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DOS PALABRAS

ZP en el país de las patrañas

@Federico Quevedo - 09/02/2008

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Doña María Teresa Fernández de la Vega, de profesión jueza por elección del dedo índice, cunera, y vicepresidenta primera y portaimproperios del Gobierno, dijo, cuando la eligieron en el cargo, que nunca utilizaría las ruedas de prensa posteriores al Consejo de Vagos del Ejecutivo para hacer política y responder a la oposición, que eso era cosa del partido y que el Gobierno se ocupaba de los intereses de todos los ciudadanos, fueran de la opción política que fueran. ¡Mentira vil, cruel villanía! Ayer, sin ir más lejos, desató su lengua viperina por entre sus ropajes de Adolfo Domínguez para decir del PP de todo menos algo bonito, claro que dudo seriamente que en su vocabulario quepa algo bonito... Ni siquiera sé si sabe lo que significa esa palabra... Bonito. Nadie le pidió que hiciera esa hipocrática demostración de fe en la ética... No se puede creer en lo que no se tiene. Pero si la hiciste, Maritere, si la hiciste ¡cumple, hija mía, cumple! Pero no, qué va. Estos chicos del PSOE o no tienen palabra o tienen que salir a buscarla por alguna herrikotaberna a ver si la encuentran por allí pisoteada.

Esa ha sido, sin embargo, la tónica de esta legislatura. Maritere, al tiempo que llenaba su armario de una colección primavera-verano-otoño-invierno que ni Inés Sastre –bueno, Inés Sastre tiene bastante mejor gusto, todo hay que decirlo, ¡claro que la percha...!-, desbordaba su cavidad bucal con un arsenal de insultos, descalificaciones, escarnios, vituperios, mofas y mentiras, patrañas, embustes, trolas y calumnias que habrá hechos las delicias de Astaroth, pero dudo yo que haya servido mucho ni poco al noble empeño del talante y la concordia con el que ZP inauguró esta legislatura que empezó siendo de esperanza –para algunos ¿eh?, que otros ya sabíamos por donde iban los tiros-, y ha acabado en engaño masivo y colectivo con amenaza de continuidad y de perverso ensañamiento. Fíjense, si no, en la contrariedad que supone escuchar al sociolisto decir que se volverá a negociar con ETA sin que nadie de su partido lo desmienta –para qué, si dice la verdad-, mientras corren que se las pelan para impedir que ETA se presente a estas elecciones, después de haber dejado que se presentaran a las autonómicas y municipales que era lo que le venía bien a la pandilla de canallas.

¿Explicaciones? Ninguna. Que nos den. En lugar de eso se eleva un monumento a la injuria acusando al PP de racismo por una propuesta que el propio Rodríguez se comprometió a estudiar tal que hace un par de años en una cumbre informal de la UE sobre inmigración. Anda que el PP ya podía haber tenido un poco mejor preparado el argumentario, porque en eso de las costumbres depende de a quien se escuche hay bastantes lagunas, y algunas resecas... Como reseca es la explicación de Arias Cañete sobre lo bien que servían los camareros de antes, no como los de ahora. Es verdad que antes ibas a un bar y los camareros practicaban una especie de rito culinario ancestral que acababa siempre en una generosa propina, aunque solo fuera por lo bien que lo pasaba uno viendo el trajín tras la barra, o porque pensaba en no volver nunca más.

-Una caña y un bocadillo de calamares, por favor.

-¡Chavaaaal... Tira una de mahou! ¡Luisete, bocatacalamar marchando que el señor tiene prisa...!

-¡Oído cocina!

Y tú que ibas pensando en un rato de solaz lectura dominical del periódico, observas como con un paño al hombro el camarero limpia la barra con una encharcada bayeta, de tal manera que si pones encima el newspaper se deshace en cachitos, mientras pasa por encima de tu chaqueta impecable de tweed una goteante cerveza cuya espuma deja un agradable recuerdo en la manga... Es verdad, qué tiempos. Pero que casi todos los españoles piensen como Cañete no quiere decir que Cañete pueda decir ciertas cosas, porque los políticos están no para decirnos lo que pensamos nosotros, sino para explicarnos lo que debemos de pensar. ¿O no? A lo mejor lo que pasa es todo esto es una farsa, digo, porque si lo que piensa Cañete es lo que piensa todo el mundo, ¿por qué no puede decirlo? ¿Por qué lo prohíbe el manual del buen revolucionario, perdón, del buen político elaborado a pachas entre Rodríguez y Maritere?

O sea, ellos pueden poner a parir a todo hijo de vecino y eso es democrático y políticamente correcto, y Cañete no puede decir que los inmigrantes tienen aquí lo que no tienen en su país, y que por eso vienen, claro, ahí le han dado, porque si lo tuvieran no vendrían. ¿O es que piensan Rodríguez y Maritere que los inmigrantes vienen al son de sus plegarias sobre la paz universal y el amor a los humildes? ¡Venga hombre! Lo único que se les pide, y eso parece de justicia, es que para recibir lo mismo que recibimos los demás, contribuyan a pagarlo con los impuestos derivados de su trabajo. ¡Qué barbaridad! Digo que el PP se podía haber preparado el argumentario porque tampoco es cosa de darle argumentos al adversario, que parece que quieran en el PP que los de Ferraz hagan guasa con las buenas costumbres y la reforestación del planeta. Pero dicho esto, no vengan ustedes a decirme que la idea es una estupidez, porque resulta que estamos hablando, no de bendecir la mesa antes de empezar a comer, sino de conseguir un modelo adecuado de convivencia entre todos, nacionales e inmigrantes, reconociendo los derechos de estos últimos, pero también sus obligaciones. ¿O es que, Maritere, por ser diferentes no tienen que tener obligaciones?

Lo vuestro, Rodrí, Maritere, es una patraña como no hay dos. Habéis convertido Canarias en una especie de Guantánamo de la inmigración y tenéis la caradura de llamar a los demás racistas y xenófobos. Practicáis traslados de ilegales de una comunidad a otra con nocturnidad y alevosía, dejándolos tirados en plena calle –¡que se lo pregunten a Rita Barberá, que se lo pregunten!- para que se hagan cargo de ellos las administraciones del PP, y llamáis a los del PP fascistas y de extrema derecha... La pena es que estos chicos de Génova no tienen la suficiente entereza como para poneros en vuestro sitio, y se achantan cuando aparece Rubalcaba blandiendo su habitual mordacidad en lugar de recordarle los muchos excesos de las fuerzas de seguridad que de él dependen con los inmigrantes. Claro que voy a acabar pensando que lo que os interesa es que esta sociedad se desmorone intelectual, cultural y moralmente, porque en esa diversidad violenta que enciende el fuego en el que se cocina el caldo de cultivo del fanatismo, vosotros os sentís mucho más a gusto que en una sociedad abierta y moralmente entregada a la defensa de la libertad y de la igualdad. Vaya, al final me he puesto serio, ya lo siento.

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