MIENTRAS TANTO
El honor perdido de Jean-Claude Trichet
@Carlos Sánchez - 25/01/2008
A Jean-Claude Trichet se le ve herido. Como una novia despechada. Y no es para menos. La estrategia monetaria del Banco Central Europeo ha chocado en los últimos días contra la cruda realidad que emerge desde los atribulados mercados financieros, subidos en un tobogán de imprevisibles consecuencias.
La enorme volatilidad que se ha instalado en las Bolsas -aunque con una clara tendencia de fondo a la baja- ha hecho pensar a muchos que la política monetaria del BCE debe ponerse al servicio de los mercados, pero Trichet ha resistido el pulso y ha dejado claro en el Parlamento Europeo que a los banqueros de Francfort les pagan el sueldo para luchar contra la inflación, no contra el desplome de las bolsas. De ahí su rebote contra quienes le acusan de no ser tan ‘sensible’ como la Reserva Federal a los problemas de la economía financiera. Y se lo dicen a él, que hace menos de medio año se dejó llevar por las amargas lágrimas de los mercados. Hasta el punto de que frenó en seco una subida de los tipos de interés que estaba algo más que cantada. Ni que decir tiene que el IPC no ha dejado de crecer desde entonces.
Los mercados, como se sabe, son niños malcriados que patalean si las cosas no les salen bien. Cuando eso ocurre, buscan desesperadamente que alguien les saque las castañas del fuego en forma de tipos de interés más reducidos. No es ningún secreto que los intermediarios financieros están educados en el monetarismo más primitivo heredado de la escuela de Chicago, pero cuando su negocio está de capa caída no dudan en abrazar el keynesianismo más ortodoxo, que pasa por poner la política monetaria al servicio del empleo y no sólo de la inflación. Este viejo debate que ha atravesado Europa en los últimos 60 años es el que se quieren cargar ahora de un plumazo los mercados financieros, convencidos de que la mejor y única medicina para atacar los problemas tiene dos pilares: tipos de interés más bajos e inyecciones de liquidez hasta que el cuerpo aguante.
Se descubre el pastel
En un primero momento, tras descubrirse el pastel de la ‘subprime’ el BCE cayó subyugado por el embriagador sonido de los mercados financieros, que con sus cantos de sirena venían a decir a Trichet que la única forma de acabar con las turbulencias financieras (sin duda un problema para cualquier economía) era poner la política monetaria al servicio de sus intereses. Los banqueros del eurosistema dieron alguna señal de que se resistirían a tamaño despropósito, pero finalmente se dejaron llevar por las lágrimas del desplome bursátil y de la falta de liquidez.
Dicho en términos más rudos, que diría Manuel Marín, el presidente del Congreso, el BCE se la tuvo que envainar en aras de no echar más leña al fuego.
Ahora las cosas han cambiado. El BCE parece dispuesto a aguantar el pulso a los mercados y ha dicho que lo preocupante es la inflación, y por añadidura el crecimiento económico, y no lo que suceda a los mercados financieros. ¡Bravo por Trichet y los suyos! Las cifras macroeconómicas ponen de relieve que lo que más inquieta a las grandes naciones europeas que tiran del carro (Francia y Alemania) es la inflación y no el ajuste de cuentas que periódicamente viven los mercados.
Un sólido patrón de crecimiento
Suele pasar desapercibido, pero no está de más recordar que la economía alemana -el primer exportador del mundo (por encima incluso de EEUU y China)- está creciendo en estos momentos (tercer trimestre) un 2,5%. Pues bien, la demanda externa contribuye a ese crecimiento con nada menos que dos puntos porcentuales. Quiere decir esto que lo importante para la Alemania es mantener su competitividad en los mercados internacionales, algo que a todas luces está comprometido por el hecho de que el IPC se situó en diciembre en términos anuales en el 2,8%, una tasa extraordinariamente alta para un país que vive del comercio exterior. El consumo privado alemán ni siquiera ha tirado de la economía cuando los tipos de interés estaban en niveles históricamente bajos (un 2%), lo que pone de manifiesto que la escasa propensión germana al consumo tiene más que ver con razones estructurales de carácter socio- cultural que con medidas de choque en términos de tipos de interés más bajos.
En España, ocurre lo contrario. La economía tira básicamente por la demanda interna, como pone de relieve que el PIB crezca un 3,8% y la demanda interna (consumo público, privado e inversiones) contribuya en nada menos que 4,4 puntos porcentuales al crecimiento económico. Es decir, que el sector exterior lejos de contribuir al aumento de la riqueza nacional (como en la mayoría de los países desarrollados) es un auténtico lastre. Por eso, precisamente, España suspira para que bajen los tipos, ya que -como el Reino Unido o EEUU- vive del consumo, no de la competencia exterior. Al contrario que Alemania, que necesita tipos de interés suficientes para combatir la inflación, su mayor enemigo.
Este ejemplo debe ser suficiente para justificar por qué el BCE debe hacer caso omiso a las presiones procedentes de los mercados financieros, cuyo único interés se esconde en la cuenta de resultados.
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Opiniones de los lectores (2)
2.
FernandoFF25/01/2008, 16:47 h.
Mientras que en España circula el 25 % de todos los billetes de 500 Euros y en Portugal jamás emitieron ese billete, es lógico pensar que hay un gasto adosado al dinero negro aún en poder de sectores que precisamente ahora dicen verse perjudicados por la llamada crisis de la ocnstrucción.
Lo que se necesita es más inspectores y penas más severas a los delincuentes que manipulan a su antojo la economía de mercado.
Seguro que muchos de los que circulan dinero en B también tienen trabajadores sin dar de alta.
¿Amigos de quienes son ?
1.
emilio25/01/2008, 10:55 h.
La inflación no se combate sólo a base de política monetaria. La gran masa monetaria en circulación que hay en Europa y, especialmente en España, no se soluciona exclusivamente encareciendo el dinero, porque gran parte de ella procede de la economía ilegal (fraude fiscal, economía sumergida,blanqueo, droga, prostitución etc.). La bajada de tipos de interés no sólo beneficia a los mercados, los especuladores bursátiles precisamente quieren que suban para que bajen las Bolsas y así ganar; llevan apostando a la baja en Warrants put etc. hace tiempo, sino que beneficia a muchas empresas que, en un momento clave de la globalización, precisan tomar posiciones, invertir en I+D+I etc. Aplicar miméticamente subida de tipos cuando repunta la inflación, sin análisis más rigurosos sobre sus causas, no deja de ser simplista. En este momento, lo principal es que no se dañe la economía por la crisis fianaciera. Una moderada bajada de tipos en Europa, acompañada de medidas legales para controlar la inflación incontrolada debido al fraude fiscal, economía sumergida etc. podría ayudar a no agravar más la situación.
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