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Patéticos personajes de oficina

@Esteban Hernández - 16/02/2008

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ENTONCES LLEGAMOS AL FINAL

Autor: Joshua Ferris.
Editorial: RBA.
Páginas: 335.
Precio: 21 €.
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La mejor definición de esta novela de humor posmoderno sobre la vida en la oficina aparece en sus párrafos iniciales, cuando el autor fuerza a su protagonista colectivo a que se defina de partida. Y lo hará contundentemente, contándonos cómo, entre otras cosas, “Estábamos malhumorados y demasiado bien pagados”, “Nuestras mañanas carecían de alicientes”, “Nuestros privilegios eran asombrosos por su cantidad y calidad” o “Nuestro hastío era permanente”. Si somos sinceros, habremos de reconocer que eso es lo que piensan muchos ejecutivos de sus subordinados: que no son más un atajo de gente desmotivada, a la que se presiona poco y se paga demasiado. De modo que uno de los méritos del debut novelístico de Joshua Ferris es precisamente poner esa perspectiva, desde el inicio, encima de la mesa.

El otro es situar la narración en un ámbito como la oficina, donde la convivencia es siempre ambigua. Largas jornadas interactuando con personas a las que, al mismo tiempo, se las impone distancia y se las ofrece cierta confianza, y donde los sentimientos son con frecuencia contradictorios: allí hay frialdad y empatía, lealtades y traiciones, amistades sólidas que se desvanecen pronto. Y mucho de eso hay en el punto de partida de esta novela ambientada en la rutina vital de una agencia de publicidad de Chicago antes de que las Torres Gemelas fueran derribadas.

Pero a esos hastiados y habituales trabajadores, que matan su tiempo con los cotilleos, las intrigas, alguna relación sentimental y alguna broma de mal gusto, les llegará la época de vacas flacas con la crisis de las ‘punto com’. Verán cómo adelgazan sus privilegios hasta desaparecer, cómo la plantilla se reduce, cómo cada uno de ellos puede ser el siguiente en ser despedido. Ferris sitúa, pues, su narración, en esa situación de emergencia, como si estuviera poniendo a prueba a sus personajes, forzándoles a mostrar su verdadero rostro. Veremos entonces cómo se incrementan las excentricidades, las peleas por los espacios y los objetos que dejan quienes han sido despedidos, el retrato de pequeñas miserias y (algunos) grandes dolores.

Como el de una de las socias fundadoras de la empresa, a quien se le ha detectado un cáncer. A su través, Ferris formula una de las preguntas más habituales, y menos verbalizadas, en el mundo del trabajo inmaterial: ¿he hecho bien dedicando toda mi vida al trabajo? ¿No me habré perdido lo mejor que la vida podía ofrecerme porque sólo tenía ojos para mi trayectoria profesional? Ferris, con este personaje, introduce un matiz sentimental poco presente en el texto, mucho más pendiente de ridiculizar a sus protagonistas que de generar identificaciones o de permitir que los veamos con simpatía. En las creaciones culturales contemporáneas, parece que el humor (y las series televisivas son buen ejemplo) suelen basarse no en la construcción de situaciones sino en perfilar adecuadamente personajes patéticos, algo a lo que aquí se apunta Ferris.

Entonces llegamos al final ha contado con una gran aceptación en Estados Unidos, con reseñas elogiosas y buenas ventas. Incluso el New York Times la ha destacado como una de las cinco mejores novelas de 2007, lo que sólo puede significar que o la narrativa estadounidense se encuentra en estado catatónico o que lo estaban los críticos a la hora de realizar la elección. Sin embargo, tampoco estamos ante una obra que se pueda desechar fácilmente, en tanto posee algunas cualidades innegables, además de manejar un tipo de humor que satisfará a muchos lectores.

LO MEJOR: El narrador plural que vertebra la novela.

LO PEOR: Las situaciones que describe resultan en ocasiones un tanto forzadas.

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