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TRIBUNA

Persuasión para obispos y artistas o cuando Nietzsche se impone

Iglesia José Luis Rodríguez Zapatero

Isaac Martín Barbero* - 08/02/2008

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En su libro sobre el papel de la religión en política titulado Los poderosos y el Todopoderoso, Madeleine Albright, la ex secretaria de Estado de Bill Clinton, cita al ateo Nietzsche: “La forma más común de estupidez consiste en olvidar lo que uno está tratando de lograr”. Parece que hubiera estado pensando en España.

La reciente declaración de los obispos, que si bien en lo que tiene de ejercicio de libertad de expresión merece un respeto que se le ha negado, desde el punto de vista político sólo puede entenderse desde un dudoso deseo de sufrir la persecución gubernamental y el ostracismo social o, por el contrario, en lo que parece más probable, representa un ejemplo claro de lo denunciado por el autor del Anticristo.

Desde que se publicó el documento, han abundado los epítetos, las descalificaciones y desde ámbitos que contemplan con simpatía la subvención de colectivos hostiles a la Constitución –norma básica de convivencia- se ha abogado por reducir a la obediencia a los Iglesia a base de asfixiarla financieramente. Por otro lado, para el PSOE, los obispos han “caído en la tentación”, han pecado y habrán de confesarse primero y hacer penitencia después. Si no se enmiendan -y se les ocurre elegir a Rouco el próximo 4 de marzo-, los convertirán en la auténtica Iglesia de los pobres… una persuasión muy impositiva, y si los obispos pretendían echarle una mano al PP, cosa absolutamente legítima en democracia, se la han echado pero al cuello.

Porque, nos guste o no lo que diga, la participación de la Iglesia es legítima siempre además de torpe, en esta ocasión. Lo primero es una cuestión de derecho, de principio; lo segundo es cuestión de oportunidad. Por si hay quien duda en esto de la legitimidad, en lo jurídico que repase la Constitución y en lo político-moral que lea a Albright quien, hablando de Estados Unidos, afirma: “No puedo reprochar a la derecha cristiana que exprese y luche por su visión moral ya que yo hago lo mismo. La articulación de principios morales es a lo que se dedican los movimientos… así es como se arrinconó… la esclavitud, la tortura, la persecución religiosa y la discriminación racial… esto no es imposición es persuasión”

Frente a la libertad ejercida por la Iglesia –en contra sus propios intereses políticos y contra los de la fuerza política a la que supuestamente pretendía apoyar- se ha alzado un muro antidemocrático de amenazas, así como la prepotencia de los protagonistas del ‘Star System’ ibérico, quienes desde púlpitos levantados sobre subvenciones sufragadas con los impuestos de todos han reclamado la hoguera para la Iglesia. “Acabar con esa cosa llamada Conferencia Episcopal” o “La Iglesia es una catástrofe que insiste en jodernos la vida”, constituyen manifestaciones ofensivas para muchos españoles de distintas convicciones políticas y religiosas, que subvencionan muchas cosas –por ejemplo, el cine español- sin opción de dejar de marcar una casilla en su declaración del IRPF.

Al chantaje lanzado desde otros ámbitos se añade la amenaza desde el mundo de los ‘intelectuales y artistas’ y otros colectivos ‘canon-dependientes’. Aquellos que debieran inspirarnos, nuestros más ilustres ‘conciudadanos’ –aquellos a los que subvencionamos “porque lo que producen no es un bien de mercado”- dan pocas muestras de poseer esa virtud pública que Albright define como “la capacidad de creer en unos principios y mantener el respeto por los derechos, creencias y dudas de los demás”. Parecería que nuestros ‘superhombres’ estén más cerca del ‘hombre de conocimiento’ nietzscheano: “El que es capaz de odiar no sólo a sus enemigos sino también a sus amigos”

Después de oír a los obispos, más de uno se preguntaría: ¿Por qué votar? Después de ver lo que ha venido después, más de uno se dirá: “Para que no gane Alberto San Juan”.

*Isaac Martín Barbero es economista.

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