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CULTURA Y PODER

El poder es una cuestión de cojones

El poder es una cuestión de cojones

@Esteban Hernández.- - 13/02/2008

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Se trata de una afirmación que casi nadie se atreve a enunciar en voz alta, y que si sale a relucir en una conversación, suele abordarse en tono humorístico. Pero mucha gente, sobre todo en determinados ambientes de poder, guarda la certeza de que, en realidad, quien logra imponer el mando en los ambientes políticos y económicos es, como en las manadas, quien más huevos tiene. Y a una conclusión similar llega el Director del Departamento de Psiquiatría y Medicina Legal de la Universidad Autónoma de Barcelona, Adolf Tobeña: “el poder social, ese que se manifiesta como la capacidad de salirse con la suya y de dominar a los demás, tiene que ver en primera instancia, y tanto en hombres como en mujeres, con la testosterona”.

Tobeña expone sus argumentos al respecto en Cerebro y poder (Ed. La esfera de los libros), un texto nacido nace de una reunión de amigos en la que se debatía acerca de una supuesta falta de fibra de los catalanes de esta época para plantearse grandes desafíos, en el ámbito empresarial o político. Cuando el autor puso su tesis sobre la mesa, el resto de intervinientes la ridiculizaron en seguida. Una reacción que es comprensible, según el psiquiatra catalán, toda vez que “nuestro cerebro nos transmite continuamente la sensación de que no estamos sujetos a las exigencias de la biología, de que tenemos muchos grados de libertad. A eso se le ha llamado espíritu, mente o alma. Y como se quiere preservar ese espacio, no nos gusta plantear las cosas en términos mecanicistas, lo que explica las resistencias que generan estas explicaciones tanto a derecha como a izquierda”.

Y, sin embargo, según Tobeña, estamos ante una idea sostenida desde antiguo. “Todas las épocas han tenido claro que el poder es asunto de pelotas, de ponerle coraje. Igualmente, todo el mundo sabe que cuando se castra a los animales y ya no producen las hormonas que dan ímpetu, se convierten en mansos”. Lo que ocurre es que “como el poder actual es complejo (en él se citan el dinero, las influencias, la pillería o las coaliciones entre individuos) la reacción habitual es decir que esa explicación es una chorrada. Pero hay un territorio en el que el poder siempre se dirime cara a cara, ya sea en el ámbito doméstico, en el laboral o en el profesional, y ahí gana el que tiene más arrestos y más aguante. Y eso es fruto del cóctel de hormonas que su cuerpo fabrica, que son los que le dan el ímpetu y el coraje”. Si no fuera por estas hormonas, siendo la principal la testosterona (que se secreta en los testículos pero también, en menores cantidades, en la piel y en las cápsulas suprarrenales de las mujeres) “no se entendería por qué hay gente sabia, trabajadora e inteligente que se queda en la fila inferior y otros, menos dotados pero más sagaces que se espabilan hasta llegar a la cumbre”.

Una parte importante de los mecanismos que permiten a personas con menos cualidades objetivas pero más avispadas subir los escalones del éxito, consisten, según el catedrático de psicología médica y psiquiatría de la Universidad Autónoma de Barcelona, en no reconocer nunca el deseo de influir y dominar. “Las posibilidades de ganar en el juego dependen de tu sagacidad y tu insistencia, pero también de la de los demás; si puedes ocultar tus intenciones, contarás con ventaja”. Un segundo motivo tendría que ver con los fundamentos culturales: “Nuestra tradición, que es la cristiana, aquella en la que antes entra un rico por el ojo de la aguja que en el Reino de los Cielos, nos lleva a ocultar decididamente las ansias de poder. En la tradición protestante o en la judía, sin embargo, no está tan mal vistas”.

La pasión por el ganador

Habría, afirma Tobeña, algunos sectores empresariales en los que el deseo públicamente expresado de triunfar, de ser el primero, resultaría muy valorado, como ejercicio de sinceridad y como prueba de ambición. Pero socialmente, el único ámbito donde esa clase de discurso puede aparecer es en el deporte. “Y por eso nos apasiona tanto. Porque, en el fondo, lo que nos atrae es quien gana y quien pierde, y eso en el deporte se ritualiza: si sabemos el resultado de un partido, ya deja de interesarnos. Pasa igual con los Oscar. O con la bolsa, donde lo importante es quién sube y quién baja. Y en las contiendas electorales”

En ese proceso por alcanzar altas cotas de poder resultan primados, según Tobeña, quienes reúnen condiciones para el bandidaje parasitario y embriagador. Los seres crueles, astutos, dominantes, persuasivos, falsos, manipuladores y audaces parten con ventaja. “Ya Maquiavelo, Hobbes o Talleyrand afirmaron que para llegar a la cima del poder político y mantenerse hay que ser bastante bribón”. Pero, ¿sólo en la política? ¿No estaríamos ante características necesarias para alcanzar el poder en todos los ámbitos, incluidos el empresarial o el académico? “Desde luego, ocurre en todas partes, también en la empresa o en la universidad. Con una salvedad, el ámbito de la ciencia. Porque si es cierto que en el ámbito académico es posible utilizar esas cualidades para medrar, es mucho más difícil hacerlo en el científico, ya que es un sector que contiene reglas sibilinas que permiten que el bribón o el granuja sean descubiertos. Así, alguien puede afirmar que ha realizado un descubrimiento, pero hasta que eso que afirma no puedan repetirlo los demás llegando a idénticos resultados, no será creído. Y aunque algunos granujas prosperen, esta clase de reglas hace que tarde o temprano sean descubiertos”.

En la medida en que cree que son determinadas cualidades personales las que permiten alcanzar las cotas más altas del éxito profesional o empresarial, Adolf Tobeña resta validez a esa convicción tan extendida según la cual el poder corrompe. “Más bien, selecciona a sujetos que ya llevan en sí unos rasgos que les predisponen a servirse del esfuerzo ajeno en provecho propio”. Si bien el catedrático reconoce que hay mecanismos en el poder que alteran voluntades, y que en ocasiones hay gentes honestas que fueron corrompidas cuando ocuparon altos cargos, “lo cierto es que esto es la excepción. La regla es que quienes se encumbran tienen facilidades temperamentales para dejarse corromper y a traicionar a los que les acompañaron, porque pesa más el medro personal que los intereses colectivos. Y esto es muy frecuente en la política”.

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Opiniones de los lectores (4)

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4. usuario registrado pisitófilos creditófagosMiércoles, 13/02/2008, 16:02 h.

Otra idea: los cojones son inversamente proporcionales a lo que tiene uno que perder.

Así, si en vez de tener la esperanza de vida que tenemos, tuviésemos 10 veces más (o sea, viviéramos 700-800 años), ¿qué riesgos tomarías, tierna criaturilla?.

Otra idea más: los cojones son una cuestión relativa, o sea, que el nivel de cojones óptimo que debes emplear depende del nivel que tengan los que interactuan contigo.

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3. usuario registrado pisitófilos creditófagosMiércoles, 13/02/2008, 15:52 h.

El poder está en tener cojones para que los cojones de los demás no les sirvan nada más que para hundirse en la miseria, como se ha visto con el hipotecón:

"Si te lo piensas, nunca tendrás nada... ¡métete!... no seas perezoso, no seas cobarde, no seas envidioso".

¡Que jodío!... mira que querer poner los cojones de los catalanes al servicio del expansionismo mezquino de la administracioncita pública regional (o sea, darle un aire de Gaza a su Cisjordania).

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2. papichulo2008Miércoles, 13/02/2008, 11:14 h.

una noticia genial, y parece increible que lo difunda un catedrático de universidad pública..., es como si un político español dijera que en España hay financiación ilegal de los partidos. Una bonita aplicación del principio es al ámbito macro: el desarrollo de los grandes imperios, como el romano, español o norteamericano, se ha hecho a base de testosterona y violencia... ... luego llegan los cristianos, los cristianos otra vez, y las minorías ahora en USA, y se cargan el imperio (para el bien de los demás claro)

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1. usuario registrado FernandoFFMiércoles, 13/02/2008, 11:03 h.

Muy respetable la opinión. Sin embargo, veo una clara influencia del corte machista de pensamiento del que lo plantea, del mismo modo que la frase haya tomado forma alrededor de la figura del macho por la prominencia del papel otorgado al hombre en el liderazgo.

Mi percepción de esta realidad es bastante más panorámica al haber podido vivir experiencias en distintas culturas. Creo que no es cuestión de cojones sino de emociones. Y en ese terreno, la mujer con su intuición y ferra voluntad a hacer gana al hombre por goleada. Prueba la propia foto de una Margaret Tatcher.

Comento sobre le particular en mi libro DIRIGIR A LOS QUE GESTIONAN -

http://stores.lulu.com/FusterFabra

También preapro un libro analizando los distintos estilos del liderazgo donde considero a mujeres y hombres en primera línea alreadedor del mundo tanto en política como en empresa.

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