
Mathieu Amalric junto a Marie-Josée Croze.
Emocionarse sin casi parpadear
@María José S. Mayo - 01/02/2008
LA ESCAFANDRA Y LA MARIPOSA

Director: Julian Schnabel.
Guión: Ronald Harwood, basado en la obra de Jean-Dominique Bauby.
Fotografía: Janusz Kaminski.
Música: Paul Cantelon.
Intérpretes: Mathieu Amalric, Emmanuelle Seigner, Marie-Josée Croze, Jean-Pierre Cassel y Max Von Sydow, entre otros.
www.laescafandraylamariposa.es
En 1971 se estrenó una película que pronto se convertiría en una obra de culto: Johnny cogió su fusil, escrita y dirigida por Dalton Trumbo, el que fuera tan denostado por la 'Caza de brujas' de McCarthy. En ella un herido de guerra sin brazos ni piernas, privado del habla, de la vista y del oído nos introducía en sus mundo de recuerdos y de sensaciones tan sólo táctiles. Basándose en la historia real de Jean-Dominique Bauby - redactor jefe de la revista Elle que plasmó su experiencia en el libro que sirve de base a esta historia-, La escafandra y la mariposa se plantea el mismo cometido: tiene la osadía de plasmar lo que pasa por la mente de un enfermo condenado a estar encerrado en su cuerpo, en esta ocasión por culpa de una parálisis que sólo le deja mover su párpado izquierdo. El guiño de ese párpado será la clave para poder comunicarse -un parpadeo es sí, dos, no-, y junto a su oído, la única conexión con el mundo.
Lo que en un principio parecerían limitaciones a la hora de narrar la historia en imágenes, se convierte en una fuente inagotable de sensaciones y poesía. Al igual que la mariposa va poco a poco saliendo de su cascarón y abriendo sus alas para ir mostrando su belleza, la película va poco a poco dando a conocer sus virtudes partiendo de ese momento en el que Bauby abre los ojos y descubre su estado. Desde entonces, desde su debilidad, atrapa al espectador en su juego y no lo suelta. Lo vapulea con emoción, si bien en su drama no hay apertura de miras -esa cierta corrección política que nos invade-, y obliga al espectador a rendirse a su discurso sin posibilidad de escape.
Pero el juego visual le sale esta vez mejor al también pintor Julian Schnabel -de hecho fue premiado como Mejor Director en los Globos de Oro y aspira al Oscar-, que en las dos ocasiones anteriores en las que se puso tras la cámara no terminó de convencer por la poca coherencia narrativa de sus imágenes, que descubría a un director con buenas intenciones pero todavía en proceso de aprendizaje. Aquí demuestra estar a la altura y plasma con brillantez y un alto grado de seducción todo ese mundo onírico que vuela en la mente de Bauby mientras su cuerpo-escafandra le oprime. También logra un destacable trabajo de los actores. Mathieu Amalric afronta el difícil papel del protagonista, con poco lucimiento pero destacable en una de las mejores cosas que tiene la película, la relación con su padre interpretado por Max von Sydow, que con tan solo unos minutos de aparición se come la pantalla. Y, por su parte, Emmanuelle Seigner brilla como la esposa abandonada que coge las riendas del asunto, así como el resto de féminas que rodean al enfermo.
La escafandra y la mariposa encandila, seduce y emociona, pero también se lleva al espectador a su terreno a través de la indudable coartada emocional que posee y eso hace perder enteros a la historia. No obstante, es una de las experiencias cinematográficas más sugerentes de la temporada por su capacidad de sumergir al espectador en el mundo ilimitado de una mente que quiere volar a pesar de un cuerpo convertido, más que nunca, en lastre.
LO MEJOR: Las escenas con Max Von Sydow.
LO PEOR: Esa cierta manipulación del espectador a costa de la emoción fácil.
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