publicidad

  

OPINIÓN

La agresión a María San Gil: un paso más en la escalada de violencia que fomentan los de la ceja

BIOGRAFÍA

Federico Quevedo, nacido en Hamburgo (Alemania) en 1961, licenciado en Ciencias de la Información, está casado y tiene 4 hijos. Quevedo ha realizado su carrera profesional en medios como Radiocadena Española, Antena 3 Radio, Europa Press, La Gaceta de los Negocios, Actualidad Económica... Además es colaborador de Telemadrid, Popular TV, 'La Mañana' y 'La Linterna' de La Cope y 'El Gato al Agua' en Intereconomía. Autor de los libros 'Pasión por la Libertad' sobre el pensamiento político del ex presidente Adolfo Suárez, y 'El Negocio del Poder' junto al periodista Daniel Forcada.

 Deja tu comentario

BUSCAR USUARIOS

Federico Quevedo.-  13/02/2008

Hace unos días en Santa Martín de la Vega aparecieron carteles de Mariano Rajoy con una señal de bala en la frente, y la cartelería de este partido fue quemada así como una bandera española con la que el Ayuntamiento recibe a los visitantes a la entrada de la ciudad. Ayuntamiento que gobierna el PP, claro. Ayer, un grupo de fanáticos fundamentalistas agredieron físicamente a María San Gil y lograron herir a un policía cuando la dirigente vasca del PP acudía a pronunciar una conferencia en la Universidad de Santiago de Compostela. No se si han visto ustedes las imágenes, pero producen escalofríos. Eran chicos jóvenes, universitarios, cuyos rostros reflejaban un odio cruel, la misma sinrazón que mueve a los cachorros de ETA y a todos los fanáticos que existen por el mundo.

Vaya por delante mi solidaridad con María San Gil quien, desde hace mucho tiempo, desde que delante de sus ojos ETA asesinara a Gregorio Ordóñez, viene demostrando una valentía envidiable y un coraje que ya les gustaría a muchos. María lleva, digo, mucho tiempo haciendo frente al odio, la sinrazón y el totalitarismo en el País Vasco. Es increíble que haya tenido que ser lejos de allí, en Galicia, donde haya sufrido uno de los ataques más violentos a su persona por parte de un grupo de chavales a los que alguien ha llenado la cabeza de ideas estúpidas, de odio y de resentimiento. Odio y resentimiento hacia nada que ellos hayan podido conocer, porque por edad su única referencia política es la democracia.

¿Qué es, entonces, lo que les mueve? Estos chicos que demuestran tener el cerebro lavado por algún fanatismo peligroso, son los discípulos académicos del ideólogo de cabecera de Rodríguez, de Suso del Toro, quien ayer mismo se encontraba en Cuba, no compartiendo dolor con la oposición al tirano Castro, sino recibiendo las prebendas del régimen dictatorial. Desde que en Galicia gobiernan socialistas y nacionalistas, se está fomentando un independentismo incipiente que amenaza seriamente con la estabilidad y la convivencia en aquella comunidad autónoma. Y está ocurriendo a una velocidad de vértigo. El fanatismo tiene fácil encontrar discípulos en una juventud sin norte, carente de ideales y acomodada en una sociedad que nada les pide y nada les exige. En el País Vasco ocurre lo mismo, y acaban en la kale borroka, aunque visto lo visto en Galicia, parece que llevan el mismo camino.

La peculiaridad del ataque de ayer a María San Gil es que se produce a menos de un mes de las elecciones. Desde hace varias semanas, pero sobre todo en estos últimos días en los que las encuestas vuelven a pronosticar un empate y los sondeos propios del PSOE no deben ser todo lo satisfactorios que Ferraz quisiera, los socialistas y, sobre todo, sus terminales mediáticas y culturales, han ido incrementando el nivel de acoso y descalificación al PP y a sus votantes y militantes. Los mismos que hacen el signo de la ceja como símbolo de apoyo a Rodríguez y señal de supuesta PAZ, no ahorran toda clase de improperios hacia el PP pero, sobre todo, están enviando a la sociedad un mensaje enormemente peligroso: hay que parar a la derecha. Y para eso parece ser que vale cualquier cosa.

Ese postulado en el que se ha instalado la izquierda tiene, sin duda, un componente totalitario que debería llevar a muchos socialistas de bien a la reflexión. Los que ayer atacaron a María San Gil lo hicieron cumpliendo esa exigencia de parar a la derecha, y lo hacen amparándose en una supuesta bandera democrática, pero una bandera democrática excluyente según la cual solo ellos son acreedores del poder y del sistema, mientras que quienes no piensan como ellos deben ser expulsados del mismo, aniquilados, exterminados... Estos chavales practican la exclusión desde la violencia física, pero no dejan de tener el mismo fundamento que tienen quienes practican la exclusión con violencia verbal proponiendo la sedación masiva de votantes del PP, el cordón sanitario, o el fusilamiento al amanecer (Almudena Grandes dixit).

Cuando se dicen, y se escriben, esas cosas, ¿qué se puede esperar de una cuadrilla de fanáticos a los que han lavado el cerebro con ideas totalitarias y racistas? Ese fue el germen del nazismo, no lo olvidemos, y más recientemente de limpiezas étnicas como las que hemos vivido en Serbia o se siguen sucediendo en algunos países de África. No quisiera pensar que se puede llegar a una situación como esa, pero todo hace pensar que si el PSOE sigue con su escalada verbal contra el PP, aparecerán más fanáticos que creerán hacer suyas las consignas de violencia que emiten algunas declaraciones de líderes socialistas, y de aquí al 9 de marzo podemos ver, de nuevo, escenas que deberíamos borrar de nuestra memoria como las ocurridas en los días siguientes a los atentados del 11-M. Dios no lo quiera, pero para eso el PSOE debería de dejar de radicalizar esta campaña e introducir un debate sereno y, francamente, no creo que lo haga.

 

OPINIONES DE LOS LECTORES, 0 COMENTARIOS

los más leidos los más leidos los más comentados los más enviados
Ediciones anteriores      Suscripción al boletín                                              Anúnciate
Auditado por Ojd