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TRIBUNA

El maquinista de la general

Societé Générale

Juan Manuel Moreno-Luque* - 07/02/2008

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Daniel Bouton, presidente de la Societé Générale, aconsejado por sus asesores de imagen, ha renunciado a seis meses de su salario pero en Francia se piensa que el gesto de este maquinista del capitalismo de la última generación, tan rápido y tan inteligente, no es suficiente.

Francia, a diferencia de España donde no se produce reflexión sobre casi nada, y menos sobre el presente y el futuro de su industria financiera, por el momento muy cómoda y muy bien arropada, está empeñada en un serio debate que trata de enderezar, o al menos comprender, accidentes como el de la Societé Générale, protagonizados por el capitalismo financiero de los últimos treinta años, que está empeñado en dar la razón a Carlos Marx, quien pensaba que para el capitalismo el proceso de producción (economía real) es sólo un intermediario inevitable, un mal necesario para hacer dinero (una lata) y que, por ello, todo capitalismo que se precie se ve asaltado periódicamente por el vértigo de querer hacer dinero sin el molesto proceso de producción, buscando los atajos que le proporciona la economía financiera.

Las matemáticas de la inversión y las matemáticas de la producción son extraordinariamente simples en Francia, como en cualquier otro lugar. Cuanto más se lleven los gestores de las compañías, los bancos de inversión y las gestoras de los fondos de inversión y de pensiones, menos se llevarán los pequeños inversores, y cuanto más se lleve la industria financiera de los beneficios corporativos menos se llevarán las corporaciones de la economía real y los pequeños productores que en ellas trabajan. Para dar una pista baste decir que los beneficios de la industria financiera americana se han duplicado, según Bogle, entre 1975 y 2003, pasando del 15% al 30%. Malos tiempos para la economía real.

Coincido con el pensamiento crítico francés que sostiene que el capitalismo europeo es una mala copia del capitalismo financiero americano, aunque menos poderoso, menos transparente y más impune. Se ha dicho por Jacques Julliard en Le Nouvel Observateur, que en Francia se combina la ferocidad del sistema de Estados Unidos con la impunidad mafiosa del sistema sudamericano. Habría que añadir que el capitalismo de los gestores, tanto americano como europeo, coincide con Santa Rita en no devolver, cuando baja la cotización de la acción, lo que ganan cuando la cotización sube pues, lo primero, lo consideran como demérito del mercado y, lo segundo, como mérito propio.

Por si fuera insuficiente, los hechos han venido a demostrar a la comunidad financiera y a la opinión pública que lo imposible era posible, que en un banco presidido, nada menos que, por Daniel Bouton, el non plus ultra del buen gobierno y de la inteligencia financiera, un trader, actuando de forma espontánea, es capaz de tomar posiciones especulativas por cuenta del banco que superan los 50.000 millones de euros, casi tanto como la deprimida capitalización bursátil del banco antes del accidente.

Los laureles de Bouton

Daniel Bouton no es un cualquiera. Nieto de un peón caminero, inspector de finanzas a los 23 años y laureado en el concurso general de Historia, director del gabinete de Alain Juppé y del presupuesto de Francia, llegó a la presidencia de la Societé Générale en 1997, debutando en la gran batalla de la banca francesa cuando en enero de 1999 la Societé Générale decidió fusionarse con Paribas, lo que provocó que BNP, aislada, no tuviera otra opción que lanzar una doble contraopa, acontecimiento inaudito en el capitalismo francés. Después de la batalla se dedicó a la gran pasión del capitalismo de los gestores, hacer crecer la capitalización bursátil de la sociedad que presiden para evitar ser objetivo de una opa. Además, no olvidó sus otras pasiones, la ópera, el golf y la Historia. Y, sobre todo, la de combinar las recomendaciones sobre el buen gobierno, de las que fue aventajado defensor, con unas retribuciones que le proporcionaran un cierto desahogo (3,6 millones de euros de salario fijo, bonus y retribución en especie en 2006, 7,9 millones de euros de plusvalías realizadas por stock options en 2006, y 57,8 millones de euros de plusvalías potenciales a mayo de 2007).

No se piense que Bouton es el mejor pagado de la Societé Générale. Precisamente, presume de ocupar el puesto 53 en un ranking que encabeza Pierre Mustier, que dirige la banca de inversión del grupo y supervisa el departamento de productos derivados, poblado de expertos matemáticos, malabaristas en toda clase de riesgos y maestros de la especulación, entre los que Kerviel, cocinero antes que fraile, se ha convertido, aunque en la sombra, en un rey inesperado y efímero.

Nadie podrá decir que Bouton y Mustier no eran buenos conocedores de cómo se gana el dinero en los bancos de inversión. En los tres últimos años la especulación les había proporcionado casi 5.800 millones de euros (el 30% de los beneficios del banco), después de pagar los estratosféricos bonus de estos raros y afortunados empleados (working rich), a los que sus empleadores obligan a tomar vacaciones para así cerciorarse de que no hacen trampas y que pueden llegar al chantaje (hold up) en la defensa de sus retribuciones, que no tienen tiempo de gastar. En cualquier caso, uno y otro sabían que las cosas no iban bien.

La Societé Générale nos ha dicho que las pérdidas que le han ocasionado las famosas subprime alcanzaban los 2.000 millones de euros, pero no (como el resto de los grandes bancos) cuál es el volumen del riesgo y de las pérdidas que han diseminado por todo el sistema financiero y, en especial, en los fondos de inversión y de pensiones en que se halla concentrado el ahorro popular. También sabemos que la capitalización bursátil del banco venía desplomándose. Baste constatar que el día 4 de mayo de 2007 la cotización de la acción era de 158,41 euros y que el 18 de enero de 2008, viernes anterior al lunes negro, era de 85,34 euros, es decir, que había perdido casi 50.000 millones de euros desde el 4 de mayo de 2007.

Queda por evaluar la actuación en secreto del gabinete de crisis del que también formaron parte el gobernador del Banco de Francia y el presidente de la AMF, que procedieron a la liquidación de los riesgos asumidos, con unas pérdidas cercanas a los 5.000 millones de euros. Pero, en cualquier caso, hay que subrayar que el mercado no trató mal a la Societé Générale después de su accidente, pues a 1 de febrero había perdido en 2008 sólo el 11,25% de su valor, mientras que el BBVA había perdido el 13,42% y el BS el 18,39%. Pero estas dos últimas entidades, como las demás entidades financieras españolas, se nos asegura que son harina de otro costal inmunes, al parecer, a todo contratiempo.

*Juan Manuel Moreno-Luque es abogado y autor de El desgobierno de los fondos de inversión.

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