CULTURA Y PODER
Quiénes decidirán las elecciones
@Esteban Hernández.- - 20/02/2008

Si Rajoy y Zapatero quieren ganar las elecciones, han de saber que lo importante son los sentimientos y que las características personales de los líderes son esenciales. Y que la derecha y la izquierda no existen; o, al menos que sólo cree en ellas esos términos una pequeña parte del electorado, justo la que no decidirá las elecciones. Así lo asegura el consultor político Jaime Durán, quien llevó a la alcaldía de Buenos Aires a Mauricio Macri, el presidente de Boca Juniors. Durán acaba de publicar en España Mujer, sexualidad, internet y política (ed. Fondo de cultura económica) que firma con su socio, el también ecuatoriano, Santiago Nieto, con quien ha participado en decenas de campañas latinoamericanas.
Durán asegura haber investigado en este tiempo las más diversas realidades, desde pequeñas ciudades andinas o núcleos urbanos intermedios como Guayaquil, hasta “esa impresionante megapolis indoamericana que es México o la ciudad más sofisticada intelectualmente y europeizada de la región, Buenos Aires”. Y en todos esos lugares afirman haber encontrado algo común: que “quienes se preocupan porque el futuro presidente o alcalde sea de izquierda o derecha no llegan al 25% de los electores. Para tres de cada cuatro latinoamericanos el tema es irrelevante. El interés en esas definiciones es mayor entre los más educados, los mayores de cincuenta años y los definidos políticamente”. Y ese es justo el sector de votantes que a los consultores no les interesa, porque “prácticamente todos han decidido por quién votar. El terreno de la batalla en el que trabajamos son los electores indecisos, los que más desprecian la política, los que están cansados de la antigua discusión ideológica y tratan de de comprender este nuevo mundo que ha surgido desde fuera del paradigma del siglo pasado”.
Sin embargo, cabría preguntarse hasta qué punto ese modelo es trasladable a la realidad europea, si no estaríamos ante un paradigma válido para países concretos pero no para España. Según Durán, “el fenómeno es muy semejante en todo Occidente en lo que se refiere a los electores. En cuanto a lo que ocurre en los procesos electorales, los efectos cambian porque los sistemas políticos son distintos. En España existe una democracia indirecta en la que estos cambios se sienten menos, mitigados por el rol protagónico de los partidos y el régimen parlamentario. Pero los cambios existen, y si alguien sabe incorporarlos a su trabajo puede dar grandes sorpresas electorales”.
Nos movemos, por tanto, en sistemas políticos que ya no tienen ideología, según Durán. “En Occidente son pocos los que querrían volver a la época de la Guerra Fría. Hasta la caída del Muro de Berlín, vivimos una etapa en la que todo lo que ocurría en el mundo se interpretó desde la óptica de algunas ideologías occidentales, en cuyo nombre se produjeron las mayores masacres de la historia de la especie. Esas cosas, felizmente, acabaron. Nace una nueva era en la que la discusión acerca de los valores se dará en el marco de una redefinición radical de la izquierda y la derecha, si se quiere usar esa vieja terminología”.
Sin embargo, Durán y Nieto sí se posicionan políticamente, en la medida en que entienden que si hay algo conservador y reaccionario son las posiciones izquierdistas.
“El mundo es redondo, los extremos se topan. La izquierda antigua era pariente cercana del nazismo. Stalin se parecía más a Hitler que a Churchill o a Truman. Se enfrentaron por causas que iban más allá del parentesco ideológico. Actualmente, en algunos países de la América hispana han aparecido líderes fascistoides que dicen ser de izquierda. Un Coronel golpista preside un gobierno totalitario en Venezuela persiguiendo a los ricos cuando no son sus amigos y enriqueciendo a sus parientes, un líder étnico racista lidera la división de Bolivia, un comandante que vive en una mansión fastuosa encabeza la revolución nicaragüense. A esos líderes algunos los consideran de izquierda. Nada tienen que ver con presidentes como Lula da Silva en Brasil, Bachelet en Chile, Tabaré Vásquez en Uruguay, que siguen las líneas de lo que se podría llamar una izquierda moderna. No imagino a Felipe González compartiendo la tarima con Hugo Chávez en Caracas. Una cosa es el fascismo tropical y otra la socialdemocracia”.
¿Partido o candidato?
En ese nuevo entorno del que hablan ambos consultores, educados en el ámbito estadounidense y criados en las teorías de marketing político que allí se manejan, parece que las características personales del candidato son decisivas en las elecciones. Cabría preguntarse, entonces, si importa más el partido o el candidato. Durán afirma que “en los países con un régimen presidencial y elecciones directas las características personales son determinantes. El consultor político más grande la historia, Joseph Napolitan decía que para ganar una elección se necesitan dos elementos: un buen candidato y una buena estrategia. Si usted cuenta con ellos todo lo demás puede venir. Los partidos en países como México, Argentina, Chile, Colombia son enormes maquinarias electorales, vaciadas de contenido ideológico, extremadamente útiles para ganar una elección. En el caso español, la personalidad de los candidatos gravita cada vez más y lo hará más en el futuro. El desarrollo de los medios de comunicación lleva cotidianamente al líder a la casa de los electores, las distancias teóricas entre los partidos se hacen tenues, la gente busca dirigentes que cumplan, que sean honestos, en cuya palabra puedan creer”.
Parece, no obstante, que justamente en Latinoamérica esa clase de político no abunda, al menos en la medida en que gran parte de la población entona con cierta frecuencia el “que se vayan todos”. Pero Durán asegura que estamos mucho más ante una ceremonia de ciertas élites que ante un sentimiento compartido por la población. “La mayoría de los electores detesta a los viejos políticos. Quiere un cambio radical, mucho más profundo que el que planteó la antigua izquierda. Sin embargo, cuando van a las urnas, votan por lo menos malo que encuentran, por políticos innovadores, pero políticos al fin y al cabo. Esto es lógico. Cuando la selección española de fútbol sufre un gran revés, muchos serán críticos de los jugadores y de los técnicos, pero buscarán nuevos futbolistas. Serán pocos los que crean que la solución es formar un equipo con obispos. La política es cosa de políticos, más anticuados o más renovados, pero finalmente políticos”.
El problema estaría, pues, en cómo llegar a esos nuevos electores. Muchos apuestan por moderar los mensajes, porque creen que cuanto más centrados sean, más votos se conseguirán. Otros apuestan por radicalizarlos. Para Durán, esas son consideraciones menores: el elector indeciso vota ante todo con el corazón. “El problema de la mayoría de los políticos y también de los consultores es que son militantes antes que profesionales y plantean la estrategia electoral a partir de estos conceptos: moderar o radicalizar un discurso que los indecisos ni siquiera quieren escuchar. Para hacer una política pragmática hay que salirse de ese paradigma. Tratar de comprender la campaña desde los ojos de la gente real y no desde la teoría. La gente vota con el corazón. Debe querer al candidato. Si lo odia, no votará por él aunque escriba hermosos programas. Vota con el hígado, movido por resentimientos. Vota con el estómago, buscando satisfacer sus necesidades. Vota también movida por sus vigilias y sus ilusiones, por temas que le quitan el sueño y por otros que le permiten soñar sus pequeñas utopías”.
Pero si vota movido por sentimientos, ¿cuáles son más útiles electoralmente, los positivos o los negativos? ¿Hasta qué punto el resentimiento puede determinar unas elecciones? “En muchas circunstancias – asegura Durán- los resentimientos y los temores deciden el resultado de una convocatoria electoral. Siempre hay personas que se sienten marginadas, tratadas de manera injusta y usan su voto para castigar a quienes creen sus victimarios. Esa es la base sobre la que se asienta la popularidad de Chávez, Evo Morales. Es la misma que permitió, en su momento, que Hitler ganase las elecciones en Alemania”.
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