único que está fuera de la diégesis. Hana lo introduce al más puro estilo Eisenstein. Asentado sobre los baluartes del montaje intelectual. 'Cine puño' en su concepción soviética. Quizá el mejor ejemplo de la contradicción que entraña una pequeña película que navega sin rumbo definido entre lo emotivo y aterrador de su mensaje latente y la escasa sutileza con la que en ocasiones tal mensaje se hace patente.
Lo mejor: La interpretación de la pequeña N. Noruz.
Lo peor: El último plano de la cinta.
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