TRIBUNA
Agenda oculta
José Luis González Quirós* - 15/02/2008
En la democracia española no existe un compromiso de veracidad que obligue al cumplimiento de las promesas electorales. Los Gobiernos se han atenido más a la coyuntura que a la fidelidad a un programa. Ha habido, como se sabe, excepciones. Zapatero ha presumido con frecuencia de haber cumplido una promesa: retirar las tropas de Iraq, un acto valientemente ejecutado por Bono (que se quedó sin medalla, pese a lo heroico del asunto) y poco más. Porque, en cuestiones de política territorial, nada estaba prefigurado en su programa, mientras que sus guiños al mundo abertzale y sus esfuerzos para obtener un acuerdo político que incluyese el cese del terrorismo fueron novedades absolutas de su política, sin ningún respaldo electoral previo.
Ahora que el Presidente en funciones está dedicándose a dar marcha atrás en lo de ETA, cabe preguntarse qué es lo que hará en la próxima legislatura si obtiene un refrendo, por pequeño que sea, de su mandato. No es fácil responder a esta pregunta con un mínimo de objetividad. La respuesta más razonable sería la que partiese de un análisis preciso de su conducta política en estos cuatro años.
Zapatero llegó al poder como un desconocido y un poco de casualidad, aunque él mismo suele afirmar que estaba seguro de su victoria. Sus razones tendrá. Al comienzo de su gobierno tenía dos posibilidades estratégicas. Girar al centro, como en su momento hizo Felipe González, o inventar una nueva izquierda y tratar de redefinir el mapa político. Creo que habrá acuerdo general en que fue la segunda alternativa la elegida.
El candidato del PSOE no tenía especiales lazos con el socialismo anterior y no debía casi nada a nadie dentro del partido, de manera que, desde este punto de vista, era muy libre de elegir. Su situación fue siempre muy distinta a la de Rajoy, heredero de una maquinaria derrotada y de un programa pensado para el gobierno, no para la oposición. El entorno político exterior era también muy favorable para el socialista, con un PP traumatizado y con unos nacionalistas dispuestos a ayudar a su salvador.
El político leonés ha pretendido inventar una nueva izquierda, pero esa izquierda, que, en sus años de oposición, apuntaba a una especie de Blairismo a la española (“bajar los impuestos es progresista”, se atrevió a decir), llegó al poder no como consecuencia del desgaste natural de los gobiernos del PP, sino de una manera un tanto abrupta, después de meses de oposición radical a todo lo que supiese o sonase a derecha. Primero el naufragio del Prestige y luego Iraq, le proporcionaron una serie de actuaciones de acoso radical que culminaron en la jornada de reflexión, con la peculiar actuación de Rubalcaba en torno a la mentira y el Gobierno de España.
Ya entonces se le cerró la posibilidad de mirar al centro. A su derecha no estaba el sempiterno e inviable Fraga, sino un poderoso baluarte, derrotado pero no destruido, que, aunque edificado sobre los votos de la vieja derecha, había logrado llegar hasta una mayoría absoluta gracias a la incorporación del mensaje centrista y de buena parte de los políticos más jóvenes de la UCD.
Zapatero optó muy pronto por situar la línea de demarcación entre la derecha y la izquierda en temas de carácter más moral e ideológico que político. El socialismo se travistió de progresismo sin más. Su política tendría que consistir en ganar votos por su izquierda obligando a la derecha a atrincherarse y a radicalizarse. El PP no cayó del todo ni siempre en esa trampa, pero a esa estrategia le surgieron aliados de coyuntura en los terrenos de la derecha más visceral y vociferante. No se trataba de un sentir mayoritario en el PP, ni, de ninguna manera, del tipo de actitud que mejor favoreciese la estrategia de largo plazo de Rajoy, pero ha funcionado muy bien para que el leonés pudiese hacer más soportable sus políticas a los electores de izquierda moderada.
Pese a esas ayudas de la retaguardia enemiga, Zapatero ha sufrido en sus carnes la escisión de muchos de sus apoyos tradicionales: por más que se trate de ocultar, el partido de Rosa Díez y Savater le pasará una importante factura en votos a consecuencia de sus política interna, de sus alegrías catalanas y de sus infinitas ansias de paz.
¿Tiene Zapatero una agenda oculta o, como piensan muchos de sus detractores internos y externos, es un mero improvisador? ¿Podemos saber con un mínimo de certeza lo que hará de ser reelegido? Las respuestas posibles se reducen a dos. La primera es que Zapatero trate de resucitar su visión de una izquierda, incluida HB, que gobierne una España muy distinta a la de la Constitución y unida por meros lazos de interés; la segunda es que Zapatero trate de reeditar, a su modo, los consensos con un PP cautivo y dispuesto a lo que sea con tal de poner algo de orden en la desbandada general. No estaría mal que explicase lo que tiene en la cabeza, caso de que sea posible.
José Luis González Quirós es escritor y analista político.
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Opiniones de los lectores (4)
4.
albertovz15/02/2008, 20:32 h.
Que ZP tiene algo en la cabeza?
Será el poco pelo que se le va a caer el próximo 9 de marzo...
3. TITO MANLIO15/02/2008, 11:18 h.
Este hombre analiza bien, partiendo de unas premisas políticas de centro izquierda, pese a que él probablemente no se considere socialdemócrata. Lo que no llega a darse cuenta "sedado" por la constante y sutil información y propaganda del Socialismo es de que existen "otros mundos" (ideológicos)en este mundo (en esta sociedad) que no son el anarquismo, el socialismo, el nacionalismo socialista, el socialismo suave o centrismo (modelo partido Demócrata U.S.A.), el nacionalismo comunista,etc.,y que toda esos mundos, mal que le pese a Zapatero y cía., cuentan tanto ó más para el futuro de la sociedad española que los que apoyan al PSOE y aliados. Así está el "patio". La nave tiene dos bancadas de remos, y si una no rema, el barco gira, pero no avanza. Se queda a merced de los elementos.
2.
borondes15/02/2008, 10:31 h.
ZP es capaz de cualquier cosa lo que incluye un cambio radical del programa de estos años. Lo que no cabe esperar de ZP es que gobierne de acuerdo con principios porque, sencillamente, no cree en ellos. Lo ha explicado con la claridad que cabe: la lógica y la política son imcompatibles para él. Así que si gana ZP otros cuatro años de sorpresas y vaivenes con la única constante de echar la culpa a los demás y, en especial, a los americanos (sobre todo si ganase MC Cain, que, muy probablemente, ganará. Si España fuese un país medianamente normal ZP no solo no ganaría sino que tendría que dejar la política, pero este es el reino de los pícaros.
1.
PJCM15/02/2008, 09:12 h.
Tampoco cumplió su promesa sobre la retirada de las tropas de Irak.
Escribiendo de memoria, ZP prometió la retirada de las tropas de Irak si no recibe una resolución de la ONU.
Como esa resolución se estaba discutiendo en la ONU, ZP retiró precipitadamente las tropas españolas de Irak. Días después esa resolución de la ONU fue aprobada, y aunque parezca mentira, también fue aprobada por España, por ZP y por Moratinos.
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