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El coleccionismo joven irrumpe con fuerza en el mercado del arte contemporáneo

ARCO

Carlos Mínguez (Efe).-11/02/2008

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El coleccionismo joven irrumpe con fuerza en el mercado del arte contemporáneo
 Juana de Aizpuru, primera directora de ARCO. (Efe)

Invierten los ahorros de una nómina casi siempre generosa en comprar arte contemporáneo -más por pasión que por inversión-, sabiendo lo que compran y aprovechando ese gran escaparate que es ARCO, la feria que un año más mostrará la próxima semana en Madrid, durante seis días, lo último en creación artística. Son jóvenes, profesionales, con unos ingresos mensuales en torno a los seis mil euros, viajados y leídos, y con una curiosidad grande por cuanto se cuece en los fogones artísticos de dentro y fuera de nuestras fronteras. Constituyen ese coleccionismo emergente que ha revitalizado un mercado copado todavía por grandes fortunas, instituciones y empresas.

"Hacen del coleccionismo una necesidad, una forma, un estilo de vida, una extensión de sus sentidos", dijo a EFE Pablo del Val, cuyo trabajo consiste precisamente en asesorar a personas o entidades que han decidido adentrarse en un mundo, el del arte contemporáneo, que se renueva a un ritmo endiablado y que "acaba enganchando". A ese coleccionismo joven Pablo del Val añade otro más maduro, de personas en torno a los 60 años, "arriesgadas y con solvencia económica", que deciden "dar un nuevo sentido a su vida" rodeándose del arte más actual. "En medio, entre unos y otros, hay una especie de desierto", aclara este consultor artístico.

Consolidar el mercado

Para Lourdes Fernández, directora de ARCO desde el año pasado, es precisamente ese nuevo coleccionista el que ha contribuido a consolidar el mercado. "Era incipiente hasta hace poco, pero en estos momentos es un comprador fundamental para la feria. El arte contemporáneo ha dejado de ser una pasión minoritaria gracias a ARCO", asegura. "Hay que tratarlo -dice Fernández- con mimo. Cuidarlo, porque ha apoyado la feria desde sus comienzos. Tenemos que premiar la constancia del coleccionismo español, porque siempre ha estado ahí, comprometido con ARCO".

Se trata -y en ello coinciden todos los consultados por EFE- de un coleccionista que compra por pasión, "informado, que sabe lo que está adquiriendo", apunta la directora de ARCO, que busca la opinión de galeristas o expertos, que visita galerías cuando viaja al extranjero, que lee publicaciones especializadas, que sabe de cotizaciones. "Está al día", afirma Pablo del Val. "Comprar como inversión es siempre una equivocación. Hacerlo por pasión es, a la larga, más rentable. Conozco a gente que ha comprado con un criterio exclusivo de rentabilidad y al final se han estrellado", comenta el citado asesor artístico.

José Martínez Calvo, de la galería madrileña "Espacio Mínimo", lo tiene claro. "Definitiva y rotundamente sí, hay un coleccionismo emergente sólido y potente. Joven y educado en el arte, arriesgado, que no hace sus compras en una sola galería, que se interesa no sólo por el arte español, y que compra de todo: pintura, fotografía, vídeos... No está limitado en ningún sentido. Es cada vez más abierto". Su galería vive precisamente de ese nuevo coleccionismo, "es nuestro principal cliente", un cliente, añade, "que cuando no conoce algo se deja asesorar, pero manteniendo su criterio, muy forjado. No se dejan meter cualquier cosa con calzador, pero están muy abiertos a nuevos horizontes".

"Sólo conozco -continúa- a personas que compran arte contemporáneo por placer, sabiendo que cuesta dinero. Su objetivo no es nunca la inversión. No sé de nadie que se desprenda de una pieza al poco tiempo de adquirirla. Son los que sustentan una feria como ARCO".

Escepticismo veterano

Más escéptica se muestra una veterana galerista, Juana de Aizpuru, primera directora de ARCO, para quien precisamente por ser emergente "se trata -dijo a EFE- de un coleccionismo que ni es sólido ni importante. Se está haciendo", recalca. Con el tiempo, llegará a consolidarse, "saldrán de entre todos ellos, estoy convencida, grandes colecciones, pero todavía hay que esperar un poco. No nos engañemos -advierte- las grandes piezas las compran los museos, que cada vez hay más en España, las instituciones y empresas o personas de altísimo poder adquisitivo". El nuevo coleccionista adquiere piezas de precio medio, en función casi siempre del espacio que tiene en su casa para exhibirlas y almacenarlas, destaca Pablo del Val. Pero "gracias a esas compras -reconoce Aizpuru- podemos trabajar las galerías".

"Tenemos que seguir trabajando para fomentarlo, arriesgando con programas innovadores, con propuestas atractivas y congruentes, haciendo apuestas interesantes", dice Aizpuru desde su dilatada experiencia como galerista. A diferencia del coleccionista de los años 80, basado en la bonanza económica y más especulativo, el de hoy "es más abierto, viaja y visita otras ferias, sabe lo que ocurre aquí y fuera, en el mundo entero. Tiene auténtico interés y pasión. Y esto es muy esperanzador. Se puede esperar mucho de él. Pero hay que esperar", advierte Juana de Aizpuru.

En el lado de los que no son tan optimistas está otro veterano galerista, Pepe Cobo, que distingue entre coleccionista y comprador. "Una cosa -dice- no implica la otra. Hay más gente que compra, sí, pero no más colecciones". "Un coleccionista es -continúa este galerista con 25 años de trayectoria profesional- alguien que tiene una idea clara de lo que compra y porqué lo compra, que tiene una línea, un discurso definido en su colección. Que compra durante todo el año, no sólo en las ferias, que visita galerías, que está presente todo el año...".

"¿Que a los galeristas nos viene bien el incremento en el número de compradores? Qué duda cabe, pero el coleccionismo hoy por hoy no es numeroso. Coleccionar es cuestión de tiempo y dinero. En España no hay ni cien auténticos coleccionistas. No quiero parecer ni malo ni arrogante, pero es así", explica Pepe Cobo. En el incremento de las ventas no oculta que existe "un poco de moda. ¿Quién de joven -se pregunta- no ha comprado algo simplemente porque está de moda?. No hay, a diferencia de otros países, como Estados Unidos, ni mucha gente con poder adquisitivo alto ni arriesgada. Somos bastante conservadores. A pesar de todo, soy optimista".

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