CINE
El dios petróleo

@Nacho Gay - 15/02/2008
POZOS DE AMBICIÓN

Director: Paul Thomas Anderson.
Guión: Paul Thomas Anderson (Novela: Upton Sinclair).
Fotografía: Robert Elswit.
Música: Jonny Greenwood.
Intérpretes: Daniel Day-Lewis, Paul Dano, Kevin J. O&rsqnoConnor, Ciarán Hinds, Russell Harvard.
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Hay en esta película dos tramos especialmente formidables. Los veinte primeros minutos del filme están desprovistos de palabra, apenas hay diálogo, pero Paul Thomas Anderson es capaz de dibujar en ellos de manera ejemplar, con pinceles mudos y sin necesidad de redundancias, la arrebatadora personalidad de su antihéroe. Los veinte minutos finales, por el contrario, cobijan una batalla dialéctica escalofriante y sombría entre dos conceptos disímiles de ambición, uno profundamente pagano y el otro patrocinado por la Santa Madre Iglesia. Un par de elementos trazan un puente entre estas dos dimensiones autónomas: una sobriedad narrativa y formal permanente, que nos aleja del universo algo paranoico y personalísimo del director de Magnolia, y la continuada presencia, casi en la totaliadad de los planos, del actor Daniel Day Lewis.
Parece que Anderson hubiera pretendido dar un giro radical a su filmografía con este último trabajo, mucho más maduro que los anteriores. En aras de un poderío formal necesario para remarcar el verbo grandilocuente del libreto, inspirado en la novela Oil!, de Upton Sinclair, el joven realizador americano ha rodado esta cinta bajo la inspiración clásica de películas como Gigante o Ciudadano Kane. Pozos de ambición, traducción telenovelera e injusta de There will be blood, es una suerte de remake de aquellas dos películas; una genial parábola sobre el sueño americano, incorruptible tras más de un siglo de capitalismo y oro negro, que cobra especial vigencia en los tiempos que corren y sienta las bases de ciertos visos de autoría que asoman de vez en cuando en el relato.
La enorme duración es el principal defecto de una cinta que, en algunos aspectos, no sólo en este, peca de exceso, hasta el punto de que ciertos elementos resultan algo impostados. Sobre todo las interpretaciones de Paul Dano y Day Lewis, predicador y magnate petrolero respectivamente. Bien es cierto que el histrionismo del que ambos hacen gala aquí sólo puede ser correctamente valorado dentro del contexto formal y moral que conforma la cinta, pero no lo es menos que, en un intento de apropiarse demasiado de las ‘vivencias’ de sus personajes, como diría Stanislavski, las excentricidades interpretativas de los dos protagonistas motivan en ciertos momentos que el espectador abandone el discurso. Son las consecuencias de la aplicación axiomática de las teorías del Actors Studio, que sin duda han hecho mella en Lewis y en tantos otros actores de Hollywood.
Aun con todo, no está el cine yanqui como para andar despreciando películas como There will be blood.
LO MEJOR: El retrato de la ambición. Válido para explicar el pasado, presente y futuro de toda una nación.
LO PEOR: Los excesos de la cinta, que no son pocos.
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