Ágatha, la mujer ¿rojilla y republicanilla? de Pedro Jota
@Nacho Gay - 20/02/2008

Estrenaba TVE el pasado lunes Mueve tu mente, un nuevo espacio de brain training para que los españoles nos autoconvenciésemos, sin necesidad de salir de casa, de que nuestro cerebro suele venir defectuoso de fábrica. En cinco minutos habían conseguido su objetivo. Al menos en mi caso, que aguanté viendo el espacio no más de otros cinco. Sin embargo, en esa pequeña fracción de tiempo dos cosas me quedaron clarinete. La primera, que Gestmusic, productora del espacio, siempre hace el mismo programa, con los mismos colaboradores o invitados, las mismas luces o los mismos criterios escenográficos. La segunda, que la televisión pública necesita como el comer espacios de este tipo, que ayuden a trabajar el cerebro de sus gerentes para, una vez superada esa primera fase, comenzar a configurar una ‘parrilla’ de verdad.
Para juegos de-mentes, eso sí, los que se traen entre manos todas las mañanas los colaboradores cachondos de Espejo público, los cuales comentan en petit comité la actualidad de la jornada restándole hierro a todos los asuntos que marca la peligrosa agenda setting. Lo cierto es que se agradece este esfuerzo por tender hacia la mofa y el relato un tanto esperpéntico de la realidad, sobre todo en estos tiempos de mensajes apocalípticos, en los que, con la televisión funcionando como principal vocero, aquellos a los que les interesa inoculan de forma permanente -‘aguja hipodérmica’ en mano- recaditos cuyo único objetivo es generar un pánico generalizado, da igual respecto a qué cosa. El miedo. Siempre el miedo... como instrumento de sostén de las masas.
Ayer martes, Susanna Griso y Cía. recibieron la visita en plató de Ágatha Ruiz de la Prada. Vaya por delante que a mi esta tía me cae simpática. Me resulta una superviviente en toda regla. Una mujer que ha construido un imperio con escaso talento y que, aunque me da en la nariz que se tira un poco el pegote, representa el núcleo duro de la resistencia esnob a un mundo cada vez más globalizado, aburrido y ortodoxo. De ahí a decir, como lo hizo ayer la conductora del espacio, que su última colección es muy "ponible", hay un trecho que un servidor, a título personal, no está dispuesto a recorrer. Me apunto al 'rollo Prada' siempre y cuando no se me obligue a ponerme uno de sus diseños.
Ágatha, a la que por lo que se ve no le debe quedar demasiado tiempo para peinarse, se pasó ayer la mañana valorando el estilo de algunos de los personajes más relevantes de la esfera pública. Muerto me dejó cuando se metió con el vestuario de la Princesa y le recomendó que pidiera consejo a su ex cuñado: “Yo he sido siempre muy fanática de Marichalar (...), porque es el más culto, el más royal”, dijo. Y elogió a Sonsoles Espinosa, Zapatero y María Teresa Fernández de la Vega. Increíble. Roja, roja, roja. Y republicana. ¿Qué pensará Pedro Jota de todo esto? Tanta portada proPP para que su mujer lo eche todo por la borda en media hora de ‘tele’. En fin, cada cual que cargue con su cruz.
La que lleva a cuestas Espejo Público es la de siempre; la misma que cargan todos los espacios similares. La sonrisa y el buen hacer de Susanna Griso invitan a pasar la mañana en Antena 3, pero este programa ya no es lo que era. Al ampliar su horario e introducir nuevos contenidos, Espejo Público se ha terminado convirtiendo en lo que estoy seguro nunca quiso ser: un magacín para amas de casa, quizá un poco más exóticas, que prácticamente comparte escaleta de contenidos con El programa de Ana Rous.
Ambos espacios analizan la actualidad desde el mismo prisma: el de la tragedia continua, entendida como círculo vicioso. Ayer, por ejemplo, Griso dedicó más de media hora a la realización de una entrevista macabra a una madre que denunciaba la desaparición de su hija y al análisis de un conflicto callejero que incluía amenazas, palizas, sangre... En fin, más de lo mismo. Es cierto que en el programa matutino de Antena 3 el invitado nunca se llama Joselito, sino Fernández de la Vega o Ruiz de la Prada, que son nombres mucho más pijos, dónde va a a parar. Pero tanto monta, monta tanto. Al final, el excelente trabajo de la conductora del espacio queda deslucido por las imposiciones chorras del horario de emisión. Una pena.
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