212 grados Fahrenheit
@Nacho Gay - 22/01/2008

Sábado noche. Patucos. Bolsa de agua. Paracetamol. Frío. Mucho frío. Y el termómetro en el sobaco con el mercurio más revolucionado que el cuenta vueltas de un Ferrari. Acaba Informe Semanal y le deja a uno un regusto amargo. Han emitido sin duda reportajes mejores que los de esta noche. Les compro su radiografía de la nueva ETA, pero no su panfleto pro ZP acerca de la Alianza de Civilizaciones. El primero de los reportajes está realizado con un rollo profesional que marca estilo. Un buen estilo. El estilo que les caracteriza. Su capacidad para analizar la actualidad informativa resulta estimulante. Y su detallismo también. El segundo, sin embargo, me deja frío, muy a pesar de lo que dice el puñetero termómetro. En él hay algo de crítica: se califica a la Alianza de “difusa”. Pero sinceramente es lo menos que se puede decir de una utopía que merece un análisis más cañero. O simplemente más realista. Es lo que tienen las televisiones públicas. Lástima.
Acaba Informe Semanal y con él se acaba el mundo. Al menos el televisivo. La programación de un sábado por la noche invita al suicidio colectivo. Al empastillamiento total. A un encuentro tempranero con Morfeo. ¿Quién coño elige las películas que se programan los sábados? ¿José Manuel Parada?
Cine de barrio en todas las cadenas.
Menos en una. Una que se vende más barata que ninguna -ya saben lo caro que es el cine, por muy malo que sea-. La Noria, de Telecinco, había invitado al cocinero más dicharachero: Karlos Arguiñano. Buena gente, pero sin nada que contar. La lamentable entrevista que le realizan cuatro panolis, entre ellos Terelu, aburriría hasta a las piedras. Cada vez que habla la hijísima de La Campos, el termómetro de mi sobaco sube un grado. El mercurio no da para más. Se pasa por momentos a la escala Fahrenheit. Y alcanza los 212: mi punto de ebullición, como el del agua.
Qué interrogatorio más tonto. Qué gilipolleces, con perdón. Una pregunta me remató del todo, cuando ya me estaba evaporando. La hizo Terelu, claro; esa mujer florero con vocación de electricista -va de enchufe en enchufe-: “Karlos, ¿a quién o qué mandarías a tomar espárragos?” Tal juego de palabras, semejante pregunta a un cocinero, pedía a gritos que la audiencia se quitara el sombrero. Yo, lástima, no lo llevaba puesto en ese preciso instante. Aunque más tarde me vi en la obligación de levantarme a por él, justo en el momento en el que Jordi González, el presentador del evento, un tipo con más cara que espalda, después de habernos deleitado con ese programa tan guay, tan intelectual y molón, va y suelta: No entiendo por qué los críticos de televisión de este país suelen ser tipos a los que no les gusta la tele.
Yo tampoco, sinceramente. Que alguien nos lo explique. A los dos.
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Opiniones de los lectores (1)
1. pama22/01/2008, 10:30 h.
ere muy bueno estoy de acuerdo contigo en todo telecinco es una basura
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