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DOS PALABRAS

¿Y si Rajoy fuera un presidente... normal?

@Federico Quevedo - 02/02/2008

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Apreciado Inci: Acuso recibo de tu carta del pasado 26 de enero y déjame decirte que, al leerla, me inundó la dicha. ¡Qué honor! Incitatus, en cuyos cultiberios navegan por igual Mozart, Beethoven, Muñoz Molina, Cervantes, Miró, Velázquez y una larga, larguísima lista de personajes ilustres, desde César hasta Rommel, desde Cleopatra a Carla Bruni, ¡me incluía a mí entre los personajes de sus bellas historias! Qué quieres que te diga, me sentí enormemente halagado, aunque a la par algo preocupado por tu ansiedad. ¡Claro que no, Inci, tú no eres una persona normal! Y lo digo con la mayor de las admiraciones. Las personas normales no admiran a las personas normales. No, admiran a los que tienen algo que los normales ansían: dinero, fama, glamour, poder... inteligencia o un don que les permite maravillar a través del arte... Yo creo que tú estás en este último grupo, Inci, así que duerme tranquilo porque, que yo sepa, todavía no has perdido tu inspiración y las musas siguen bajando a visitarte y regalarte sus dones.

Que conste que, respecto a tu carta del día 26, estoy en desventaja, porque a mí no me ilustra Julio Cebrián, y eso se nota, ¡vaya si se nota! Pero haré lo que pueda. En efecto, no asistí a la presentación del libro de mis compañeros María Jesús Gúemes y Pablo A. Iglesias, Si yo fuera presidente. Quería haber ido, pero el cierre, el maldito cierre, me lo impidió. También me impidió asistir al día siguiente a la presentación de los libros de Fernando Jáuregui La Decepción- y Pilar Cernuda Contra el talante-. ¡Qué barbaridad! Cuanta obra de análisis político a poco más de un mes de las elecciones. Lo cierto, Inci, es que todos ellos son libros merecedores de un lugar destacado en la biblioteca, después de haber pasado por la mesilla de noche. Pero me centraré en el primero, que todavía no he comenzado a leer pues ando terminando una extensa biografía sobre Alejandro Magno que firma Robin Lane Fox y que te recomiendo vivamente.

Me centraré en el primero, digo, porque me interesa el personaje, y veo que a ti también. No es para menos pues de aquí a treinta y tantos días puede convertirse en presidente del Gobierno... o no, como él mismo dice. Te diré, antes, que es verdad que en el acontecimiento –no puedo soportar lo de ‘evento’, creo que ya lo he dicho alguna vez- no estuvieron presentes ni Tristón –sí, sí, Tristón- ni Isolda, como no están ya en ninguno al que vaya Rajoy, no sea que a Tristón le de por derramar más lágrimas de las que cualquier ser humano normal consideraría suficientes, mientras Isolda le mira con ojos a lo Anthony Perkins. Es una pena, porque sus encuentros suelen ser memorables, y están llenos de ese cinismo británico que haría las delicias de P.G. Woodhouse. En fin, Inci, a lo que iba, que me largo por las ramas. ¿Es Rajoy un tipo normal, sí o no? Déjame que te cuente que conozco al personaje desde hace tiempo, incluso antes de que el PP llegara al Gobierno en 1996. Mucho antes de eso –qué barbaridad, empiezo a asustarme del tiempo que ha pasado-, Mariano Rajoy y yo teníamos la costumbre, con una cierta regularidad, de acudir a comer a un lugar llamado La Tasca Suprema, donde deleitábamos la conversación con unas viandas de chuparse los dedos, y don Mariano culminaba con un puro como la nariz de Pinocho después de decir una docena de mentiras. No nos levantábamos de allí antes de las seis de la tarde, y todavía el puro andaba por la mitad. Claro que entonces todavía no había tenido este país la desgracia de pasar por la censura sanitaria de Elena Salgado.

Yo, la verdad, es que siempre le he visto como un tipo cercano, incluso próximo, muy buen tertuliano, gran conversador, llano, pero un poco chapado a ese estilo clasicorro de provincias, que lo más moderno que encontraba en el armario era un traje gris oscuro de Cortefiel. ¿Es eso ser normal? Puede, pero, francamente, alguien que deja un futuro labrado en el Registro de la Propiedad de Santa Pola, a la vera del Mediterráneo, llevándose unos duros de entonces y euros de ahora más que suficientes para que le consideraran en la cúspide de la pirámide de la renta per cápita, por un escaño en el Congreso de los Diputados, teniendo que aguantar las sandeces de todos y cada uno de los presidentes que han pasado por ahí, ¡que manda huevos!, sufre de una anormalidad realmente notoria. O sea, que puede ser normal, pero no tanto. O, dicho de otra manera, yo creo que Rajoy es un tío normal dentro de la anormalidad que padecen todos los que se dedican a ese noble ejercicio de la política, tan mal recompensado y tan poco merecedor del reconocimiento ajeno. Yo creo que la culpa de eso la tiene Maquiavelo, pero como ya no podemos darle una patada en el culo, habrá que conformarse con que de vez en cuando surja un Suárez que dignifique algo la política. Y todavía lo estamos buscando.

Yo, al menos. Dicho lo cual, querido Inci, hay una expresión de tu carta que me parece algo injusta, y es esa en la que afirmas que cuando el pelota de Núñez Feijoo dijo aquello de que ya era hora de que un gallego volviera a dirigir los destinos de España, te acordaste de Franco. Te digo, Inci, que es injusto, porque, conociendo como conozco al personaje, puedo asegurarte que entre el dictador y este hombre tranquilo y moderado de provincias media un abismo insalvable. Pero ese deje de una parte de la izquierda a seguir vinculando esta derecha moderna y liberal con el franquismo pesa, por desgracia, mucho todavía en buena perte de la conciencia colectiva, cuando lo cierto es que si en este país queda algún retal de franquismo sociológico, querido Inci, perdóname que te lo diga, se encuentra en ese estrato social necesitado de la compasión estatal, y que tradicionalmente vota a la izquierda porque la izquierda comparte con el franquismo ese mismo afán por querer controlarlo todo y tener a todos bajo su manto protector.

¡Ay, Inci! Ojalá que este señor normal hubiese llegado a ser presidente hace cuatro años, porque nos hubiéramos ahorrado muchos conflictos y más de una revancha innecesaria. Sí, bueno, vale, ya se que me dirás que si los obispos, y los curas, y las monjas y que si tal, y que si cual... Pero, Inci, querido, eso forma parte de la conciencia individual de cada uno... Deja que unos crean lo que quieran creer, y que se manifiesten y que digan que si la familia, y que si el divorcio, y que si el aborto... Eso forma parte de la libertad en la que, supuestamente, todos creemos y respetamos ¿no? Inci, querido, ¡luchemos por una sociedad abierta, libre, en la que todos puedan expresar sus opiniones y manifestar sus deseos! Eso sí, siempre dentro del respeto a los derechos esenciales. Verás, Inci... Si Rajoy gana, cosa que, francamente, está harto difícil, tendrás, seguramente, motivos de queja, como los tendré yo también, porque por muy normal que sea esté señor también se equivoca, o precisamente por eso, pero te aseguro que no serán los que te imaginas, porque si en algo cree este hombre a pies juntillas es en los derechos de las personas. Te lo digo yo, que le conozco de hace tiempo. Mucho.

Y tiene arrestos. Ahí donde le ves, así, un poco modosete, aparentemente distraido, tiene un par. Lo demostró el día aquel del helicóptero, es verdad, pero lo ha demostrado muchas otras veces a lo largo de esta legislatura en la que casi todo le ha ido a la contra, dentro y fuera de su partido, y si no fuera porque en su casa le espera Viri, su mujer, tan normal y tan tranquila como él, tan sensata, tan de nuestros días, y sus hijos a los que ya te digo que adora con locura, no se que hubiera sido de él, porque todo guerrero necesita un regazo en el que remansar sus heridas y aplacar las penas. Y a este hombre le han hecho tantos rotos, tantos sietes en su impecable traje de registrador de la propiedad de Santa Pola, que hoy se me asemeja tanto a Leónidas defendiendo las Termópilas que solo espero que no acabe como él mientras Jerjes-Rodríguez avanza sobre Esparta con su ejército de 12.000 soldados persas. Por cierto, ¿cómo acabó Jerjes?

Inci, querido, acabo ya que a mí no me dejan escribir tanto y Maria José y Nacho protestan porque se lo envío tarde. No te preocupes, en serio. Rajoy es un señor normal nada normal, porque nadie normal permite que le aticen hasta en el carné de identidad y sigue al pie del cañón defendiendo su causa como si le fuera la vida en ello. Eso es cosa de héroes, o de idiotas. Pero Rajoy cree en su causa, y aunque solo fuera por eso, darle la mano no sería un gesto de temeroso contagio, sino de, al menos, moderada admiración aunque no se comparta esa causa. Así que, Inci, permíteme que te tranquilice y te diga que puedes irte a dormir sin temor a tener más pesadillas porque si Rajoy gana las elecciones, será un presidente muy normal, porque hará cosas dirigidas a las personas normales, que son las que admiran a los poetas como tú. ¡Ah! Por cierto, y ya que estamos hablando de cosas normales, te diré que los Reyes –los Magos, no los otros- me han traído una Ovation electrificada y espero que para la próxima cena de Navidad nos preparemos un repertorio adecuado a la normalidad de la redacción de El Confi.

Un abrazo, siempre tuyo.

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