Encuentros en la tercera fase con Cristina Tárrega
@Nacho Gay - 06/02/2008
Lunes noche. Altas horas de la madrugada. Una serie coñazo me ha dejado grogui en el sofá. Entre pesadilla y pesadilla escucho la voz machacona de un camionero que habla de todo un poco. El tío es un ‘hacha’. Un sabio. Un erudito. Pero no consigo descifrar cuál es su verdadero papel en mi deambular onírico por otros lares. Cuando estoy a punto de levantarme a por mi libro de cabecera, La interpretación de los sueños según Freud -fundamental para entender el cine malo que hacen actualmente los americanos-, una luz cegadora irrumpe de pronto en mi salón. Casi me da un telele. Sin embargo, descubro que la luz procede de mi televisor de 32 pulgadas -¡Me lo he dejado encendido!- y que la voz de camionero es en realidad la de Cristina Tárrega.
Entonces es cuando me acojono del todo. No me atrevo ni a coger el mando a distancia. Cristina, multiplicada por las 32 pulgadas del dichoso televisor, es mucha Cristina. En mi salón no hay espacio para los dos. Su pecho o el mío.
Hacía que no veía el programa de esta mujer al menos dos años. No recordaba ni su existencia. Por suerte para la ciudadanía española, Territorio Comanche, un espectáculo bochornoso hecho con nocturnidad y alevosía, sólo se emite en Telemadrid. Tárrega es parte de nuestro patrimonio cultural y artístico, junto con el oso y el madroño, el cocido, El Prado y Gallardón.
La cosa empeora. Hace su entrada en plató un hortera con un jersey rosa que quita el sentío. Parece que el calvario va a ser aún mayor de lo que cabía prever. Se trata nada menos que de Andrés Pajares. Hace que no veo a este hombre también cerca de dos años. Congregación de momias taciturnas. Me incluyo.
Tras las consecuentes palabras de rigor lameculero que se dedican el uno al otro, Cris da paso a una llamada. Y aquí no tenemos más remedio que ponernos serios. Si la llamada en cuestión fue una estafa, lo cual es muy probable, lo único que se puede decir al respecto es que estaba en sintonía con la línea editorial del resto del programa: la farsa, el esperpento. Si en verdad llamó una chica que tenía un tumor en la cabeza y que ahora quiere ser actriz -vean el vídeo-, entonces la cosa se pone chunga. En ese caso, Tárrega estaría certificando su condición de chupóptera; de tipa sin escrúpulos que se aprovecha de las desgracias ajenas para engordar sus registros de audiencia.
Desgracias, por cierto, en las que se podría decir que ahonda. Porque prometerle a la joven que llamó que ella misma, periodista de pro, se encargaría de mover su currículo por el sector, se podría entender, más que como un favor, como una gran putada. Qué productor en sus cabales contrataría a una actriz que viene recomendada por Cristina Tárrega... Si nunca ha existido peor intérprete que ella misma ni peor performance que su afterhour televisivo para pervertidos.
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Opiniones de los lectores (1)
1. malospelos06/02/2008, 16:49 h.
quién contrata a esta gente? fuera de la pantall a ya
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